El éxito de Manolo Valdés

Manolo Valdés posa ante una de sus creaciones incluida en la muestra. / JESÚS SIGNES
Manolo Valdés posa ante una de sus creaciones incluida en la muestra. / JESÚS SIGNES

La antológica 'Una visión personal' reúne 150 obras, un tercio de ellas inéditas, del internacional artista valenciano

VALENCIA.

'Valdés. Una visión personal' me trae a la memoria un aforismo del poeta griego Esquilo de Eleusis no exento de sentido del humor: «Pocos hombres tienen la fuerza suficiente para alegrarse del éxito de un amigo sin sentir cierta envidia». Soy amigo de Manolo Valdés (Valencia, 1942), le conozco desde los años setenta, le he entrevistado varias veces, frecuenté el estudio de la calle Turia que compartía con Rafael Solbes (etapa de Equipo Crónica) y visité sus casas valencianas de Doctor Sumsi, Eduardo Boscá y calle La Paz (ahora vive en Nueva York). El año 2000 me invitó a la presentación en el Museo Peggy Guggenheim de Venecia de una carpeta de grabados suyos. Sentir 'cierta envidia' de los triunfos de nuestros amigos es muy humano. Si bien la envidia maligna es despreciable y dañina, hay una envidia habitable que no es sino admiración y reconocimiento. Por otra parte, lo más envidiable de Valdés, el más internacional de los artistas valencianos actuales, es lo mucho que disfruta con su trabajo. Rafael Solbes (1940-1981) me decía: «Me siento culpable por ganarme la vida haciendo lo que más me gusta, que es pintar». Solbes, en cuyos análisis ideológicos estaba siempre presente la lucha de clases, pensaba en la gente mal pagada por hacer los trabajos más duros.

Vi la antológica de Valdés en Bancaja al día siguiente de inaugurarse. Unas 150 obras, un tercio de ellas inéditas y otras veinte no expuestas en Valencia. Sentido del humor y gravedad, homenajes a Velázquez, Matisse y Picasso, invenciones que toman cuerpo como exigentes mandatos interiores. Esculturas en madera, alabastro, aluminio, acero... Collages, pinturas, retratos, cabezas, formas abstractas. Todas sus etapas, desde los años ochenta, cuando inició un camino en solitario, hasta este mismo año. «Pintar es para mí como respirar, es una pasión, una necesidad», afirma Valdés. Lo sabemos porque se nota.

Pues bien, iba yo tomando notas en Bancaja sobre la exposición ('Alambres', 2016... una nueva línea de trabajo; 'Homenaje a Tàpies'; 'Máscara con aluminio'; serie 'Helene'; 'Abanico', arpillera, 1991; 'Mickey Mouse y Minnie en moto', una divertida escultura; 'Doble retrato', 2017; 'Sobre Arp', 1988; 'Librería', 1996...). Enfrascado en la tarea de anotar impresiones, nombres y fechas, alguien me puso la mano en el hombro. Me giré. Era Manolo Valdés. Me dedicó palabras cariñosas y me presentó a quien le acompañaba. Era su galerista suizo, creo. No estoy seguro porque me puse nervioso.

Kosme de Barañano, comisario de la antológica, afirma en el monumental catálogo: «Este universo de formas, que a su vez congrega otras formas en una mirada de facilidad, persigue que nuestro ojo se comprometa y trabaje. La obra de Valdés es una obra que nos exige, es literatura sobre la literatura, mejor dicho pintura sobre pintura (...) Es una obra que invita a una mirada comprometida y que exige una reflexión sobre el mundo del arte, desde ella misma, y se hace con sus propios elementos narrativos, forma y color, fuerza e imaginación».

Las obras de Manolo Valdés forman parte de las colecciones de los más importantes museos de Alemania, América Latina, Asia, Bélgica, España, Finlandia, Francia, Italia, Israel, Rusia, Suecia y Estados Unidos. Hay esculturas suyas en espacios públicos de Alemania, China, Estados Unidos, Francia, Mónaco y España.

'Valdés. Una visión personal' podrá verse en Bancaja hasta el 25 de marzo.

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