Las Provincias

Los cómics para mujeres no existen

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Ana Oncina posa en la librería 'Generación X Puebla'. / Óscar Chamorro

  • Guionistas, dibujantes e ilustradoras huyen de la etiqueta femenina mientras señalan el desequilibrio de sexos dentro y fuera de las viñetas

Durante el Salón del Cómic de Barcelona (FICOMIC), el más importante en España, Conxita Herrero coloreó de rojo a toda la industria española del tebeo. «Me puse triste porque de unas 30 nominaciones sólo estábamos nominadas tres chicas. Me acordé de todas esas personas talentosísimas que conozco que dibujan cómic y entonces me di cuenta de que más del 50 % de esas personas eran chicas y vislumbré que ese 10 % que representábamos en FICOMIC era injustísimo», expuso desde el atril la candidata a autora revelación ('Gran Bola de Helado' -Apa Apa-) mientras los organizadores se esforzaban por no sonrojarse. «Conxita Herrero denuncia la poca presencia femenina en los Premios. Y recordamos que las nominaciones las hacen los profesionales del sector», justificaron luego en su cuenta oficial de Twitter del evento.

¿Estaba justificada la reclamación? «Es un problema complejo, pero en primer lugar la falta de autoras se debe a que tradicionalmente hemos consumido menos cómics, porque no nos hemos visto representadas, así que las que hemos seguido en esto es por que nos gustaba demasiado. El 'boom' de autoras surge en los ochenta, estamos hablando de algo muy reciente. A partir del nuevo siglo comienza una nueva cantera mucho mayor que va a dar pie a un mayor número de obras creadas por mujeres en la industria», explica Carla Berrocal ('El Brujo' -Edicions de Ponent-), promotora de 'Autoras de Cómic', un colectivo en busca de la igualdad de género en el mundo de la viñeta. «En ilustración sí que ha habido un alto de porcentaje de mujeres siempre. Pero es verdad que se cumplen 20 años la Asociación Profesional de Ilustradores de Valencia y cuando yo fui presidenta fui la única mujer candidata al puesto», añade la autora Cristina Durán ('Una posibilidad entre mil' -Sins Entido y Astiberri-).

«Cuando yo empecé a publicar había alguna que otra autora que publicaba como Lara Miralles, pero esto era un campo de nabos total. Recuerdo que, por ejemplo, empecé haciendo 'fanzines' (publicaciones alternativas hechas con pocos recursos y de tirada reducida) con un autora que ahora le va muy bien a nivel internacional y es una estrella: Emma Ríos ('Bella Muerte' -Astiberri-). Empezamos juntos en La Coruña y yo ya sabía en aquel entonces que ella iba a llegar lejos porque tenía mucho talento y ganas de comerse el mundo», recuerda David Rubín ('Beowulf' -Astiberri-), reconocido a uno y otro lado del Atlántico por sus novelas gráficas. «Ahora están surgiendo un montón de autoras más y cuantas más surjan mejor. A mí me parece que era necesario, que da una visión nueva y ¡qué coño!, es que es así. No sé por qué en general en todas las artes o si vas cualquier museo o revisas el cine los hombres somos los que estamos ahí siempre y prácticamente la mujer a nivel de dirección de cine y otras siempre ha sido más anecdótica que otra cosa», reclama el gallego.

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David Rubín posa en 'Generación X Puebla'. / Virginia Carrasco

