Las Provincias

Las 'personas-personajes'

  • En esta novela, Elvira Navarro recrea los últimos días de la autora de 'El Sur', la obra que Víctor Erice llevó al cine en 1983

En principio, el género novelesco tiene en el terreno de la ficción unos límites convencionales que no deben desdeñarse porque son los que protegen al propio escritor. Si 'Lolita' no fuera una ficción sino un ensayo o una confesión autobiográfica, Nabokov habría acabado probablemente entre rejas porque estos dos últimos géneros remiten a la realidad y no es de recibo fantasear sobre las relaciones con una menor fuera de una trama imaginaria. Hay novelas, sin embargo, que transgreden esos límites: la novela histórica, la biográfica y la autobiográfica, la novela-reportaje, la testimonial. En ellas, el autor puede curarse en salud alegando que «ninguno de los hechos que aquí se narran tienen que ver con la realidad», o sea remitiéndose de nuevo al mundo de lo ficticio. Y hay un tercer camino que consiste en hacer premeditadamente ficción con seres reales, conocidos y reconocibles. En este caso, será la propia naturaleza del libro la que justifique o desautorice la empresa. En 'Karnaval' (2012), el escritor español Juan Francisco Ferré tomaba como protagonista a Dominique Strauss-Khan para hacerle sufrir una grotesca metamorfosis que lo llevaba a liderar a los Indignados del 15-M.

Resulta obvio que el caso de 'Los últimos días de Adelaida García Morales', el relato que acaba de publicar Elvira Navarro y que llega rodeado de una penosa polémica, es bien diferente al del 'Karnaval' de Ferré. Aquí no cabe la clave humorística pues la persona elegida para protagonizarlo es una escritora que alcanzó un extraordinario éxito a mediados de la década de los 80 -es la autora de 'El Sur', que Víctor Erice llevó al cine- y que luego caería en el olvido. Para cuando murió, el 22 de septiembre de 2014, hacía años que había dejado de ser un personaje público, de lo cual da fe el mismo hecho real que sirve de detonante de la acción novelesca: poco antes de su muerte, la escritora se presenta en el despacho de la concejala de Cultura de la localidad sevillana de Dos Hermanas, en la cual vivía sola desde hace años, para pedir 50 euros con el fin de visitar a su hijo en Madrid.

El libro de Navarro se abre con esa patética escena en la que comparece una edil municipal que «hace años que apenas lee» y que no es capaz de retener el nombre de la mujer que tiene delante. El plano narrativo, en el que a ésta se le niega la ayuda que pide y en el que quien toma, curiosamente, protagonismo es la propia concejala con sus idas y venidas marcadas por la mala conciencia que le despertará la noticia del fallecimiento de la escritora, se irá alternando en el relato con el plano en el que la realizadora de un documental entrevista a tres personas, dos mujeres y un hombre, que conocieron a García Morales y de la que sólo aciertan a comentar vaguedades que no toman en ningún momento encarnadura ni periodística ni literaria como para sumergir al lector en una verdadera historia sino más bien para desconcertarlo a lo largo de un texto de 82 páginas al que siguen un breve epílogo, en el que se nos brindan los datos que la directora del documental ha recabado en internet.