Joan Miró desordena el arte en el IVAM

Carteles originales en sus bastidores y réplicas pegadas en el muro de la sala donde finaliza la exposición. / damián torres
Carteles originales en sus bastidores y réplicas pegadas en el muro de la sala donde finaliza la exposición. / damián torres

El museo valenciano reivindica con piezas inéditas y emblemáticas la faceta más crítica y radical del artista Una exposición exhibe en 200 obras el combate del creador catalán por subvertir la pintura

CARMEN VELASCO

valencia. Joan Miró quería asesinar la pintura. No comulgaba con los formatos clásicos de la época y experimentó con otros lenguajes, como la escultura, el cartel, el grafiti o la cerámica. Luchó contra las convenciones artísticas hasta el final de su vida, por ejemplo, con 80 años decidió incendiar los lienzos creando así sus populares telas quemadas. Inconformista, combativo e imaginativo. Así fue el artista catalán del que se conmemora el 125 aniversario de su nacimiento en 2018. Y así es la exposición que se inaugura hoy en el IVAM. 'Joan Miró. Orden y desorden' es la primera muestra que el museo valenciano dedica al creador y, a juicio del director de la pinacoteca, viene a saldar la «carencia» de la ciudad con Miró, «un autor imprescindible para comprender el arte del siglo XX», matizó José Miguel G. Cortés.

En el ataque al arte pictórico, Miró se vale de todos los materiales (fuego, clavos, madera...) y coquetea con numerosas disciplinas (teatro, circo, etcétera). Con su búsqueda incansable tiñó de vigencia imperecedera sus creaciones. «Algunas de las piezas de Miró podrían ser hoy consideradas como arte emergente», resaltó ayer el comisario de la exposición, Joan Maria Minguet.

Las múltiples batallas artísticas del catalán le han propiciado otro triunfo: estar vigente en el siglo XXI. El éxito de Miró, que nunca dejó de pintar, radica en que su arte está vivo. Tanto el curator como el director del IVAM se alejan de la solemnidad mortuoria a la hora de mostrar las creaciones de Miró con solemnidad mortuoria. Ambos coinciden en que los lienzos, las esculturas, la cerámica o los carteles del catalán generan discusión y dialogan con el espectador. «No queríamos hacer un mausoleo para un genio, sino reflejar el espíritu crítico y el cuestionamiento del arte que caracterizó a Miró», matizó el director del IVAM

Imaginativo

La obra de Miró parece infantil, pero es radical. Él es considerado naif, pero su arte destila compromiso social. Como creador es meticuloso en su trabajo («es un archivero», según el comisario), pero sus piezas rezuman desajuste. Es complejo, poliédrico y nada acomodaticio. La exposición, que incluye hasta portadas de discos (de Raimon y Maria del Mar Bonet, entre otros) refleja a la perfección el orden y el desorden del creador y sus piezas. El montaje de la muestra, que refuerza esta idea, está cuidado y mimado el detalle. Dos ejemplos: 'Tela cremada' (1973) se exhibe colgada -como la ideó el autor- en lugar de adherida al muro; y en una esquina de la última sala se han pegado réplicas de carteles de Miró (uno de ellos sobre 'Tirant lo Blanc'), «algo que ningún museo ha hecho para una muestra de Miró», apuntó el comisario. El artista catalán buscaba subvertir el arte y en esta misión ha encontrado un cómplice en el IVAM, que sirve una exposición a la medida del equilibrio y caos del creador.

En la alianza de la pinacoteca valenciana con Miró ha sido imprescindible el apoyo de los coleccionistas privados, que han prestado rarezas y obras nunca expuestas. Cortés y Minguet agradecieron la colaboración de los propietarios particulares y también de una docena de museos e instituciones internacionales.

Nada más entrar en la galería 1, que hasta el 17 de junio acoge la muestra, el espectador visualiza un miró inconfundible: 'Sin título (Diseño para estarcido)' (1946). Los trazos y los colores (rojo, azul, negro y amarillo) no engañan. Es una de las piezas inéditas de la muestra y pertenece a la Fundación Joan Miró. Muy cerca se muestra 'Estudio para la trilla', que se expone al lado del óleo definitivo. Este esbozo, de un coleccionista privado, se exhibe «por primera vez en la historia desde que estuvo en el taller».

Libre de corsés

El recorrido artístico, que se divide en cinco salas, parte de los primeros trabajos de Miró, en los que imperó el orden. Así, se muestran piezas circunscritas a la tradición pictórica figurativa mediterránea que formaron parte de su primera exposición en 1918 en Barcelona que resultó «un fracaso, ya que no vendió ni un cuadro», recordó el comisario, y fue vapuleado por la crítica. Más tarde, el propio autor daría gracias porque fue en aquel momento cuando decidió irse a París en 1920, donde se liberó de los corsés y buscó su personal lenguaje.

La segunda sala se centra en la experimentación en el trabajo de representación. Ya en los años 30, Miró empezó a mostrar rasgos que pueden ser identificados como representaciones de los seres humanos, Así, personajes dislocados, monigotes turbadores o garabatos comienzan a asomarse en títulos como 'Composición (mujer, tallo, corazón), de 1925, o 'Pintura (sobre masonite), del año 36.

A continuación, la selección llega a la explosión de la indisciplina absoluta que supuso la serie de telas quemadas para la exposición antológica en el Grand Palais en 1974. A sus 80 años, Joan Miró, en vez de echar mano de obra anterior, demostró, no solo que no era un nombre de las vanguardias en declive, sino que estaba más vivo que nunca utilizando el fuego y los agujeros para «ejecutar» a los lienzos en un intento de llevar la pintura hasta sus últimas consecuencias y lograr su desmaterialización.

La cuarta sala aborda una de las obsesiones de Miró: desplazar el gesto creativo desde el mundo minoritario del arte a la calle y al teatro. Lo consiguió en 1969 con una performance pictórica en el edificio del Colegio de Arquitectos de Barcelona. Realizó una pintura efímera en los cristales del edificio en un ejercicio de reivindicación de las libertades. El documental 'Miró, otro', de Pere Portabella, que se exhibe en el museo, recoge esta acción.

Miró también tuvo su incursión teatral. Creó las vestimentas de unos personajes entre inquietantes y grotescos para 'Mori el Merma', un espectáculo de la compañía Claca. Las máscaras y vestidos pertenecen a la Diputación de Alicante.

Concluye el recorrido con el Miró ceramista y cartelista. El artista encontró en el barro un laboratorio de experimentación para trabajar con unos materiales y unos procedimientos en los que el azar del fuego tenía la última palabras.

En la trayectoria del artista, el cartel supone la captación instantánea de su mundo iconográfico y la posibilidad de llevar la provocación que sus signos generaban en las galerías o en los museos al centro de la vida pública.

Con motivo de la muestra, el IVAM va a editar una publicación en la que el comisario realiza una relectura actual de la obra de Miró y de los aspectos menos conocidos de su trabajo.

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