Las Provincias

¿En serio que España iba a cambiar?

  • La reflexión sobre la izquierda lleva la mente del espectador al análisis crítico político en un recorrido generacional por nuestro país

  • El telón del teatro Talía se abre a una temporada que comienza con el reciente premio Max valenciano Víctor Sánchez

valencia. El valenciano Víctor Sánchez Rodríguez (1985), premio Max al mejor texto revelación de este año por 'Nosotros no nos mataremos con pistolas', vuelve al Talía con 'A España no la va a conocer ni la madre que la parió', escrita junto a Lucía Carballal.

Lo mejor es el texto, muy bien construido. Su título rescata una conocida frase de Alfonso Guerra tras la victoria electoral del PSOE en 1982 y alude a su contenido: una reflexión sobre la izquierda española, su fracaso y sus contradicciones, tomando lo grave de forma desenfadada y exponiendo ideas sin dogmatismos e insertando vidas de una familia común en nuestra Historia reciente.

En la anterior obra, Sánchez pensó el presente de su generación. Aquí disecciona el pasado y el futuro con una familia obrera, padres e hijos, en dos partes simétricas (tanta simetría deja demasiado largos los diálogos iniciales de la segunda): la primera con la llegada al poder de Felipe González en 1982 y la segunda con la victoria de un nuevo partido en 2018. En el centro hay un personaje ausente, la abuela Amparo, vieja militante comunista representativa de la lucha igualitaria. Los padres se reúnen para determinar su destino y los hijos el de su casa, símbolo de tantas luchas. Los dos actos están unidos por una transición sublime para cambiar de época con imágenes de acontecimientos ocurridos mientras los actores alteran el escenario.

La puesta en escena sencilla y acorde a los dos momentos convence gracias a las interpretaciones, complejas al tener que doblar los personajes de padres e hijos. Silvia Valero vuelve a maravillar como 'colgada'. Convencen el sobrio Carlos Amador, la firme Lara Salvador, la dulce parlanchina Lorena López y un magistral Bruno Tamarit que desde su silencio levanta al público en el monólogo final. Los personajes no son tipos sino distintas ideas y costumbres de los años ochenta y los actuales. Siempre con el humor presente, cuyo mejor ejemplo son las réplicas absurdas que esquivan lo grotesco, bajo una dirección eficaz y ajustada a los significados del texto. El trabajo global provoca sonrisas, ternura, simpatía y reflexión.

La reflexión sobre la izquierda abre la mente del espectador al análisis crítico político. Las ideas se tratan de forma abierta y actual. El objetivo es entender lo ocurrido porque, como exclama Maru, 'lo que ha pasado en este país no lo comprende nadie, y quien diga que sí, miente'. El materialismo de Lara y su deseo de ser clase media o los sueños imposibles de Carlos son ejemplos del fracaso de la utopía izquierdista. El posibilismo de la transición derivó en desencanto y los obreros no fueron al paraíso. Pero no se puede ser escéptico ni abandonarse a tópicos conservadores: qué sería de nosotros sin aquellos luchadores de la generación de la abuela.

Gozarán tanto como en 'Nosotros no nos mataremos con pistolas' con este recorrido generacional por nuestra España que supone la consolidación de los autores. Difícil lo tienen para superar este trabajo. Gracias, Talía.