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«Cuando yo entré había muchísimas mujeres, ciertamente había una presencia que mucha gente consideraba inusitada porque no se veía reflejada en las páginas de los cómics. Era una mujer dentro del engranaje empresarial, es decir muchas editoras. De hecho, desde un principio la mayoría de mis editoras eran mujer y eran unas tipas fantásticas. Todavía no hay esa paridad absoluta pero sí se ha notado muchísimo esa diferencia muy grande. Lo que pasa es que durante un tiempo han ido ocupando terrenos en función de determinadas posiciones. Creo que un principio se entró más como colorista o como guionista que como dibujante», comienza el veterano Carlos Pacheco ('Arrowsmith' -ECC Ediciones-), con cuatro décadas de experiencia en España y Estados Unidos. «En los últimos años está eclosionando la llegada de mujeres al dibujo, aunque siempre ha habido ejemplos desde los años sesenta. Probablemente se deba no a que el medio haya prohibido la entrada a la mujer, que no es la liga de fútbol. Probablemente, de una manera más sutil y enrevesada, se ha ofrecido un tipo de entretenimiento dirigido a crear fantasías para machos adolescentes. De hecho, los superhéroes no eran elementos sexualizados en los masculinos y sí estaban sexualizadas las chicas. Eso hacía que las chicas tuvieran poco interés en el cómic», sostiene el dibujante.

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El cambio es incontestable y aplastante. «Soy profesor en el Máster en la Facultad de Bellas Artes de Valencia y tengo un 75 % de alumnas. Me estoy dando cuenta de que las que más leen, las que más se interesan por la cultura están siendo ellas. Esto es un reflejo de que la cultura está pasando a manos de la mujeres, lo que a mí me alegra muchísimo. Veo mucha calidad y mucho interés en lo que están haciendo y eso tenía que salir por algún sitio. Y sale con la calidad y el talento que, por lo menos en Valencia, es espectacular», indica el autor Miguel Ángel Giner Bou ('La máquina de Efrén' -Ediciones Sins Entido y Astiberri-). Además, la progresión ha permitido que las nuevas generaciones puedan encontrar referentes en los lápices con mayor facilidad. «A nivel gráfico todos los años tengo algunas 'Sonia Pulido' ('La madeja' -Intermon Oxfam-), 'María Herreros' ('Todas putas' -Dibbuks-) y 'Ana Oncina' ('Croqueta y Empanadilla' -La Cúpula-). Hay unas tendencias y una edad de aprendizaje en que se han fijado en estas autoras que tienen una gráfica muy definida. Están en la fase de estar copiando pero durarán poco porque tiene entre 18 y 22 años y pronto tendrán su estilo. Pero yo a su edad copiaba a Moebius, es inevitable», añade el guionista, dibujante y profesor.

La puerta del manga

La influencia oriental coincide como la llave para la entrada de las mujeres dentro y fuera de España. «Siempre ha sido una puerta cerrada para las mujeres. Todas aquellas que se lanzaron a dibujar y a crear fueron verdaderas adelantadas a su tiempo y personas que rompieron moldes en su época. Con la llegada del aperturismo que supuso el manga, se abrió esa puerta y dio pie a un mayor interés por parte de las lectoras, ya que entre sus páginas existían un mayor número de personajes femeninos, lo que suponía una mayor cantidad de lectoras y, por tanto, autoras potenciales», adelanta Berrocal, quien además de dibujante ha sido impulsora de la exposición itinerante 'Presentes: Autoras de tebeo de ayer y hoy'.

Presentes: Autoras de tebeo de ayer y hoy from Autoras de Cómic on Vimeo.

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«Viene un poquito relacionado con mi generación o un poquito antes o después. Venimos un poco del manga, porque el cómic quizás antes estaba enfocado a otro tipo de público o llamaba la atención quizás menos al 'género' femenino. A partir del manga y de haber abierto el campo del cómic hemos descubierto que no es algo que sea que solo nos gusta leer sino que además nos gusta dibujar y poder dedicarnos a ello», reclama Ana Oncina. «Hay muchísimos referentes destacables. Con la recuperación de autoras como Nuria Pompeia o Rosa Galcerán seremos conscientes de nuestra propia historia. También es importante apoyar y promocionar obras como 'Bella Muerte' o 'Moon Girl y el dinosaurio diabólico' (Natacha Bustos -Panini Cómics-), que ayudan a crear referentes para las lectoras y futuras autoras», recuerda Carla Berrocal.

