La difícil supervivencia del teatro privado

Los teatros privados de la ciudad viven tiempos muy complicados. / S. Donà
Los teatros privados de la ciudad viven tiempos muy complicados. / S. Donà

Las salas valencianas lidian con la falta de ayudas y reclaman más apoyos a las instituciones públicas | La eliminación de la subvención directa al mantenimiento de los espacios y las trabas administrativas dificultan el futuro de los auditorios

Noelia Camacho
NOELIA CAMACHOValencia

No es fácil subir un telón en Valencia . Sobre todo, si lo hace un teatro privado. No son buenos tiempos para estas empresas, que ven que cada vez más complicada su supervivencia en el ámbito de las artes escénicas de la ciudad. En el acto de celebración de los 25 años de la Associació d'Empreses d'Arts Escèniques del País Valencià (AVETID) en Gandia se puso de relieve que aún falta camino por recorrer para que las salas superen la crisis y recuperen espectadores.

Necesitan aliados en la Administración y en el público, pero no siempre se encuentran los apoyos requeridos. El último movimiento del Ayuntamiento de Valencia no ha sido bien visto por las salas privadas. El Consistorio, concretamente el área de Acción Cultural, ha eliminado las ayudas al mantenimiento de las salas privadas este año, como publicó LAS PROVINCIAS. De los 300.000 euros que había destinado la concejalía a las artes escénicas de la ciudad -un 30% más que el año pasado- ningún euro ha ido a parar a estos espacios. El enfado entre los propietarios ha estado muy latente. «Hemos sostenido durante los últimos tiempos la cartelera escénica de la ciudad en sustitución de los teatros públicos», sostienen. «Ha sido una decepción porque desde hace años había ayudas públicas a las empresas», aseguraba a este periódico uno de los responsables de Sala Russafa, Juan Carlos Garés. En este sentido, desde Espacio Inestable, Jacobo Pallarés, resaltaba que la nueva orden de ayudas «no beneficia al sector de manera conjunta» y, además, instaba al Ayuntamiento a que aumente el presupuesto para reactivar al sector.

"Nosotros ahora nos ceñimos sólo a proyectos", alega la concejala María Oliver

«Desde la concejalía de Acción Cultural no entienden lo complicado que es mantener una empresa y que, además, sea un negocio sostenible. No se dan cuenta de las dificultades. Se pueden tener criterios diferentes pero que no excluyan a una parte del sector. Las artes escénicas no se han recuperado de los recortes que vinieron con la crisis y que fueron de un 80%. Hay un criterio político que excluye a las salas», dijo en aquel momento la presidenta de la Associació d'Empreses d'Arts Escèniques del País Valencià (AVETID) y gestora del teatro Olympia y del Talía, María Ángeles Fayos.

La concejala de Acción Cultural, María Oliver, admitió que la exclusión de los espacios de titularidad privada de las ayudas ha variado de criterio en este 2017. En años anteriores, dijo, no se les subvencionaba como sala sino como «estructura empresarial». «Nosotros ahora nos ceñimos a proyectos», afirmó en referencia a que su concejalía otorgara ayudas a la producción de espectáculos y no a teatros.

Sin licencias

Otro de los problemas que atraviesan los teatros privados son las trabas administrativas que dificultan su día a día, ya que están sometidos a una especie de limbo legal en lo que se refiere a las licencias de actividad, que las equipara a una discoteca o a una sala de conferencias. Esto es a lo que deben acogerse los escenarios privados de Valencia para ajustarse a la normativa que les permita abrir sus salas y mantener su actividad. Fue en 2008 cuando se originó la problemática. En ese momento, se publicó una ordenanza sobre contaminación acústica que imposibilita desde entonces la creación de espacios teatrales en la ciudad y las equipara con actividades de ocio nocturnos, incluyéndolos en el Grupo 1 de discotecas. «No tenemos ni la misma actividad, ni los mismos horarios que una discoteca. Tampoco obtenemos los ingresos porque ellos sí venden alcohol. Lo único que pedimos es una regulación específica que nos permita desarrollar nuestra actividad», denunciaron hace unos meses los profesionales del sector, muchos de los cuales, destacaron que se estaban viendo abocados a «cerrar sus locales».

Hace apenas una semana echó el cierre la sala Zircó y en octubre Microteatre también bajó el telón

Sin ayudas, sin licencias y con el temor a tener que bajar la persiana, estos establecimientos son unos supervivientes. Sobre todo porque en algunos se han cumplido los peores presagios y han tenido que cerrar. El último ejemplo ha sido el de la sala Zircó. La pasada semana, los responsables del espacio comunicaban su clausura. Situada en la calle Joaquín Navarro, se abrió en 2009 y contaba con cien localidades. Antes que ella, Microetatre también bajó el telón el pasado octubre. Había seguido la estela de otros espacios de estas características como los que había ubicados en Sevilla y Madrid. El local, situado en la calle Cádiz de la capital del Turia, congregaba cada fin de semana a decenas de espectadores que querían disfrutar de este tipo de propuesta escénica íntima y sorprendente, limitada apenas a unos pocos asistentes, que no obstante no han sido suficientes para que la sala pudiera continuar funcionando. «Ha sido una estupenda aventura que hemos disfrutado intensamente estos tres años y medio. Agradecemos a los que habéis trabajado detrás de la barra, a los actores, directores, autores , colaboradores, espectadores y amigos que habéis formado parte de este proyecto por transmitirnos vuestro cariño e ilusión», dijeron sus responsables.

No fue un caso exclusivo. Hace un año se despedía Lluerna Teatre. Tal y como adelantó LAS PROVINCIAS, la crisis económica terminó con la permanencia tanto del espacio situado en el barrio de Benimaclet como la compañía escénica, que se había fundado en 1989.

No son buenos tiempos para el teatro en Valencia. Ni para el privado ni parece que para el público tampoco. Porque espacios como el Escalante continúa sin sede fija para instalar la programación después que la Diputación de Valencia decidiera no renovar el alquiler del palacete de la calle Landerer por los desperfectos del edificio. Curiosamente, han sido las salas privadas las que han salido a su rescate y le han prestado sus escenarios para que se instalen los montajes de esta temporada. Y en diciembre de 2016, las intensas lluvias caídas en la ciudad causaron daños en el patio de butacas del Espai Mutant de las Naves. Desde entonces, está cerrado a falta de obtener la licencia para reabrirse ya que ya se han finalizado las obras para arreglar el espacio. A partir del próximo 2018, el equipo del Teatre El Musical gestionará el espacio.

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