El final feliz de Bombas Gens

El final feliz de Bombas Gens

El edificio del barrio de Marchalenes se reabre tras 26 años el 8 de julio como sede de la Fundació Per Amor a l'Art

Mikel Labastida
MIKEL LABASTIDAValencia

«Siempre ha estado ahí, formaba parte del barrio aunque no te dieses cuenta. Hasta que no dejó de funcionar no piensas en su importancia. Emilio, tú has vivido toda la vida delante de él». El que habla es Paco Llamas y tanto él como el Emilio (García) al que menciona son vecinos del barrio de Marchalenes que han seguido de cerca la evolución del edificio fabril de Bombas Gens (ubicado en la avenida de Burjassot), que tras 26 años reabrirá sus puertas el próximo sábado convertido en centro cultural como sede de la Fundació Per Amor a l'Art. «Pensamos que esto va a revalorizar el barrio, que se va a acercar hasta aquí más gente. Servirá también para que se mejore el entorno, ya lo hemos notado con algunos otros inmuebles derruidos. Los nuevos responsables de Bombas Gens han contado con nosotros en todo momento y creemos que van a hacer una labor cultural y social importante. Además de museo, habrá talleres de formación y se ayudará a personas desfavorecidas», señala Llamas. «Y lo de Wilson», apunta García. Se refiere a que en una de las naves se instalará el Centro de Coordinación del Equipo Wilson, dedicado al estudio de enfermedades raras. Formará parte de un proyecto global con finalidades artísticas, sociales y de investigación, comandado y financiado por el matrimonio de Susana Lloret y José Luis Soler, copropietario de Ubesol.

El de Bombas Gens es un cuento con final feliz. El enclave parecía abocado a desaparecer, tras años de deterioro desde que la empresa de fabricación de bombas hidráulicas echase el cierre a comienzos de los 90. No se trataba de un edificio cualquiera y de ahí la lucha de vecinos y otros agentes sociales para que se mantuviese. Se construyó en 1930 con un diseño innovador de Cayetano Borso di Carminati (1900-1972), un arquitecto racionalista valenciano, autor también del teatro Rialto.

«La fábrica acogió en su interior la frenética actividad de los obreros que fundían miles de piezas en cientos de moldes para, después, montarlas dando forma final a la variada gama de bombas hidráulicas que ayudaban a regar las parcelas de nuestra huerta y de otras. Estas bombas se expusieron en diversas ferias y catálogos buscando aumentar los encargos y llevando el nombre de la fábrica a destinos como Madrid, Barcelona o Islas Baleares», explican desde el centro cultural, que para la apertura ha previsto una exposición sobre la historia de Bombas Gens, a través de testimonios recogidos en una pieza audiovisual, objetos e imágenes (como algunas que ilustran este reportaje).

Sirvió como refugio de personas sin hogar, sufrió un incendio y se barajó la posibilidad de instalar un hotel allí hasta que Soler y Lloret decidieron convertirlo en sede de la Fundació Per Amor a l'Art. «Sabíamos de su interés por el arte aunque su colección apenas se conocía. Poco a poco se han ido desvelando detalles que dan muestra del nivel de sus adquisiciones y del excelente criterio. Se debe destacar el apoyo a artistas valencianos y su implicación, puesto que no solo compran sino que también producen -como la última serie de Bleda y Rosa, protagonistas de otra de las exposiciones inaugurales-», explica Rosa Santos, presidenta de los galeristas valencianos. La colección a la que hace referencia cuenta con 1.500 obras, que se han adquirido siguiendo criterios como el de Vicent Todolí. Estas se irán exhibiendo (con una rotación cada ocho meses) en dos de las cuatro naves que se abrirán la próxima semana e inspirarán las exposiciones que se alojarán en el resto de espacios. «Lo que define a la colección es un interés por el arte abstracto en todas sus formas», explicó Nuria Enguita, directora del centro.

«Estamos encantados de que suceda algo así en Valencia, nos beneficia a todos. Creemos que va a generar una gran actividad internacional. El hecho de que se dediquen al arte contemporáneo va a atraer hasta la ciudad a personas afines y una vez vienen no se conforman con visitar este u otro museo, acudirán a más espacios especializados», añade Rosa Santos.

Es curioso como en su día Bombas Gens ejerció de polo de atracción de fábricas y de viviendas y ahora se pretende que atraiga a turistas, mecenas y otros agentes culturales. En Valencia solo existe un caso parecido, la Fundación Chirivella Soriano que inauguró su sede en el palacio Joan de Valeriola en 2005. «Hay falta de tradición y está muy bien que el sector privado ejerza este tipo de compromisos. Espero que iniciativas como esta animen a que otros lo hagan. La apertura de Bombas Gens ayuda a Valencia a recuperar la credibilidad que había perdido y se suma a la transformación cultural que estamos viviendo y que desde fuera se admira», añade José Luis Pérez Pont, director del Consorcio de Museos.

«La creación de este centro puede ser una buena oportunidad para la colaboración entre entidades privadas e instituciones públicas que, como el IVAM, buscan la máxima difusión de las artes plásticas», afirma José Miguel Cortés, director del museo de arte moderno.

Atrás quedan los tiempos en que las instalaciones fueron tomadas por los republicanos para elaborar otro tipo de bombas durante la Guerra Civil. De aquella época se conserva un refugio antiaéreo, que también se podrá visitar. Otra de las sorpresas que deparó la rehabilitación (en la que han intervenido Eduardo de Miguel, Ramón Esteve y Annabelle Selldorf) fue una bodega del siglo XV. Si todos estos alicientes fueran pocos hace ya unos días que Ricard Camarena trasladó allí su restaurante con una estrella Michelín. «Tiene un menú muy caro para un barrio como este, pero vamos, yo tengo claro que voy a ir a almorzar allí todos los días», zanja con humor Paco Llamas.

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