José Sacristán: «Sin cultura no existimos, vegetamos»

El actor madrileño José Sacristán. / efe

El actor, que estrena 'Muñeca de porcelana' el miércoles en Valencia, lamenta que en Cataluña «la razón ha sido desplazada por actos de fe en forma de banderas»

Carmen Velasco
CARMEN VELASCOValencia

«Acabo de cumplir 80 años y aquí sigo». José Sacristán (Chinchón, 1937) es uno de los grandes actores del país. Cada miércoles aparece en la pequeña pantalla en 'Tiempo de guerras' (Antena 3), pero el próximo 4 de octubre estrenará 'Muñeca de porcelana', con texto de David Mamet (Chicago, 1947), en el teatro Olympia. Tiene numerosos recuerdos y un buen puñado de nombres propios vinculados a Valencia. Uno de ellos es el de José María Morera (Valencia, 1934 - Ondara, 2017), director teatral y gestor cultural, que falleció el pasado 28 de agosto. «Fue el hombre que cambió mi carrera al darme el papel en 'La pulga en la oreja', que se estrenó en el teatro Beatriz de Madrid en 1965 y luego en el Maravillas. Le estoy profundamente agradecido. Como amigo era formidable».

-En 'Muñeca de porcelana', encarna a un millonario sin escrúpulos, con intención de jubilarse y de dedicar el resto de su vida a disfrutar de los negocios nadando en la abundancia. No sé si es el personaje más alejado de su cotidianidad...

-Muy cerca de mi actitud moral desde luego no está. Es un tipo como todos los que construye David Mamet perfectamente reconocible y que abunda muchísimo. El personaje, como actor, es una gozada, pero también es un ejercicio formidable, como ciudadano, contar las peripecias del millonario a modo de denuncia.

«El valenciano José María Morera cambió mi carrera con el papel en 'La pulga en la oreja' en 1965» «Si tuviera las mismas ganas que cuando empecé sería un enfermo, son otras pero no menores»

-En esta obra, el dramaturgo americano realiza una colonoscopia al poder político y económico. ¿Qué influencia tiene el escenario para desnudar la realidad corrupta, delictiva, obscena?

-Ojalá tuviera más poder, pero me conformo si la obra tiene utilidad para el espectador. Es una reflexión sobre la realidad pero el teatro no cambia la historia sino que la transforman el dinero, los cañones y los hechiceros de la tribu.

-En el papel de despertar conciencias ¿qué ha fallado?

-Nosotros como ciudadanos. La corrupción tiene un abanico de posibilidades espectacular, lo vemos todo los días en los telediarios. De alguna u otra forma los corruptos no han venido en naves espaciales, si no de la sociedad civil e incluso los votamos, jaleamos y aplaudimos. Culpables de esta situación hay muchos, lo difícil es encontrar inocentes. Todos y cada uno de nosotros debemos mirar para adentro, porque estas cosas pasan por acción o por omisión.

-¿La política lo intoxica todo?

-No es la política, somos los ciudadanos. Mira a Cataluña. Es la demostración de los que hablan de la unidad de la patria y los que hablan de liberar a la patria. Unos y otros se empeñan en no conocer o no tener en cuenta a los demás. ¿Quién alimenta estos movimientos fáciles de armar? Es importante matizar y atender demandas lógicas de modo más civilizado, más allá de eslóganes y de patrias divididas. Estoy convencido que dentro los que defienden la unidad hay personas con voluntad de negociar y dentro de los independentistas seguro que figuran ciudadanos que no quieren hablar de la independencia. Ojalá vayamos sentando la cabeza.

-¿Reconoce el presente cuando se habla de banderas, patria y territorio?

-Está ahí y asumo las consecuencias. No me produce asombro, pero me hubiera gustado que en Cataluña la razón no hubiera sido desplazada por actos de fe en forma de banderas y patria. Me gustaría que se escucharan voces más sensatas, como la de mi admiradísimo Joan Manuel Serrat con el que estoy completamente de acuerdo.

-Las palabras de Serrat han sido duramente criticadas...

-Sí, también se han quemado libros de Juan Marsé. Los jóvenes de la CUP no son quienes para enseñar democracia y defensa de las libertades. Eso es puro fascismo.

-«La política consiste en nadar entre la mierda mientras buscas el dinero de otro». Es una de las frases de la obra. ¿La realidad supera la ficción?

-El ejercicio de la política incluye a gente que piensa así, pero sin duda hay políticos honestos. Yo los he conocido.

-«El mundo está lleno de gilipollas y muchos de ellos con derecho a voto». Las urnas no garantiza el gobierno de los mejores...

-Elegimos a los que se postulan, pero es el juego de la democracia. Mira a EE UU, donde 60 millones de personas han elegido a un ser siniestro a un mequetrefe. Todos los votantes de Trump no son unos hijos de puta millonarios, hay de todo. Se supone que la sociedad ha de corregir errores para ser mejor y algo mejoramos, por ejemplo, España salió del Franquismo.

-Si como dice su personaje en 'Muñeca de porcelana', «el dinero es protección», ¿qué es la cultura?

-La cultura es vida. Sin cultura no existimos, vegetamos. Es imprescindible. Lo jodido es que para acceder a la cultura hay que tener dinero, algo que sucede desde que el mundo es mundo.

-¿Qué significa ser actor en España?

-Yo no me puedo quejar, sería un miserable si lo hiciera. Yo aprendí de Fernando Fernán Gómez que para ser actor hay que ajustarse a unas reglas del juego y mientras no se sea gilipollas uno se puede mover por unos parámetros formidables. Llevo 60 años en este negocio y profeso un agradecimiento a mis fieles. Si tuviera las mismas ganas que cuando empecé sería un enfermo, pero no son menores, son otras. De mi trabajo lo más apasionante, que se mantiene intacto, es el juego, el de ser otro.

-¿Es más grato el oficio cuando, como en su caso, lleva una trayectoria de más de 60 años?

-No. La irregularidad y la inseguridad son permanentes. Las rachas buenas y malas van alternándose. Si tienes suerte y tienes la cartilla con dinero puedes elegir con los papeles, como es mi caso, pero las ofertas no son ahora ni mejor que antes.

-Echa de menos los tiempos pasados cuando compartía trabajo con Alfredo Landa, los Ozores o Fernán Gómez?

-No, salvo porque era más joven. Tengo tendencia a la melancolía, pero sigo mirando hacia adelante sin renegar de mis películas.

-Siempre se habla de la falta de público en el teatro. ¿Hay relevo generacional en el patio de butacas?

-Hay una relación más cordial entre el espectador y el espectáculo que cuando empecé en los 60. Seguramente tiene que ver porque hoy al teatro va la gente que quiere ir, es decir, que asiste al espectáculo pese al cine o la televisión. Es cierto que las ofertas de ocio ahora se han multiplicado pero el teatro es único y perdurará porque el rito de la representación es irrepetible.

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