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«Yo sí noté una entrada muy fuerte con la llegada de Jim Lee (a Marvel). Es una teoría personal que no he visto contrastada, pero creo firmemente que siendo coreano y lector de manga empieza a meter elementos del manga en el mundo del superhéroe y uno de ellos es los chicos sexualizados. Las chicas del cómic si tenían ese elemento de 'sex apple', de atraer. Y los hombres eran mazacotes con músculos. Por primera vez sí tienen ese punto que podría tener el Crying Freeman original (Kazuo Koike)», sostiene Pacheco, dibujante de 'Superman' (DC) y 'Los Vengadores' (Marvel). «Hice hace unos años una serie con Paul Pope que se llama 'Aurora West' y fue mi primer trabajo para Estados Unidos. Para mí fue un soplo de aire fresco porque venía a hacer dos obras como 'El Héroe' (Astiberri) y 'Beowulf' con mucha testosterona, con personajes masculinos muy, muy potentes. Y de golpe y porrazo meterme a hacer dos novelas gráficas con un protagonista femenino, una chica de 15 años buscándose la vida, intentándolo con todos los problemas que tienen los adolescentes, pues para mí fue como abrir las ventanas en una habitación que llevaba largo tiempo cerrada. Además, vi que era necesario. Me di cuenta cuando salió el libro que venían un montón de chavalas a demandarlo, que venían un montón de niñas pequeñas; incluso chicas de 8 años, que parece que son las grandes olvidadas porque no se hacen tebeos para ellas y fue algo verdaderamente agradable el encontrarse con esa sangre nueva», reconoce David Rubín.

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En lo que sí coinciden las autoras es en detestar las campañas que se aprovechan de su sexo. El mensaje está claro y unificada: no existen los cómics de mujeres. «He venido muy feliz a este mundo y me he encontrado las etiquetas de 'haces cómics para mujeres o de mujeres' y no sales de ahí. Son ese se tipo de cosas que dices: '¡Eh!, un momento, ¡que eso no es así!'. Yo nunca me he planteado eso. Hablando de 'Croqueta y Empanadilla', por ejemplo, es un cómic cotidiano de parejas que podría estar dibujado tanto por un hombre o por una mujer, heterosexuales u homosexuales, porque no hay distinción en ese sentido. Cuando te quieren poner esas etiquetas te das cuenta de que todavía hay que dar un salto, cambiar muchas cosas», reclama Ana Oncina. Se puede ir un poco más allá: no existen las autoras de cómics. «Sí. Hay una falsa idea de lo que es ser autora. Creo que se trata de una cuestión de marketing. Se simplifica el concepto de autoría y femenino en pos de etiquetas que favorecen la venta de mercancía, titulares fáciles y seguidores en redes sociales. Es una forma de destruirnos, ya que no engloba la heterogeneidad de las autoras ni su riqueza, (que al final es exactamente igual de compleja que la de los autores) y esto acaba por favorecer los estereotipos de género y la desigualdad», incide Carla Berrocal. «Yo creo que pasa cada vez menos. Nos ha pasado con alguna editorial que quería hacer un recopilatorio femenino, algo así como 'ilustración desde un punto de vista femenino'. Estamos empezando a decir que no a eso. Hicimos en 'Enjambre' (Norma Editorial) un proyecto nuestro que era un encuentro planteado por nosotras de autoras, que no cuando viene el editor y dice algo de la mirada femenina o no se qué», añade Cristina Durán.

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«Es curioso porque yo tengo la mirada más femenina que Cristina», completa Giner Bou sobre los trabajos en colaboración con su pareja ('Una posibilidad entre mil', 'La máquina de Efrén'). «Todas mis historias, las de ficción, son protagonistas mujeres y por casualidad, también porque me siento más a gusto, las están dibujando mujeres. Por eso nos hace gracia esos puntos de vista tan absurdos, tan de etiquetas y tan de dividir», añade el guionista. «Crecieron como adolescentes leyendo cómics y como profesionales consideran que en el cómic debe haber un sitio para ellas de la manera que quieran. El género no implica que exista un cómic femenino, sino hecho por mujeres. Es que es completamente distinta la autora que se dedica al mundo 'mainstream' a la autora que se dedica a la novela gráfica», secunda Carlos Pacheco. «Cada vez hay también más, pero siguen siendo una minoría. Yo creo que lo que hay que hacer es que llegue un momento es que no me tengas que hacer esta pregunta porque simplemente sea lo normal. Creo que en el cómic estamos prácticamente llegando a ese punto porque a día de hoy ya no llama la atención que alguien haga un tebeo y llame la atención simplemente por ser mujer. Llaman la atención por si hacen su trabajo bien o no, que es lo que cuenta al fin y al cabo», defiende un tercer autor varón: David Rubín.

