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Mendoza 'quijotea' en Alcalá a la sombra de Cervantes

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Los Reyes, Eduardo Mendoza y representantes políticos en la Universidad de Alcalá de Henares. / Óscar Chamorro

  • Un lector tardío del Quijote rendido a su encanto "contra mi voluntad" recibe de manos del Rey el premio mayor de las letras hispanas

  • "Soy el que siempre he sido, Eduardo Mendoza, de profesión sus labores", se presenta irónico

Eduardo Mendoza ‘quijoteó’ con ironía, sabiduría y mucho humor en Alcalá de Henares. En la cuna del padre de la novela, en el día grande de las letras hispanas, el último ganador del Premio Cervantes ha demostrado cómo pertenece por derecho a la estirpe del creador del ingenioso hidalgo de la Mancha. "Contento y muy honrado" ha llegado "disfrazado" con el preceptivo chaqué y derrochando la misma ironía que destila su obra. "A partir de ahora lo llevaré siempre. El vestuario tiene un sentido. Me gusta disfrazarme porque tengo espíritu teatrero", ha saludado el galardonado.

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"Aún no sé cómo reaccionar. Me gustaría olvidarlo y que hubiera pasado todo ya. Pero es una cosa bonita y buena", ha dicho antes de la ceremonia. "He venido con parte de la familia para que me respalde y con la clac para que me aplauda, pero ya se sabe que la familia es para para que te critiquie", señala el escritor.

Mendoza ha recibido del manos del Rey el diploma y la medalla que le acreditan como el ganador número 43 del Premio Cervantes. Fue en la solemne ceremonia celebrada como cada año en el centenario Paraninfo d la universidad de Alcalá. Un acto al que no ha asistido Mariano Rajoy, que delegó en su vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría.

En una "lección que no es magistral" plagada de citas cervantinas y pleno del humor, este ‘gentleman’ barcelonés que es Eduardo Mendoza desgranó su relación con un libro que leyó "por obligación" en su "adolescencia". Su discurso fue una reivindicación del humor como un genero mayor "que ha dado nombres ilustres a las literatura española".

Es Mendoza hoy un "asiduo lector de El quijote" que leyó forzado en los años "de incienso y plomo" y que cayó rendido a su encanto "casi contra mi voluntad". Lo leyó "de cabo a rabo" una década más tarde cuando era un joven "ignorante, inexperto y pretencioso". No fue hasta la tercera lectura cuando admiró "el humor que preside las novela". Un humor más profundo "que reclama la complicidad entre el autor y el lector". También que en ese humor estaba "las esencias de lo que hoy denominados novela moderna".

Se declaró "enemigo de la vanidad" que es "una forma de llegar a necio dando un rodeo" y de la que Mendoza cree haberse librado gracias a la literatura. Recogió su premio con "profunda gratitud y alegría" y declarando ser "el que siempre he sido. Eduardo Mendoza, de profesión sus labores".

El Rey le define como «trabajador del lenguaje»

El Rey repasó la trayectoria de "un trabajador del lenguaje" como intérprete , traductor y escritor. Destacó el monarca el "talento y la excelencia que caracterizan la obra de un verdadero artesano del lenguaje" que se define como "un relojero de las frases", ha recordado.

Agradeció Don Felipe la "convivencia natural" del catalán y el castellano en su obra y comparó el humor de Mendoza con el de Cervantes. "Su influencia puede apreciarse claramente en la narrativa e Mendoza cuyos personajes concitan asimismo sentimiento de hilaridad y compasión", dijo don Felipe.

El Ministro de Cultura, Íñigo Méndez de Vigo, glosó la vida y la obra y la trayectoria del galardonado y detectó también como "la sombra de Miguel de Cervantes está presente en toda su obra". Alabó su capacidad para moverse en diferentes registros y su utilización del Humor "cumbre de toda inteligencia literaria"

Mendoza se embolsó con el Cervantes sus 125.000 euros de dotación y certificó el lugar de privilegio que con sus 74 años le señala como un clásico vivo de la narrativa española.

En su fallo el jurado situó a Mendoza "en la estela de la mejor tradición cervantina" y le señalaba como poseedor de "una lengua literaria llena de sutilezas e ironía". El Nobel de las letras hispanas consagró como un grande a un caballero de las letras que se tiene "por un escritor residual" y cuyo sueño es reencarnarse en Dickens. No en vano, fijó su residencia en la capital inglesa hace años, trasmutándose en ‘gentleman’ y manteniéndose al margen del ruido mediático y el veneno de los elogios, el éxito y la popularidad.

Narrador de múltiples registros y proyección internacional, como su maestro y hermano Cervantes, ha hecho Mendoza del humor y la sátira una de sus más poderosas armas narrativas. Admirador también de Baroja, sostiene que "el humor tiene mucho que ver con el lenguaje del desencanto". Un genio del humor y un portentoso cronista de la Barcelona de principios del siglo XX y de la contemporánea que ha descrito en sus novelas más cáusticas el cambio de piel de su ciudad, de la era preolímpica a la del pelotazo, el ‘disseny’ y la corrupción.

Quince novelas y cuatro ensayos

Autor de hitos de nuestra narrativa, en la bibliografía de Mendoza figuran quince novelas, dos libros de relatos, dos obras de teatro y cuatro ensayos. Nacido en Barcelona el 11 de enero de 1943, tras licenciarse en Derecho en su ciudad natal, residió un año en Londres y obtuvo plaza de traductor para la ONU en Nueva York, donde vivió entre 1973 y 1982. Fue galardonado con el Cervantes por inaugurar en 1975 una "nueva etapa en la narrativa española" devolviendo al lector "el goce por el relato", según destacó el jurado de este "novelista puro".

Aquel año inició Mendoza su andadura literaria con ‘La verdad sobre el caso Savolta’, Premio de la Crítica al que siguieron las satíricas novelas ‘El misterio de la cripta embrujada’ (1979) y ‘El laberinto de las aceitunas’ (1982) y la muy ambiciosa ‘La Ciudad de los Prodigios’ (1986). Entre sus últimas obras se encuentran ‘El enredo de la bolsa o la vida’ (2012) y ‘El secreto de la modelo extraviada’ (2015).

Mendoza ha recibido otros galardones como el Premio al Mejor Libro Extranjero de Francia, el Ciudad de Barcelona, el Libro del Año de los libreros de Madrid, el de Novela de la Fundación José Manuel Lara, el Terenci Moix, el Planeta de 2010 y el de la Generalitat de Cataluña de 2013.

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