Las Provincias

Bertrand Tavernier, a su llegada a San Sebastián. :: josé mari lópez
Bertrand Tavernier, a su llegada a San Sebastián. :: josé mari lópez

Tavernier contra Google

  • El más cinéfilo de los realizadores galos arremete contra «el pillaje» de los gigantes de Internet

Bertrand Tavernier se siente a gusto en San Sebastián. Títulos como 'Hoy empieza todo' o 'Capitán Conan' han recibido premios en el Zinemaldia, que le dedicó una retrospectiva en 1999, año en el que fue presidente del jurado. El más cinéfilo de los directores franceses viene esta vez como autor y protagonista de 'Las películas de mi vida', un documental en el que repasa la obra de directores que le han marcado, de Becker a Carné, de Truffaut a Godard.

Un hermoso filme autobiográfico, abrumador por su sapiencia, que se estrenará en los cines a principios del próximo año y que su autor arranca en los jardines de la casa familiar en Lyon, donde nació hace 75 años. Tavernier compara la alegría de la liberación después de la II Guerra Mundial con el sentimiento que experimentó la primera vez que se abrieron las cortinas de una sala de cine. «No es una comparación atrevida. El cine para mí también fue una liberación, un descubrimiento, una escuela. Me abrió los ojos a mundos y culturas muy diferentes. En las películas que me marcaron encontraba el mismo sentimiento de libertad que tuve cuando Lyon fue liberada».

El cine, cuenta el autor de 'Un domingo en el campo', le salvó de su mala salud. «Compensó mis debilidades físicas y me permitió soñar e imaginar. Gracias a él soporté el dolor que sentía de joven. Si no hubiera existido creo que no habría hecho nada con mi vida». Confiesa que fue un niño malnutrido y con secuelas físicas de aquello. «Tengo un problema en el ojo. El cine fue la manera de superar todas mis enormes carencias. He rodado películas muy físicas: con grandes decorados, en África, en Luisiana o lo alto de una montaña. Y cuando era pequeño no podía correr, sufría vértigos y me ahogaba. Sí, el cine me transformó».

Tavernier defiende el cine en pantalla grande. Como su amigo Quentin Tarantino, con quien estuvo hace poco viendo 'Petulia' -«una obra maestra»- en la sala que el autor de 'Pulp Fiction' ha abierto en Los Ángeles. «He visto unas cuantas películas allí. Me parece formidable que un director tenga una sala de cine y decida proyectar las películas de su colección en 35 milímetros. La programación es muy de Tarantino: filmes extraordinarios y cosas malísimas y extravagantes».

Sin embargo, Bertrand Tavernier no se regodea en la nostalgia del cinéfilo y lleva muchos años alistado en el grupo de intelectuales europeos enfrentados a la hegemonía yanqui en la industria del entretenimiento. «Muchos directores franceses combatimos para proteger la creación en una Europa que, de momento, da prioridad a la evasión fiscal que permite a todos los grandes grupos americanos que no paguen impuestos», denuncia airado. El mayor golpe asestado al cine procede, según el realizador, de este «pillaje organizado de los gigantes estadounidenses -Google, Amazon...- que practican el 'dumping' fiscal». -

¿Confía en Europa?

No. Se hicieron cosas en el momento del GATT (Acuerdo de aranceles y comercio). Pero el señor Barroso ha sido catastrófico. El encargado de defender Europa va a ser empleado de Goldman Sachs... que ha destruido Europa. Su historia es un acto abominable. Es difícil tener esperanza cuando el presidente de la Comisión es el hombre que ha organizado el 'dumping' fiscal. Desgraciadamente, no hay ningún jefe de Estado con un discurso fuerte sobre Europa, con utopía, como podían tener Kohl, Miterrand o Giscard d'Estaing. Ahora tenemos enanos políticos, incapaces de hablar, solo tuitean. Enanos tuiteando».

Tavernier ha rodado 'Las películas de mi vida' «para combatir la ignorancia». Abomina de los directivos de las televisiones públicas «que deciden que no hay que poner películas en blanco y negro porque a los jóvenes no les gustan, cuando esa es una de las funciones de la televisión pública». «Como a los jóvenes no les gusta leer, no vamos a darles un libro, ni a llevarles a los museos. Y como solo saben comer en McDonalds, acabemos con toda la comida francesa».

En España siempre se contempla con envidia el cine galo, una industria millonaria en ayudas, público y taquilla. Su buena marcha debe mucho a la protección del Estado, pero también al esfuerzo organizativo de los cineastas. «Es un sistema que también beneficia al cine europeo, porque hay muchos directores extranjeros que ruedan gracias al cine francés. Almodóvar, por ejemplo». El manchego es el único que acude a la llamada de sus colegas de París cuando toca defender los intereses comunes. «Nos gustaría que hubiera más voluntarios», admite Tavernier.

¿Sabe que en España hay una animadversión de parte de la población contra el cine español porque se posicionó políticamente?

Pues si es así se equivocan. Los cineastas franceses también se han comprometido en la vida política. Gracias a nosotros fracasó el Acuerdo Multinacional de Inversión. Nosotros les mostramos a los políticos que si lo firmábamos dábamos las llaves de un país a las multinacionales. También gracias a nosotros se combatieron las leyes contra la inmigración y cayó el Gobierno de Chirac.

Y los franceses no dejaron de ir a ver cine francés...

Al contrario. Yo formo parte de la vida pública, voto y mis películas están condicionadas por el contexto económico de mi país. Y tengo derecho a expresarme sobre ello.