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La situación reproduce un patrón que únicamente es diferente en el Extremo Oriente. «Una de las cosas más importantes de la producción de cómics en Japón es que una de las pocas carreras autónomas que pueden tener las mujeres. Japón tiene muchas, muchas, autoras de cómics que escriben tanto para hombres como para mujeres, tanto para jóvenes como para adultos. En cambio, en Estados Unidos y Gran Bretaña son de lejos una minoría, no son las que están leyendo cómics de superhéroes y la mayor parte no están dibujando los X-Men», expuso en la BBC la doctora Casey Brienza, socióloga en la universidad de Londres, cuya tesis versó acerca de la industria del manga en Estados Unidos. «La participación en la industria del cómic es escasa en todas partes. En Francia los datos eran tremebundos, en EE UU tenemos contactos y pasa exactamente lo mismo. Vivimos en un mundo globalizado, efectivamente, y esto demuestra el alcance de este problema, es universal», señala Carla Berrocal. «Yo no era muy consciente; hasta que te enfrentas un poco con tu vida profesional y te metes en este mundo. Mi experiencia salarial no es diferente entre hombre y mujer, pero en otros campos sí que los hay. Creo que queda mucho por luchar y hay que hacer un cambio muy grande aún en general. Salarialmente no hay esa diferencia pero en otros temas sí, como por ejemplo cuando vas a dar una charla y es sobre 'el cómic y la mujer' como que es algo especial, o charlas de cómics de mujeres para mujeres. ¡Pero bueno!, que estoy aquí con Natacha Bustos, que trabaja para Marvel, y con otras tías que hacemos cosas completamente diferentes», resume Ana Oncina.

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¿Cambiará la situación? El ejemplo de FICOMIC ha sido paradigmático. «A pesar del cambio de paradigma, el número de obras sigue siendo reducido. Es indispensable contar con el apoyo de todos los sectores de la industria para que contemos cada vez con más referentes, lectoras y autoras. Los editores tienen que intentar que al menos el 50 % de sus obras sean de autoras, darnos más presencia en los Salones y, sobre todo, solidarizándose con nuestra problemáticas y apoyándonos, que en España somos mucho de solidarizarnos con lo de fuera, pero no con nuestros propios problemas. Nosotras solas no podemos. Si los críticos, divulgadores y organizadores de ferias se involucraran, todo sería muchísimo más fácil. Los compañeros deben darse cuenta de su situación de privilegio y solidarizarse con nosotras. Es indispensable», reclama Carla Berrocal.

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Hay autoras de cómics lejos de la promoción simplista. Y hay referentes más allá del inexistente género del 'cómic para mujeres', aunque se quieran ocultar y obstaculicen la llegada de lectoras. «Es más difícil porque si te fijas, en las películas de superhéroes todavía los personajes son mayoritariamente hombres, lo que se traduce en público mayor de niños de niñas. Si te acuerdas, hace unos meses, con el lanzamiento de 'Star Wars' o 'Los Guardianes de la Galaxia', los fabricantes ni siquiera contemplaron la posibilidad de crear figuritas de los personajes femeninos. Después de una protesta masiva, se decidió fabricarlos. Este detalle te puede hacer una idea general: no somos un público potencial de ese tipo de historias. A mí me parece que en este sentido aún hay trabajo por hacer», finaliza Carla Berrocal.

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