Enrique Senís demanda a la Universitat Politècnica de Valencia por no colocar su mural

Una de las escenas del mural, que fue desenvuelto hace más de un año para ver su estado. / LP

El pintor, que realizó la obra hace 17 años, reclama que se instale en la biblioteca o que se le indemnice como recoge el contrato firmado con la institución

Noelia Camacho
NOELIA CAMACHOValencia

Asegura que no quería llegar a tal extremo pero el pintor valenciano Enrique Senís Oliver ha tenido que recurrir a la Justicia ante la negativa de la Universitat Politècnica de Valencia (UPV) a colocar el mural que realizó hace ahora 17 años para decorar el techo de la biblioteca del campus.

El artista, que recibió el encargo de crear un gran tapiz para el edificio, -que tiene el título de 'Valencianos, a volar'- y por el que cobró 30 millones de pesetas en aquel momento, ha visto como la pieza llevaba guardada en el fondo de arte de la UPV todo este tiempo. Hace dos años y medio que LAS PROVINCIAS se hizo eco de este hecho y descubrió que la tela estaba guardada enrollada en un almacén. La institución académica se comprometió a buscar soluciones e, incluso, barajó distintas opciones para cumplir el contrato que se había firmado con el autor.

No hay que olvidar que en el documento, como reveló este periódico, se recoge que la obra «no podrá ser destinada a otro fin que el expresado en el presente contrato» (instalarse en la biblioteca) y que si se incumplía, la Politècnica debía indemnizar a Senís con «el triple del valor de la obra», es decir, 90 millones de pesetas. Una cantidad que, en euros, ascendería a los 540.000 euros. A esto se enfrentan desde la UPV si, al final, no se llega a un acuerdo. Porque ambas partes están llamadas a un acto de conciliación en el Juzgado número 16 de Valencia a mediados de este mes. Si no es así, la no colocación del tapiz irá a juicio.

Enrique Senís lo tiene claro: la obra se creó 'ad hoc' para la biblioteca del campus de la Politècnica. Confiesa que esta decisión, la de llegar hasta los tribunales, viene motivada por la ausencia de una «solución amistosa» por parte de los responsables de la entidad académica. Reitera, además, que en los últimos tiempos ni siquiera ha habido contactos para llegar al entendimiento y que las múltiples opciones que le dieron no cumplían con lo estipulado en el contrato.

En esta línea, cuando denunció en 2015 que 'Valencianos, a volar' no se había colocado desde su creación y que se conservaba enrollado en los fondos artísticos de la facultad, la UPV alegó que «la falta de medios» impedía su instalación. Es más, el techo de la biblioteca donde originariamente se iba a situar, había sufrido modificaciones estructurales, lo que hacía aún más complicada su colocación. Incluso llegó a ofrecer a Senís su montaje en otro edificio o en un salón de actos de algún inmueble del campus, pero el artista alegó -y sigue defendiendo su postura- que habría que «destrozarlo» al ponerlo en un espacio para el que no fue pintado.

Es más, técnicos de la UPV llegaron a cifrar las obras para emplazarlo en su lugar original en 900.000 euros, un montante que, aseveraron, era inasumible por la universidad. También barajaron la búsqueda de un museo o un edificio público para exhibirlo. Una idea que no llegó a materializarse.

El mural que no ha visto la luz

El rector de la UPV, Justo Nieto, quien gobernaba en la institución académica en el año 2000, encargó a Senís el mural 'Valencianos, a volar' para coronar el techo de la nueva biblioteca del campus. Le pagó al artista 30 millones de las antiguas pesetas por una obra que, en palabras del pintor, era una alegoría de la superación y al valor y capacidad de la universidad para formar a los jóvenes. Una gran pieza que contenía elementos típicos valencianos como los estandartes de Les Corts, el Ángel Custodio, la Virgen del Puig y San Jorge así como reminiscencias a un monumento tan autóctono como La Lonja. Pero, además, estaba repleta de numerosas senyeras. Unos símbolos por los que, confesó Senís, desde la universidad le habían asegurado que podían herir la sensibilidad catalanista de un sector de la universidad. Un hecho, real o no, que hizo que el mural no se colocara nunca y que, finalmente, haya obligado al autor valenciano a llegar hasta los tribunales.

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