Jesús Chover, primera puerta grande de Fallas

Román, desde el hospital en el que se recupera de la cogida. / lp
Román, desde el hospital en el que se recupera de la cogida. / lp

Román, tras la cogida del pasado domingo, pugna por torear el día 19 contra la voluntad médica

J. L. BENLLOCH VALENCIA.

Dos nombres valencianos dominaban el ambiente taurino de ayer, Román y Chover. El primero, recuperándose a marchas forzadas de la cornada en el pecho, veinte centímetros y el pectoral mayor partido, pidiendo ya a gritos reaparecer el día 19, sin que los doctores le vayan a autorizar. «Eso sería una locura. Las cornadas hay que curarlas y no caben las precipitaciones a riesgo de graves consecuencias», aseguraba ayer el doctor Carbonell, que le visitaba en medio de una locura de amigos y aficionados que pugnaban en la Casa de la Salud por estar junto al torero, que no tiene fiebre pero sí buen apetito. Cosas de la juventud.

El segundo, Jesús Chover, feliz protagonista en la novillada de ayer, abrió la puerta grande, la primera de la feria. El de Benimámet cuajó dos faenas plenas de tensión. Lo suyo fue una búsqueda constante del triunfo, en todos los tercios, en todo momento, desde que se fue a porta gayola hasta que despachó a los pupilos de Fernando Peña de eficaces estocadas. Le pudieron dar la oreja de su primero, buen novillo al que toreó de capa con variedad y desparpajo, para ponerlo en suerte y para sacarlo de la suerte.

Todo seguido lo banderilleó con espectacularidad y lo toreó con aguante y apostura. Lo mató con prontitud y no es fácil entender por qué el presidente le negó la oreja que, además de haberla ganado, o por eso mismo, pedía con insistencia el público.

Con ese rango de exigencia tampoco es fácil de entender que le diese las dos de su segundo, si no recurrimos a la ley de la compensación que tan malas consecuencias trae. En este novillo Chover hizo otro ejercicio de entrega destacando por espectacular su arranque de rodillas, pero sobre todo la excelente interpretación de novillero ambicioso que escenificó sobre la plaza. No fue novillo tan claro pero a esas alturas poco le importaba más allá de su objetivo, triunfar.

La plaza registró un tercio de entrada. La tarde, ventosa en principio, se fue calmando. Los novillos del castellonense Fernando Peña dieron juego sin grandes alardes en ningún sentido. Alejando Gardel y Ángel Téllez pasaron por esta feria de puntillas, con correcta e insuficiente discreción. Los naturales de este último al tercero tuvieron trazo y gusto pero no pudieron cuajar faena.

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