Fabra y la plaça de bous, símbolos y sentimiento

Paseíllo de la reinauguración y alternativa de Fabra. Abajo, Fabra, excelente muletero. / APLAUSOS
Paseíllo de la reinauguración y alternativa de Fabra. Abajo, Fabra, excelente muletero. / APLAUSOS

Aula LAS PROVINCIAS celebra hoy el 50 aniversario de la alternativa del torero de Torrent y la reinauguración del coso

JOSÉ LUIS BENLLOCH

Ricardo de Fabra Esteve (Alcàsser, Valencia, 1944) fue el primer brote verde de la Valencia taurina contemporánea. La historia pesaba como una maldición. A los grandes, desde Fabrilo a Félix Rodríguez, parecía perseguirles una maldición; las promesas no acababan de cuajar y desde El Choni andaba huérfana de toreros; la historia estaba por encima de la realidad; las vocaciones escaseaban y peor aún, la ferocidad especuladora de la época amenazaba a la propia plaza, una de las joyas arquitectónicas más referenciales de la ciudad, para la que ya se le había buscado nueva ubicación en el extrarradio de entonces, a la vera del actual estadio del Levante UD. Afortunadamente surgió Ricardo de Fabra, de Alcàsser, recriado en Torrent, torero valiente y muy ligado a los sentimientos de la tierra, que removió el ambiente e ilusionó a los aficionados: y apareció una autoridad competente, menos mal, que frenó aquel atropello premeditado de la piqueta, con una idea definitiva -«En lugar de derribarla, muéstrenla»- y se acometió la reforma más importante de su historia. Se derribó la valla que la ahogaba y el coso que diseñó el arquitecto Sebastián Monleón emergió majestuoso a la vista del mundo. Ambas cuestiones serán los temas del Aula LAS PROVINCIAS, hoy martes, 27 de febrero, en el Centro Cultural La Beneficencia a las 19.30 horas.

El 10 de marzo de 1968 fue una jornada cargada de emociones. Los dos, Fabra y plaza, desde entonces caminarían de la mano hacia el territorio de las leyendas. Por la mañana las autoridades de la ciudad y la provincia, representantes de la empresa, entonces la "Nueva Plaza de Toros de Madrid S.A." que había cambiado el coste de las obras por diez años de gestión y ante la presencia de numerosos aficionados, asistieron a una misa en el centro del ruedo y bendijeron el nuevo coso, en el que se había reducido la dimensión del ruedo, ganado varias filas de barreras e invertido en seguridad. Por la tarde, Julio Aparicio en presencia de Diego Puerta, le concedía la alternativa a Ricardo de Fabra. Valencia tenía un nuevo matador y una nueva plaza.

Retirado de los ruedos en Valencia el 15 de mayo de 1983, Ricardo vive en Torrent desde donde reparte su tiempo libre entre su afición a los toros y su otra pasión, los caballos de tiro, deporte que se ajusta cual traje de sastre a su espíritu valenciano más tradicional. Aunque su carrera de torero no alcanzó un remate tan brillante como prometía en sus comienzos, estuvo en todas las ferias, alternó con los mejores en una época de muchos grandes, Ordóñez, Camino, Viti, Puerta, Cordobés, incluidos dos toreros de su promoción, salieron juntos de novilleros, como Manolo Cortés y Miguel Márquez, sin olvidar que junto a Santiago López y Julián García pusieron el alma y ánimo a una Valencia taurina que por aquel entonces dependía en exceso de los gustos e intereses de Madrid y su empresa.

Fue torero de los considerados valientes, fácil con el capote, sus lances a pies juntos tenían armonía y su muleta maridaba bien con los cánones clásicos por mucho que sobresaliese ante todo su decisión y coraje para ir siempre adelante como consecuencia de un valor natural, de los que afloran sin esfuerzo. En su carrera hubo tardes de mucha gloria torera más allá de su etapa novilleril. Barcelona, Murcia, Almería o Granada, donde cortó dos rabos el día de su presentación, y sobre todo Valencia, le vieron triunfar a lo grande tras la alternativa. Uno de sus momentos más redondos llegó en la feria de Julio de 1969, tres orejas y un rabo la primera tarde, en la que Santiago López cortó tres apéndices, y otras tres y rabo en la segunda actuación en la que alternó con Manolo Martínez y Manolo Cortes, día memorable para su leyenda en la que sacó la senyera al ruedo reivindicando su valencianía.

Por todo ello le gusta repetir cuando le preguntas si han valido la pena las cornadas, los sinsabores y las renuncias. «Claro que han valido la pena. Si volviera a nacer sería torero de nuevo. I si tornara a nàixer atrà vega, Pepe, tornaría a ser torero. Segur».

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