Una definición de lujo nada lujosa

Tienda de Loewe, firma que ha solicitado a la RAE el cambio de la definición de lujo./Archivo
Tienda de Loewe, firma que ha solicitado a la RAE el cambio de la definición de lujo. / Archivo

Los empresarios del sector piden a la RAE que modifique la acepción del vocablo acercándola a lo emocional más que a lo material

Miguel Lorenci
MIGUEL LORENCIMadrid

«Demasía en el adorno, en la pompa y en el regalo». «Abundancia de cosas no necesarias». «Todo aquello que supera los medios normales de alguien para conseguirlo». Son las tres acepciones que el Diccionario de la Real Academia Española (DRAE) ofrece de la palabra 'lujo', derivada del latín 'luxus'. Unas definiciones que desagradan y chirrían a los empresarios del sector, que se han dirigido al director de la docta y tricentenaria casa pidiendo que las modifique. Quienes limpian, fijan y dan esplendor a la lengua que compartimos 500 millones de humanos han dicho, como suelen, que toman nota. Que ya se verá qué opinan de la cuestión los académicos de ambas orillas del idioma.

El Círculo Fortuny, la asociación que aglutina a 62 empresas e industrias del sector del lujo en España, quiere que la RAE pula la definición. Que la acerque más a lo emocional que a lo material y la libere de una connotaciones que juzgan «bastante negativas», y por tanto «mejorables».

Carlos Falcó, marqués de Griñón y presidente del exclusiva agrupación empresarial percibe que la actual acepción del diccionario «tiene que ver con algo reservado a los ricos». Lamenta que sugiera «que el lujo es ocioso y no sirve para nada». Cree el aristócrata que la definición es de todo menos un lujo y «que cabe una acepción mejor y más positiva» para el sector que las tres del DRAE, que además tilda de 'asiático' al lujo cuando este se extrema.

El comité del Círculo Fortuny abordó el asunto en una reunión de la que surgió el compromiso de «buscar una definición mejor», algo que parece tácitamente suscrito entre Enrique Loewe, presidente de honor de esta asociación y durante décadas al frente de la exclusiva firma española, y Darío Villanueva, el director de la RAE.

La percepción del lujo de Falcó está lejos del exceso y la adquisición de carísimos bienes suntuarios, como los vinos y aceites de sus bodegas y almazaras, o los bolsos de la multinacional de la marroquinería y la ropa. Lujoso es para el exmarido de Isabel Preysler cocinar una tortilla de patatas con el primer aceite de su cosecha para su familia. «Esto sí es un lujo» reitera reclamando un definición en ese sentido que destaque la emoción más que el dinero, «que busque de alguna manera la cultura y dé la sensación de ser algo irrepetible».

«Están en ello, pero llevará su tiempo», reconoce Falcó, que sabe que, como las cosas de Palacio, «las de las academia van despacio». Las reclamaciones a la RAE son habituales -mujeres, gitanos, o judíos llevan años denunciado presuntas discriminaciones sexistas y racistas- pero el tramite habitual supone que cualquier nueva definición deba aprobarse tanto por el pleno de la RAE como por de las 22 academias 'hermanas'. «No hay ninguna modificación aprobada» precisan desde el viejo caserón de la Calle Felipe IV. Admitien, sí, que la petición se formuló y está en estudio, pero reclaman paciencia y tiempo «para que los expertos trabajen». De aprobarse, la modificación podría incluirse en la actualización del DRAE que se producirá a finales de año.

Ademas del Círculo Fortuny, Falcó preside la European Cultural and Creative Industries Alliance (ECCIA) que integra a más de 500 empresas en Europa de un sector que emplea a 1,7 millones de personas. Según sus datos, la industria del lujo factura ya 1,2 billones en el mundo, el doble que en 2010.

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