frutas para buscar la inspiración

La pintura, el cine, el cómic, la música y la literatura han convertido a la naranja en protagonista de universos artísticos

MIKEL LABASTIDA
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“Bajo el naranjo lava pañales de algodón. Tiene verdes los ojos y violeta la voz. ¡Ay, amor, bajo el naranjo en flor!”. Son las primeras líneas de ‘La Lola’, uno de los poemas del Cante Jondo escritos por Lorca en 1921. Ay, amor, bajo el naranjo en flor. Fruta prohibida, elemento erógeno, personificación de lo joven, lo descarado, lo desinhibido. A veces ha servido de símbolo de la madurez y en otras ocasiones, junto a niños, ha reflejado la etapa del aprendizaje. La naranja ha inspirado a escritores y artistas que la han usado como metáfora en múltiples obras. Y ha sido portadora de todo tipo de sorpresas. En la ópera 'El amor de las tres naranjas', de Prokofiev, un príncipe buscaba en esta fruta a su princesa. La pintura, el cine, el cómic, la música y la literatura la han aupado como protagonista de universos artísticos en los que ha interpretado diversos papeles, desde el objeto tentador que dibujaban Botero o Mongrell, a la forma de rechazar que describía Miguel Hernández (la naranja helda), hasta el arma arrojadiza de la superheroina Fallerela, obra del inefable Carlos Recio.

Julio Romero de Torres: Naranjas y limonesLP
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Julio Romero de Torres: Naranjas y limones

Es en el arte valenciano donde la naranja goza de mayor presencia, casi siempre asociada a connotaciones regionales. Una excepción a esta regla la encontramos en la obra de Julio Romero de Torres. En ‘Naranjas y limones’ el autor cordobés reinventa el bodegón con un lienzo en el que una mujer desnuda posa con elementos propios de una naturaleza muerta. ¿Atrevimiento? Mucho. En 1925 este cuadro que desafiaba a las costumbres escandalizó en distintos círculos sociales. La naranja crea discordia, pero también cierta sensación de melancolía.

Pinazo: FlorealLP
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Pinazo: Floreal

La naranja, que era a comienzos del siglo XX motor de la economía valenciana, se convirtió en una referencia casi obligada de la pintura regionalista. Y Pinazo no escapó a esta tendencia. Las portadoras de frutas representan una alegoría de la riqueza y de la exuberancia y ostentan telas y joyas que rara vez se ven en las huertas. La naranja simboliza el progreso y pone a la agricultura en un lugar predominante.

José Mongrell: Siesta interrumpidaLP
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José Mongrell: Siesta interrumpida

La naturaleza es cómplice de encuentros entre hombres y mujeres, que juegan y se desean. Este es el denominador común de varias piezas de Mongrell, que hizo de la naranja un símbolo de su obra pictórica pero también de los trabajos que realizó en la Estación del Norte y el Mercado de Colón. En ‘Siesta interrumpida’ dos muchachas cesan el descanso de un hombre maduro, arrojándole naranjas.

Sorolla: Entre naranjosLP
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Sorolla: Entre naranjos

Sí, por supuesto, también el pintor valenciano más universal sucumbió a un elemento que marca a los artistas del novecientos. ‘Entre naranjos’ no está considerada como una de las mejores obras de Sorolla y algunos incluso afearon al autor que diese un paso atrás y cayese en excesos costumbristas. La naranja es de nuevo testigo de encuentros y juegos insinuantes. Esta fruta estará presente en otros trabajos del artista, incluido ‘Las grupas’, el título que representa a Valencia en el mural ‘Visión de España’, que elaboró para la Hispanic Society de Nueva York.

Antonio de Felipe: Disfruta la FrutaLP
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Antonio de Felipe: Disfruta la Fruta

La evolución de los significados de la naranja en el arte la ejemplifica bien su inclusión en la obra de otro valenciano, Antonio de Felipe, que no duda en erigirla como icono pop. Ya lo habían hecho antes también Equipo Límite. En ‘Disfruta la Fruta’ recupera al mítico naranjito para unirlo con otro icono, Sara Montiel, y la combinación funciona como burla del erotismo que antes desprendían estos retratos. Se observa un cromatismo vivo y alegre que, no obstante, es una constante en la trayectoria de este autor.

Botero: La cartaLP
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Botero: La carta

El artista colombiano da un paso más allá en la representación de lo erótico relacionado con la naranja. En esta obra se muestra a una mujer obesa recostada en una cama junto a una naranja abierta, que reivindica nuevas sensualidades y que tira abajo cualquier estereotipo. Por cierto que Antonio de Felipe reinterpretó este cuadro en otro al que él llamó ‘Leyendo espero al gordo que yo quiero’.

Blasco Ibáñez: Entre naranjosLP
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Blasco Ibáñez: Entre naranjos

Si hay una novela que se puede considerar como obra cumbre de cuantas se han ambientado en huertos de naranjos esa es la que escribió Blasco Ibáñez, en torno a los amores turbulentos entre una mujer de mundo y un hombre de pueblo. La literatura se interesaba también por la naranja y se dejaba por escrito sus facultades para servir de cómplice, así como su capacidad para excitar. El erotismo se asocia a esta fruta en 'Entre naranjos' y los campos en los que se cultiva son 'jardines del amor'.

Manuel Vicent: Son de marLP
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Manuel Vicent: Son de mar

Años más tarde, en ‘Son de mar’, Manuel Vicent incide en la naranja como compañera del romance y de los impulsos carnales. Con el florecimiento del naranjo las pasiones se dejan ver y el olor de azahar las aviva. Un naufrago que regresa, cual Ulises, después de diez años se reencuentra con su amante. La adaptación cinematográfica la llevaría a cabo años después Bigas Luna y, por supuesto, elevó al séptimo arte las propiedades excitantes de este fruto. Leonor Watling lo devoraba en pantalla. La primera novela de Vicent, por cierto, se llamó 'Pascua y naranjas'.

Vicente Aranda: CelosLP
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Vicente Aranda: Celos

Otro director de cine, Aranda, quiso que la protagonista de ‘Celos’ fuese una empaquetadora de naranjas. Aquí también hay amor, pero mal entendido, intoxicado por el sentido de la propiedad y la violencia. La historia se desarrolla en una localidad naranjera, y el drama se centra en el sentimiento de celos que experimenta el protagonista, que descubre una antigua relación amorosa de su mujer.

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Fallerela

Carles Recio ideó en el año 2000 un personaje femenino con poderes, con el que quiso aprovecharse del éxito que tenían en la época (por excepcionales) las ‘superwomen’ y de paso reivindicar a la mujer valenciana y a la fruta más famosa de la región. Carnal y sexualmente muy libre Fallerela se convierte en la defensora de todo lo que tenga que ver con Valencia.

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