Los herederos del toro 'Aldeano' en el poder

Lote de toros de Victoriano en la finca el Palomar. / APLAUSOS
Lote de toros de Victoriano en la finca el Palomar. / APLAUSOS

La ganadería castellana de Victoriano del Río debuta hoy en el día grande de Sevilla

JOSÉ LUIS BENLLOCH

El toro 'Aldeano' es una de las últimas leyendas que cuentan los hombres del campo bravo al calor de las lumbres y en las tertulias de los cortijos. Él está en el origen de una de las ganaderías, la de Victoriano del Río, con más triunfos de las ultimas décadas. Divisa de la que se podría decir que su propietario ha logrado o casi, la cuadratura del círculo, gustar a las figuras del toreo y tener el respeto de los aficionados más exigentes. Hoy, como culminación de su trayectoria abre por vez primera la temporada en Sevilla, Domingo de Resurrección, el sueño de cualquier ganadero.

'Aldeano', semental mítico, hijo de 'Decidor', se lo compró Victoriano del Río al sevillano Luis Algarra, allá por 1986 cuando la posición económica del primero le permitió dar un salto de calidad a la tradición ganadera de la familia que en su mejor momento se había visto interrumpida por la guerra civil, tiempo que supuso la practica desaparición de todas las ganaderías bravas del entorno de Colmenar, zona considerada hasta entonces tierra de toros.

La compra tuvo su intrahistoria. Victoriano lo resume como la suerte de estar el día D en el momento justo en lugar adecuado, y él estuvo. Había muerto el famoso toro 'Decidor 'de Algarra, uno de los sementales más decisivos en la historia del encaste Domecq y tanto Juan Pedro muy ligado a la casa, como el propio Algarra, se apresuraron a sacarle sementales entre los hijos que había dejado en la camada. Con ese claro objetivo, Luis Algarra mete siete erales en la plaza para tentarlos y llama a Victoriano con el que venía manteniendo tratos. Los cinco primeros salieron extraordinarios y ante esa situación Luis decide parar el tentadero, con cinco sementales aprobados no hacía falta seguir buscando. De los que quedan por tentar en las corraletas, hay uno precioso, castaño, fino de cabos, muy en la que era entonces la línea de la casa y otro burraco, grande y un tanto bastón. Sobre esos dos comienzan a negociar. Victoriano anda prendado del bonito y Luis, con buena lógica comercial capta la situación y le pide un millón doscientas mil pesetas de las de entonces por el bonito y un millón por el grandullón. Ese fue el momento justo en el que intervino El Vito que hacía de corredor, para decidir el desenlace del trato y la suerte de la nueva ganadería.

-Me dijo, cuenta Victoriano, con ese toro que quiere usted, va a lidiar en Antequera o en Jerez pero no podrá lidiar en Madrid ni en Sevilla donde se exigen toros con más presencia. Llévese ese burraco que tiene cara de buena gente y podrá ir donde quiera. Y me convenció. Pensé que si él, que sabía del tema, me recomendaba aquel otro aún a costa de llevarse menos comisión porque era más barato, sería por algo. Le hice caso, me fié y acerté. En aquel momento me estaba llevando al famoso 'Aldeano'. Lo compré por él, porque me indujo él. Lo tengo que reconocer.

Un millón, una ganga

El millón de pesetas que pagó era un precio alto, teniendo en cuenta que se trataba de un eral sin tentar cuyo juego era una incógnita, al igual que su condición de raceador. Podía incluso ser muy bravo pero no transmitirlo a sus descendientes y entonces hubiese sido como tirar el dinero. Como referencia cabe decir que el precio de una corrida en ese tiempo, seis toros en plazas de primera, era de cuatro millones de pesetas. Afortunadamente, el tiempo lo hizo barato, en realidad una ganga. Fue el padre de entre otros sementales de Alcalde, otra leyenda, al que quisieron clonar en EE UU para preservar sus cualidades de bravura pero las trabas aduaneras frustraron la operación.

De la línea directa de 'Aldeano' y 'Alcalde', vienen nombres tan ligados a la historia moderna del toreo como 'Beato' con el que se despidió Luis Francisco Esplá en Madrid con una faena histórica que culminaba su carrera. 'Cantapajaros' con el que Juli rindió a Madrid que por aquel entonces se le había puesto muy agrio. 'Dakar' y 'Comunero' a los que cuajó José Tomás en aquel San Isidro que pasó a la historia como la cumbre del torero de Galapagar, dos toros de Victoriano, cuatro orejas. 'Dalia' al que el Josemari Manzanares hizo una de las faenas más bellas y perfectas de los últimos años, que marca su cenit. Eso por no hacer interminable una lista en la que debía entrar por derecho propio, el 'Forajido' con el que se encontró Castella en Valencia, en la feria de Julio de 2010, y pasó como uno de los toros más bravos de cuantos se topó el francés en su carrera.

Pero hay mucho más, y si nos adentramos en terrenos del romanticismo llegamos a Jaén, donde una tarde de San Lucas, Antoñete se encontró con 'Caradura' y el maestro del mechón ligó el natural con el de pecho como debe ser y como ya no se recordaba. «Gracias al toro que me hizo soñar el toreo», firmó Chenel al pie de un doblón monumental que luce en los salones de la finca de El Palomar de Guadalix.

Y este año en Valencia acaba de lidiar una buena corrida, que sin ser la mejor que se le recuerda tuvo mucha plaza, movilidad e interés pese a lidiarse en unas condiciones climatológicas muy adversas. Su presencia de hoy en Sevilla, territorio muy ganadero y con un fuerte aprecio de lo propio, es premio y examen a la vez.

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