Grandísimo coro de actores

El elenco de actores de 'Cyrano de Bergerac'. :: / LP
El elenco de actores de 'Cyrano de Bergerac'. :: / LP

José Luis Gil interpreta a Cyrano de Bergerac en el teatro OlympiaUn magnífico montaje, muy bien ejecutado y lleno de generosidad interpretativa. Divierte y logra la complicidad de los espectadores

JOSÉ VICENTE PEIRÓ

valencia. Asistimos demasiadas veces a montajes endogámicos de textos clásicos aunque adaptados con buena técnica. Algunos creadores buscan su lucimiento sin pensar en el patio de butacas y ofrecen un producto rígido, frío y distante. Cuando no caen en la extravagancia si el director sufre un ataque de genio.

No sucede en la adaptación de la obra 'Cyrano de Bergerac' (1897), de Rostand, a cargo de Carlota Pérez-Reverte -sí, la hija de Arturo-y Alberto Castrillo-Ferrer, también director. Salva el peligro de la comparación por ser un argumento archiconocido en el cine y en la escena. A nadie se le olvida la película con Dépardieu. Los teatreros veteranos recuerdan la interpretación de Josep Maria Flotats que le valió el premio nacional en los ochenta, y los más jóvenes la de Bru de Sala con Pere Arquillué o la producción infantil de Roberto García. Sin embargo, con esta versión tan aragonesa estrenada en el último festival de Almagro, se olvidan las anteriores.

El libreto es ágil y apto para la mentalidad actual. Castrillo-Ferrer consigue un resultado satisfactorio para el público gracias a una dirección impecable, pulcra y equilibrada. Da al verso la fuerza y la naturalidad necesarias sin artificios ni exigencia de enormes esfuerzos para mantener el interés por las aventuras del espadachín poeta de la larga nariz, y sus favores a Christian para conquistar a Roxane. Subraya los aspectos cómicos y esquiva los excesos románticos decimonónicos del drama heroico del original, aun manteniendo la ternura despertada por Cyrano, simplificando personajes y puliendo la acción secundaria para insertarla en la principal, algo visible desde la presentación inicial. Añadamos su virtud de dar importancia y determinación a la protagonista femenina, Roxane (Ana Ruiz, 'Camera café'), como testigo sonriente de las pendencias masculinas desde el balcón o acudiendo a la batalla con vestimenta soldadesca.

José Luis Gil, el actor televisivo de 'Aquí no hay quien viva', es un Cyrano excelente. Sin afán de protagonismo, sacrificándose por el conjunto, logra una interpretación caracterizada por la sobriedad, el oficio y la eficacia. El resto del elenco, también conocido por las series de la pequeña pantalla, es muy solvente, teniendo en cuenta la complejidad de representar varios papeles cada uno, con una formidable Ana Ruiz y algunos entrañables secundarios como Rocío Calvo (gran monjita y beodo bufonesco) y Joaquín Murillo.

En la escenografía se nota la mano del experimentado Alejandro Andújar y Eric Planas: respeta el sentido de la original, con dos puertas al fondo y la parte superior accesible, pero simplifica los medios al utilizarla como pantalla de imágenes, con una magistral pelea de esgrima del Cyrano actor contra decenas de espadachines proyectados y una potente visualización de la batalla. El vestuario de Bénard, llamativo y detallista. Sólo puede discutirse el recurso al pasillo en la salida de Cyrano y a la escalerilla en la escena amorosa. Gusta al público aunque esté sumamente visto.

Un magnífico montaje, muy bien ejecutado y lleno de generosidad interpretativa, que sirve de modelo de adaptación de un clásico. Divierte y logra la complicidad de los espectadores. Lástima que algunos no entendieran el simpático mensaje inicial y no apagaran sus teléfonos, algo higiénico en un teatro y una señal de respeto a los profesionales y al resto del público.

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