Las Provincias

La memoria es para los valientes

Un momento de la representación de 'Como si el fuego no fuera contigo'. ::
Un momento de la representación de 'Como si el fuego no fuera contigo'. :: / LP
  • La Sala Ultramar acoge 'Como si el fuego no fuera contigo', de Mafalda Bellido

  • La obra es una historia familiar llena de ternura y hondura. Funde espacios fronterizos, con influencias de Sanchis Sinisterra y Paco Zarzoso

valencia. Mafalda Bellido es un alma de teatro capaz de desenvolverse en cualquier faceta técnica o interpretativa, algo que es habitual en la escena valenciana desde los años noventa. Con su texto 'Como si el fuego no fuera contigo' obtuvo el premio a la autoría de la sala Ultramar este año; un galardón merecido seguramente a juzgar por el resultado de la puesta en escena estrenada en este mismo espacio.

La obra es una historia familiar llena de ternura y hondura. Alternan en conjunción lo poético y lo antipoético, la realidad y la fantasía, lo lógico y lo absurdo, la seriedad y el humor, el gesto y la palabra, lo temporal y lo intemporal, la reflexión profunda y la simple, y lo verosímil y lo inverosímil. Funde espacios fronterizos, con influencias de Sanchis Sinisterra y Paco Zarzoso, hasta provocar sensaciones gratas que el espectador creerá haber vivido al finalizar.

Siendo importante el argumento, los personajes son el centro del trabajo. Desde el imponente comienzo con la aparición del Teniente (magnífico el veterano Juan Mandli) comandando imaginariamente la línea del ejército republicano que en la comarca valenciana de los Serranos ha de impedir el avance de las tropas nacionales hacia la capital, después de haberse producido un incendio que ha arrasado la finca familiar, claramente el ocurrido en 2012, tras otro anterior de hace veinte años.

Luego aparecen sus hijas Belchi (impresionante Begoña Tena), y Lídice (muy eficaz Amparo Oltra). La primera se dedica a la política y está acompañada por el lunático asesor Fontán (estupendo José Zamit en un papel muy distinto a los que le hemos visto) y la segunda trabaja en las brigadas de incendios. Sus diálogos abren el mundo familiar de quienes viven y de quienes han fallecido, la madre y la hermana Nica. El incendio ha avivado los fuegos escondidos y poco a poco se irá descubriendo lo ocurrido, hasta llegar a un desenlace bello, poético, donde realidad e imaginación se funden para atacar esas heridas profundas de unos personajes abrumados por las consecuencias de la catástrofe.

A la credibilidad del montaje ayuda el ambiente diseñado por la escenografía de Damián Gonçalves, que cuestiona lo figurativo y dibuja con lo visual las sensaciones a tierra quemada y a corrosión añeja. Las continuas entradas y salidas de actores, matizadas por la iluminación subjetiva, dan viveza a un ritmo hipnotizador a caballo entre lo trepidante y lo moroso.

Un texto magnífico imposible de resolver sin una dirección como la de Bellido, atenta a los detalles aparentemente insignificantes y al equilibrio de las alteraciones de tono súbitas para evitar la estridencia. Y tampoco sin unos actores solventes, capaces de modificar los registros interpretativos sin que el personaje pierda sus características básicas. Los detalles sorprendentes son continuos. Los hay humorísticos como el ofrecimiento de las almendras, los versos que compone Fontán en su libreta, los nombres de los personajes y sus salidas a la búsqueda unos de otros. Otros son dramáticos como la evocación de Belchi en los columpios. Y también hallamos algunos irónicamente evocativos, como la melódica canción de Nikka Costa, «On my own», opuesta al sonido aterrador de las bombas.

Un juego valiente sobre la memoria que hilvana cielos con retales para crear un mundo dramático con sutileza, audacia y un perspicaz sentido de la unión de lo real y lo irreal. Imprescindible.