El IVAM salda una deuda con Anzo

La muestra, que tiene como objetivo recuperar la serie 'Aislamientos', se podrá ver hasta el 5 de noviembre en la galería 7 del IVAM.
La muestra, que tiene como objetivo recuperar la serie 'Aislamientos', se podrá ver hasta el 5 de noviembre en la galería 7 del IVAM. / IRENE MARSILLA

El museo presenta por primera vez en su historia una exposición sobre la obra del artista valenciano | La muestra reúne 80 piezas de la serie 'Aislamientos' y recorre 20 años de producción de un creador «visionario y social»

NOELIA CAMACHO

valencia. Visionario, adelantado a su tiempo, 'rara avis', artista social... Los adjetivos para describir al artista valenciano José Iranzo Almonazid, 'Anzo' (Utiel, 1931-Valencia, 2006) se quedaron cortos ayer en la primera exposición que el IVAM dedica a uno de los exponentes del arte contemporáneo español de la segunda mitad del siglo XX.

Fue un «acto de justicia» y una deuda histórica que, por fin, clamó ayer el director del museo, José Miguel G. Cortés, se ha saldado con el creador. Y es que Anzo, coincidieron los responsables de la exhibición, merecía un reconocimiento que no había llegado en 28 años de historia de la pinacoteca de arte moderno. «Anzo tiene mucho que ver con el IVAM. Su trabajo tiene una identidad propia. Un museo tiene el deber de rescatar artistas que se han quedado al margen o que no han sido visibilizados», dijo el titular del centro de artes.

Pese a ello, 'Aislamientos', nombre que recibe no sólo la muestra sino la serie más importante de la trayectoria creativa del valenciano, no es una retrospectiva. Tampoco es una antológica. Es el estudio de una de sus etapas artísticas, la que comprende desde 1967 a 1985, en las que el autor se obsesionó por la deshumanización del hombre frente a la tecnología, la informática y la cibernética que daban sus primeros pasos en la década de los 60 y 70.

Comisariada por Joan Ramon Escrivà, 'Aislamientos' reúne una parte de la serie en la que, durante dos décadas, centró su obsesivo trabajo, donde plasmó su visión de un mundo en el que el se humano estaba aislado y cuya existencia estaba marcada por ser sólo «un engranaje de la maquinaria» que mueve el mundo.

Abierta hasta el 5 de noviembre, el IVAM presenta una muestra que se sirve de otras disciplinas, como el cine o la literatura, para comparar un discurso, el de Anzo, con el de otras voces críticas con la tecnología, la distopía y la proliferación del consumo. El proyecto, que se erige, a su vez, como un caso de estudio de la obra de Anzo, permite al espectador ahondar en el viraje que hace el artista del 'pop art' que había desarrollado hasta la fecha -incluso fundó el grupo Estampa Popular- hasta una producción más comprometida. Es el año 1967 y el autor da un giro radical y comienza a plasmar en sus cuadros esas atmósferas arquitectónicas y solitarias, como las de las torre Trade Barcelona, que aquí se presentan «fantasmagóricas y amenazantes». El hombre solitario comienza a llenar sus creaciones y a configurar la serie 'Aislamientos'.

Un año más tarde, en sus propuestas para la Bienal de Venecia, Anzo continúa con su reflexión de la deshumanización con unas creaciones en las que ahonda en la alienación del hombre. Las fábricas, dijo Escrivà, han pasado a convertirse en oficinas. Una de estas estancias se reproduce en la sala, poniendo de relieve la evolución de la técnica del artista. «La oficina se convierte para Anzo en representación del nuevo sistema de esclavitud», aseveró el comisario. Las obras se acompañan de películas y libros en los que se refuerza la idea «visionaria» del valenciano, ya que estos textos comienzan a hablar del hombre «convertido en máquina».

La serie 'Aislamientos' continúa desarrollándose en los años 70. Sus piezas empiezan a tomar como referencia el arte geométrico, «se vuelven más preciosistas», describió Escrivà. Anzo vuelve a situar en el centro de su producción a ese hombre «aislado y esclavo del consumo y del sistema».

El apartado 'Archivos' muestra una amplia selección de material inédito procedente de los fondos documentales de la Fundación Anzo en la que destacan sus fotolitos, fichas técnicas, revistas y documentación fotográfica de importantes obras en paradero desconocido. Porque, si en algo destaca su trabaja en esas dos décadas es su extensa producción, por lo que algunas piezas no están localizadas. En ese espacio, el universo de Anzo dialoga con una cinta de la época, 'La cabina', en la que la interpretación de José Luis López Vázquez parece reforzar las tesis del autor valenciano sobre los avances de la tecnología y la soledad que sobrevuela sobre el individuos. Colocados en una especie de nicho, esos fondos inéditos dan paso a la última fase de la muestra donde, casualmente, se ahonda en el concepto de la muerte. De nueve, ese ser humano solitario, trajeado y que mira desde su aislamiento al resto de la sociedad, cierra el recorrido por la serie más importante que obsesionó al artista a lo largo de su vida. En total, se exhiben unas 80 piezas que la propia Fundación Anzo, que capitanea la hija de Anzo, Amparo Iranzo, el museo de Bellas Artes, el Reina Sofía y coleccionistas privados han cedido al IVAM.

«En los años 60 y 70, Anzo vendió mucho, pero en los 80 su proyección perdió gas. Era un hombre que tendía a aislarse. Un personaje solitario a contracorriente, que mostró su resistencia a la estandarización. Fue un activista político», aseguró el comisario. Apoyó este discurso la descendiente de Anzo, Amparo Iranzo, que manifestó que su padre era «más activista social que político», sobre todo en un momento en el que la política tenía un papel muy pronunciado. «Él no quería meterse en esa cadena, como lo hacían otros artistas, y eso lo desplazó un poco», reiteró su hija.

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