Galopando hacia la improvisación

Ventura rejoneando con 'Dólar' sin cabezada. / APLAUSOS
Ventura rejoneando con 'Dólar' sin cabezada. / APLAUSOS

Diego Ventura rebusca nuevos caminos para el rejoneo

JOSÉ LUIS BENLLOCH

Se rejonea como nunca? -Se rejonea más perfecto que nunca y más limpio que nunca, pero...

-¿Pero?

-Todo es muy ensayado, de poca inspiración, no se improvisa y eso no es bueno.

-¿Y?

-El arte necesita despertar curiosidad. Que nadie sepa que va a pasar. Yo busco que todas mis faenas distintas. Creo que es imprescindible, el arte no puede ser previsible.

-¿Ese es el flanco por donde mejorar?

-Por ese y por la vía de la competencia, también por una mayor ordenación.

-¿Competencia artística?

-Me refiero a que haya rivalidad en la plaza. De la rivalidad solo pueden salir cosas buenas. No es lo mismo torear con un compañero o con otro para dar más de ti. Y me refiero también a que se toreen toros de todos los encastes... Es lo mismo que en el toreo a pie. Hay que añadir alicientes.

-¿Con uno y con otro te refieres a Pablo?

-Por ejemplo.

Es Diego Ventura. Cabeza en el escalafón de los rejoneadores. Posición en la que persiste los últimos años. Todo un carácter. Profesional rampante. Un trueno. Por mucho que asegure que se encuentra bien en la paz, le gusta y se crece en el fragor de la competencia. Y hasta la necesita. Sevillano con raíces portuguesas. Ese pedigrí le da autoridad en el mundo del caballo. En realidad caballos y toros han sido su vida. Llegó a la profesión veloz, hambriento, saltándose cánones y jerarquías en nombre de la juventud. El tiempo le ha añadido sazón sin renunciar a todo aquello que le trajo hasta aquí y ahora exhibe liderazgo y reconocimientos. Es competencia directa de Pablo Hermoso aunque intereses de despacho nada ajenos a lo personal, han dejado sus justas directas a un lado, de tal manera que salvo ocasiones muy puntuales no se encuentran más allá de los titulares de prensa: una tarde en 2016, ninguna en 2017. Pablo guarda silencio, Ventura, que clamaba en guerra, parece haber silenciado su reivindicación: «El toreo se lo pierde», pero no renuncia.

En 2017 toreó 39 corridas y cortó 83 orejas, en una temporada que el protagonista califica de ensueño. Sumó dos nuevas puertas grandes en Madrid, que elevan su marca personal a catorce paseos triunfales por tan glorioso umbral. Además cortó un rabo en Ronda; tuvo otra tarde memorable en Málaga, protagonizó el indulto de un toro en Murcia que muchos calificaron de hito histórico y tuvo éxitos de relieve en Albacete, Santander, Burgos, Granada, Toledo... sin olvidar Valencia, donde estropeó con el rejón de muerte una excelente actuación.

El par imposible

Nada es gratis, ni mucho menos el éxito. Tras la algarabía feliz de la plaza está el trabajo silencioso y oculto. Diego me asegura que monta nueve horas diarias, que atiende personalmente la puesta a punto de 45 caballos, la mayoría de ellos ya preparados para salir a la plaza. Los necesarios para mantener a punto la cuadra que compita al más alto nivel. El éxito de los rejoneadores depende en un porcentaje altísimo de sus cabalgaduras, pero... el ojo clínico para elegirles, el trabajo de la doma, la inspiración en la plaza, la sabiduría para ganarse su confianza, depende de los jinetes. Y en todo ello es maestro Diego Ventura. Este año 'Nazarí', 'Sueño', 'Fino', 'Dólar'... han sido sus caballos estrella, a los que se ha incorporado un caballo nuevo que se llama 'Lío', también de banderillas con grandes cualidades. Y entre las promesas, hay varios que apuntan maneras increíbles y el año próximo pueden convertirse en estrellas, uno de ellos hijo de 'Nazarí' que destaca muchísimo. Se llama 'Importante' y puede ser el sustituto de su padre, porque puede mucho con los animales y para los toros complicados su forma de lidiar es perfecta. Resuelve bien y con torería.

Este año ha estrenado un par a dos manos poco menos que imposible con el caballo sin cabezada. Lo hizo con 'Dólar' por vez primera en Toledo. Según el jinete se trata de una innovación propia y aunque tiene algún precedente ningún otro lo realizó como 'Dólar', que se dirige de frente al toro, haciendo un aire de alta escuela como un passage o un tierra a tierra, para batir al pitón contrario y reunirse con el toro en el estribo. Simao, Ángel Peralta, Moreno Pidal o Pérez de Mendoza, que también pusieron pares sin cabezada, lo interpretaron con otros matices.

Y en cuanto al indulto de los toros en corridas de rejones, otro de los temas candentes en la actualidad, tiene las ideas muy claras, es rotundamente partidario. «Hay ganaderías que seleccionan para rejones y los rejoneadores necesitamos de ese tipo de toro que debe ser bravo, con fijeza y embestir en cualquier lado con entrega. Por eso, cuando sale, claro que tiene que ser indultado. Es muy bonito que un toro se gane la vida en la plaza. Naturalmente por comportamientos excepcionales». Y se extiende en calificar como tal el comportamiento de 'Perdido', el toro de Los Espartales que indultó en la Condomina, que le hizo sentir cosas que jamás había sentido en una plaza. «Si hubiera salido en cualquier otra plaza del mundo se hubiera indultado igualmente porque tuvo una bravura tremenda».

Echar pie a tierra

Una de las singularidades de Ventura, otra más, es su costumbre de echar pie a tierra en algunas tardes como en su tiempo hacía Álvaro Domecq e incluso Ángel Peralta, para endilgarle algunos muletazos que rematen la obra o, al menos, con intención de lucimiento. Este año lo hizo en Murcia en el toro que indultó y en Ronda y Huelva anteriormente. Asegura que no lo hace más por pudor, por considerar que sería una ventaja con los matadores teniendo el cuenta el despuntado de los toros de rejones y el hecho de que se baja uno del caballo cuando el toro ofrece facilidades. Algo parecido hicieron en su tiempo Juan Belmonte y Carlos Arruza y los matadores acabaron mostrando su disconformidad.

Pese a su estatus de primera figura no se muestra feliz con el sistema. Asegura que ni pregunta por sus contrataciones al apoderado porque «tal y como está el sistema, te llevas muchos sinsabores. Triunfas un año, cortas cuatro orejas, o un rabo como sucedió en Zaragoza, donde hacía veinte años que no se cortaba ninguno, y ya no vuelves. Así que por cosas así dejé de preguntar dónde toreo o dónde no».

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