Gastrohistorias

El gin-cocktail de Galdós

El gin-cocktail de Galdós

El primer cóctel de la historia de la literatura española apareció en una novela de don Benito

ANA VEGA PÉREZ DE ARLUCEA

A finales del siglo XIX los cócteles o «bebidas americanas», como entonces se los llamaba, eran en España una fabulosa novedad, una rareza traída de tierras lejanas que solamente bebían los modernos y sofisticados. Eso cambiaría en parte gracias a Benito Pérez Galdós (1843-1920) y su entusiasmo por la ginebra y sus combinados. El escritor canario fue el primer literato español en hacer beber un cóctel a uno de sus personajes y en dar la receta por escrito, asunto que seguramente alentó a sus lectores a replicarla y a embolingarse con estilo.

Esta curiosa fórmula aparece en su novela ‘Ángel Guerra’ (1891), un drama espiritual con mucha sentimiento religioso y mucho amor imposible por todos lados. Su protagonista es el tal Ángel Guerra, un intenso de manual, pero a nosotros quienes nos interesan son Dulcenombre (la chica que bebe los vientos por él) y su tío Don Pito, antiguo marino mercante que empina el codo por las tardes. El caso es que el santurrón de Ángel rompe con Dulcenombre y ella se lleva un sofoco que para qué quieren ustedes más. Don Pito intenta animarla a base de alcohol: «Un dedito y se te tapan todos los huequecillos donde anidan las penas […] yo sé hacer una bebida que te fortalecerá y te pondrá como un reloj. ¿Sabes lo que es un chincotel?». He aquí la solución, consuelo de navegantes y remedio para corazones rotos, el chincotel.

¿Chincotel? ¿Pero qué invento es ése? Pues un gin-cocktail, almas de cántaro, pero dicho deprisa y con pronunciación macarrónica. Don Pito el marino se disponía a achispar a su sobrina, quitándole las penas a base de lingotazos, y Galdós es tan amable de explicarnos su elaboración. «Fue a la cocina, rompió un huevo en una taza y lo batió bien, pero bien; echólo en una vasija grande con medio vaso de agua, añadiendo una copa chica de ginebra, un poco de canela y azúcar en proporción». Alehop, chincotel al canto. Para que vean el grado de refinamiento del barman Galdós, la cosa sigue con que «para el perfecto gin cok tail (literalmente rabo de gallo con ginebra) no faltabn más que las notas amargas, que le dan aroma y tonicidad; pero como don Pito no las tenía, prescindió de aquel sibaritismo y concluyó la confección del ponche batiéndolo con el molinillo del chocolate hasta levantar espuma». El resultado era un líquido dorado coronado con espuma que borraba en un pispás los males de amores y de paso la conciencia.

La incursión galdosiana por el mundo de la coctelería no quedó ahí. En ‘La de los tristes destinos’ (1907), el autor puso al alter ego de Práxedes Sagasta a trasegar chincoteles a bordo de un barco. Marinos mercantes, travesías… ahí estaba la conexión. Don Benito acabó contándole a un periodista filipino en 1894 que lo del gin cocktail era un gusto suyo personal y que recibió la receta de un tripulante durante un viaje en trasatlántico.

En 1959, varios artículos del periódico ABC rescataron la historia del chincotel y rápidamente se montó un evento en el teatro María Guerrero para homenajear a Pérez Galdós pimplando en su honor. Perico Chicote se puso a los mandos de la barra pero en vez de replicar el chincotel original se puso a inventar y le salió un churro (en mi opinión y desde el cariño) a base de ron y zumo de plátano. Galdós, que era tan recio y tan fan de la ginebra a palo seco, se hubiera ofendido.

El verdadero cóctel galdosiano es el que les he transcrito, con cantidades a ojo y amplio espacio para la improvisación. Eso sí, con angostura. Tal y como decía Galdós, tómense este bálsamo de Dios y verán cómo se les aclara el celaje.

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