«Mucha gente me dijo que parara, pero soy un estúpido»

Terry Gilliam. / RC
Terry Gilliam - Director

«Lo único malo de España es el exceso de orgullo», afirma el cineasta, que estrena 'El hombre que mató a Don Quijote', su proyecto maldito

Álvaro Soto
ÁLVARO SOTOMadrid

Cuenta la actriz portuguesa Joana Ribeiro, la 'Dulcinea' del Quijote de Terry Gilliam, que cuando el director norteamericano (Mineápolis, 1940) empezó a trabajar en su película, ella aún no había nacido. Esa es la medida de la leyenda de 'El hombre que mató a Don Quijote', la cinta que el exmiembro del legendario grupo de humor Monty Python, autor de obras tan reseñables como 'Brazil' o 'Doce monos', siempre soñó con rodar y que estrena tras infinitas visicitudes. Casi 30 años después de ser concebido, el proyecto maldito de Gilliam ve la luz, con Jonathan Pryce convertido en Don Quijote, Adam Driver en el papel de un director de cine con el alma de Sancho Panza y la participación de los españoles Sergi López, Jordi Mollá, Rossy de Palma y Óscar Jaenada. El filme fue estrenado en Cannes y la crítica coincidió en que era una obra excesiva, un carnaval continuo en el que no cuesta pensar que el Quijote y Gilliam son, al final, el mismo personaje.

-¿Qué siente un director de cine cuando consigue terminar un proyecto tan costoso como este?

-Estoy muy orgulloso porque creo que hemos hecho un gran trabajo. Durante el rodaje formamos un gran equipo, con un grupo de actores fantásticos, y hemos logrado hacer una película muy buena.

-En todo este tiempo, cuando todo fallaba, ¿pensó alguna vez en tirar la toalla, en abandonar?

-Tuve la tentación de tirar la toalla muchas veces, pero lo que me sucedía es que, de repente, tras un día de desesperación, al día siguiente me levantaba con más ganas. Esto es lo que ocurre cuando pasas 20 años pensado en una película: tienes momentos álgidos y momentos de bajón.

-Y en esos momentos de bajón, ¿qué le llevaba a seguir, a no desfallecer?

-Es que soy estúpido (risas). En este tiempo, mucha gente me dijo que parara, pero yo dije que no quería parar. Cuando uno decide subir el Everest, tiene que llegar hasta el final, a la cima.

-Hay muchas diferencias respecto al proyecto inicial, pero ¿en qué se parece esta película a la que usted tenía en la cabeza?

-Se parece en que tenemos al Quijote todavía (risas) y en que tenemos a nuestro hombre moderno que se convierte en Sancho Panza. La película es un poco más compleja de lo que era al principio, pero la idea principal no cambia. Don Quijote es un hombre que ve el mundo de una forma completamente distinta al resto y sigue empeñado en que la realidad es como él la ve. Adam (Driver) interpreta es un director de anuncios y siempre he pensado que su pecado original era el de ser un hombre con talento que decide hacer anuncios en vez de películas de verdad, lo que en el fondo es un castigo que después lo lleva a convertirse en un ser humano mejor.

-¿Se identifica usted con la forma en que El Quijote ve el mundo, tan distinta a como lo hacen los demás?

-Probablemente, con esta película estoy tratando de entender mi propia existencia. Cuando era niño, yo pensaba que veía la realidad como el resto de la gente, pero luego me di cuenta de que no, de que me equivocaba. Y resulta que ahora mi visión del mundo me gusta más que la de los demás.

«El mundo actual es una locura contra la que ninguna comedia puede competir»

-¿Qué le pareció 'Don Quijote' cuando lo leyó?

-La primera vez que leí el libro fue después de recibir 20 millones para hacer la película (risas). Me encanta la historia, tiene muchos giros, no es un camino recto. De repente habla de los reinos moros, luego está en una familia, en un pueblo. Pero la que de verdad me enganchó fue la segunda parte. Es un libro tan moderno... Siempre he dicho que Pirandello lo aprendió todo de la segunda parte del Quijote. Me emocionó.

-La película se localiza en Toledo y Fuerteventura, además de otros lugares en Portugal. ¿Cómo ha sido rodar en España?

-Tuvimos suerte porque rodamos al aire libre y nos hizo buen tiempo. Además, la gente del rodaje participó, muchos de ellos con sueldos más bajos que en otros trabajos, porque sabían que estaban en un proyecto marcado por la historia. Y este tipo de inspiración le da un gran valor a la película.

-La cinta retrata a los españoles como apasionados y religiosos. ¿Qué imagen tiene usted de los españoles?

-Me gusta la pasión que hay en este país. Cuando ves el arte español, los festivales que hay en la calle, eso te dice mucho sobre los españoles y uno piensa que están locos. Aquí, las crucifixiones son más sangrantes y más dolorosas que en cualquier otro lugar, se ve cómo la carne sangra y cómo el Cristo sufre. En Sevilla, en Semana Santa, ves a los niños tomando un helado en la calle, aparece la Macarena y todos se callan de repente. Lo más interesante son los contrastes y lo único malo es el orgullo español, es demasiado grande.

-Si los Monty Python volvieran a reunirse en este mundo de Trump y el 'brexit', ¿estarían encantados?

-Lo que está pasando ahora en el mundo es una locura, una locura diferente contra la que ninguna comedia puede competir. Eso sí, creo que la mitad de los Python está de acuerdo con el 'brexit' y la otra mitad, en contra.

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