Días aciagos para Sergi Arola

Sergi Arola y Sara Fort. / j. l. torija
Sergi Arola y Sara Fort. / j. l. torija

Lo curioso de su caso es que hay muchas entrevistas donde critica a determinados colegas porque carecen «de espíritu empresarial»

ANTONIO VERGARA

Fui a un quiosco de prensa para comprarle una revista 'de cotilleos' a un antigua alumna del colegio Centro Santa María de Loreto. Hojeé el sumario ('Madonna se muda a un palacete en Lisboa', 'Así visten los concursantes de 'OT', o 'Carmen Martínez-Bordiù: Tim, su mejor apoyo').

Le entregué la publicación a la antigua alumna -hoy madre- del Centro María de Loreto y a cambio, me invitó a cenar. Me condujo a un local de moda -para 'foodies-, de cocina hawaiana-coreana-mexicana. Desde la mili no había comido peor. Pero ella lo hizo con buena intención. Es una 'hedonista à la mode'.

Pero pasando las páginas, me encontré, de improviso, con este sensacionalista titular: 'Hundido y sin un euro'. «Cáspita», me dije. ¿Quién será? Lo supe inmediatamente fijándome en el 'homeless' que ilustraba el texto firmado por Juan Luis Galiacho. Era (es) el afamado cocinero Sergi Arola, quien en su buena época tenía dos estrellas Michelin.

Las tres fotos son fúnebres y sombrías. Arola va vestido descuidadamente, con una parca roída, como si regresara del Polo Norte o estuviera a punto de enrolarse en una expedición hacia la Antártida. Su largo y enmarañado cabello recuerda al del Yeti (si existe). La mirada es inexpresiva, extraviada. Da pena, para abreviar. Y más pesadumbre nos da a quienes lo hemos tratado desde el Congreso de Alta Cocina de Vitoria (1997), y más concretamente en la sección Campeonato de Jóvenes de Alta Cocina. Sergi Arola, que entonces trabajaba en Talaia Mar (Barcelona) -de donde salió la famosa tortilla de patata 'deconstruída' y en copa de cóctel-, ganó en la tercera edición (1998). Fui uno de los miembros del jurado. En esos campeonatos anuales se revelaron, entre otros, Andoni Luis Aduriz y Joan Roca. En 1997 abrió en Madrid un pequeño restaurante. Tenía solo diez mesas. La cocina era casi microscópica. Pero Arola, que portaba el bagaje de diez años con Ferran Adrià, ya destacaba por su buen gusto e imaginación. Fui una noche a cenar. De categoría. El local estaba en la calle Dr. Fleming, célebre por su 'colonia' de militares norteamericanos y por la picante comedia cinematográfica 'Madrid, Costa Fleming' (1976).

Posteriormente, la pareja se trasladó al Hotel Miguel Ángel e inauguró el restaurante La Broche. El 27 de enero de 2003 cenamos aquí con motivo de la presentación en la Fundación Wellington del espectacular libro 'Viaje en autobús' (1942), de Josep Pla. A mí me correspondió hacer la presentación pública, y a Miguel Calatayud, gran ilustrador (valenciano de Aspe), los dibujos.

Excelente cena. Nadie sospechaba que diez años después -en junio de 2013- comenzaría su declive profesional, económico y sentimental. Era junio de 2013. Arola había abandonado el hotel Miguel Ángel en 2008 y cocinaba en Sergi Arola Gastro (calle Zurbano, 31), intentando capear la crisis económica. Según el testimonio de Sara Fort, directora del comedor, 'cuando había unas 40 personas comiendo en el restaurante, un grupo de funcionarios de Hacienda han precintado la bodega, una mesa de la sala y el espacio de coctelería, tras realizar un inventario de los activos del local'.

Arola y la muy competente Sara Fort se habían divorciado en 2012. Él entabló una relación con Silvia Fominaya, modelo y azafata de 'Telecupón'. De niña hizo un papel en 'Blanca Nieves y los siete enanitos'. Dicha relación duró muy poco.

Lo curioso del 'caso Arola' es que hay muchas entrevistas donde critica a determinados colegas porque carecen «de espíritu empresarial». Números de este chef. Una deuda con la Seguridad Social de 160.000 euros; otra con la Agencia Tributaria por una cuantía de 148.000 euros. En 2012 declaró unas pérdidas de 775.110 euros. Y en 2015, de 1.300.000 euros.

¡Pobre Arola! Sé que tu vocación fue siempre la de rockero, motero, tertuliano político en '¡A vivir que son dos días!' (Cadena Ser), viajero, 'onegé', asesor de restaurantes, etc. Siempre te quedará el honor de haber inventado las patatas bravas torneadas. ¡Ánimo!

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