El enigma del Vaso de los Guerreros

Imagen del Vaso de los Guerreros, una joya única del arte ibérico mediterráneo. / jesús signes
Imagen del Vaso de los Guerreros, una joya única del arte ibérico mediterráneo. / jesús signes

El museo de Prehistoria exhibe la pieza restaurada, hallada en 1934, sobre la que recaen diversas teorías sobre sus dibujos Una exposición rescata una joya del arte íbero del siglo segundo antes de Cristo

NOELIA CAMACHO VALENCIA.

¿Se trata de una batalla? ¿O es una recreación ritual de una contienda? Estos son algunos de los enigmas que se desprenden de los jinetes dibujados en el Vaso de los Guerreros, una joya del arte íbero de la zona mediterránea hallada en 1934 en el yacimiento del Tossal de Sant Miquel de la localidad de Llíria, conocida como la antigua Edeta.

La pieza es el núcleo principal de la muestra 'El enigma del vaso. Obra maestra del arte ibérico', una exposición que ayer se inauguró en el museo de Prehistoria de Valencia y que no sólo exhibe a este hallazgo tan importante del período íbero sino que traza la historia de la vida social de la época.

El Vaso de los Guerreros, que vuelve a ver la luz tras un largo y complejo proceso de restauración realizado por el Servicio de Investigación Prehistórica del museo, es una vasija única. No sólo por su datación, de finales del siglo III o principios del II a. C. sino también por el extraordinario diseño de la pieza cerámica. En ella, según contó ayer el experto Jaime Vives -Ferrándiz, aparecen «seis jinetes y seis infantes». De esa representación en el friso nacen las incógnitas de la pieza. Según algunos estudiosos, esta secuencia de los guerreros podría representar una batalla. Sin embargo, otras investigaciones defienden que es una simple recreación ritual de una contienda, «algo muy común en la cultura de aquel momento», contó Vives-Ferrándiz. En este sentido, contó que el friso que «es continuo pero marcado por dos personajes que están enfrentados, uno de ellos con una espada y otro con un escudo» a partir de los cuales se desarrolla una secuencia. «El friso es un elemento que lo convierte en un ejemplo único, no solamente de todo el arte ibérico, sino del arte Mediterráneo», añadió la directora del museo de Prehistoria, Helena Bonet.

Pero la muestra va un paso más allá. «Algunas de estas cerámicas presentan escritura, letras y a veces textos escritos vinculados a las imágenes», explicó el también comisario del proyecto, quien aseguró los nombres que aparecen y que no tienen traducción, «probablemente están vinculados a las familias del Tossal de Sant Miquel que hacían el encargo de este tipo de utensilios».

Por ello, y con la intención de hablar de los habitantes de esta zona, la exposición presenta otras piezas de yacimientos ibéricos valencianos que ilustran aspectos sobre el taller y el estilo de quien lo pintó y objetos representados en el vaso, especialmente el armamento que llevan los jinetes e infantes. Además, se acompaña de documentos, fotografías y dibujos de archivos de la documentación de aquellos primeros trabajos de 1934 que se mostrarán por primera vez a los visitantes del museo.

La muestra, que se acompaña de un catálogo con estudios de especialistas de ámbito nacional, estará abierta al público hasta marzo de 2018 y se han programado diversas actividades complementarias. Hasta Navidad habrá visitas guiadas todos los sábados a las 11 horas y los sábados y domingos de noviembre y diciembre se realizarán talleres didácticos relacionados con la cerámica ibérica.

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