El papel, protagonista en el cine

'Todos los hombres del presidente' (1976). Relato de la investigación de dos reporteros de 'The Washington Post' (en la ficción Dustin Hoffman y Robert Redford) que obligaron a dimitir al presidente Nixon por sus escuchas ilegales en el 'Watergate'. /
'Todos los hombres del presidente' (1976). Relato de la investigación de dos reporteros de 'The Washington Post' (en la ficción Dustin Hoffman y Robert Redford) que obligaron a dimitir al presidente Nixon por sus escuchas ilegales en el 'Watergate'.

Hollywood potencia los argumentos que sitúan a la prensa como contrapoder. «Sería sano ver crecer esa veta en nuestro cine», pide el guionista español Javier Olivares

ANTONIO CORBILLÓN

En Hollywood se produjo este domingo un «desplazamiento tectónico». O al menos, así lo sintió Frances McDormand, ganadora del Globo de Oro a la mejor actriz. Pero su 'temblor' no fue por su estatuilla sino por el hechizo que desplegó durante sus nueve minutos de discurso la también premiada y mayor estrella de la televisión de Estados Unidos, Oprah Winfrey. No fue la única. «Hollywood ha cambiado para siempre», dijo la productora también galardonada Reese Witherspoon. Para completar la magia de la jornada ya hay quien, como Meryl Streep, avanza la candidatura de Winfrey, mujer y negra, a la presidencia del país.

El hechizo de Oprah vino por su discurso feminista, cuando por fin la Meca del cine ha dicho ¡basta! a todos los Harvey Weinstein (productor acusado de abusos sexuales a las actrices) de su industria. Pero también por reclamar el papel de la prensa en un tiempo en el que «está bajo asedio». Esos mismos medios de comunicación cuya complicidad con las denuncias de las actrices está ayudando a limpiar los estudios de acosadores, dando difusión a campañas como #MeToo (YoTambién).

La voz más respetada del entretenimiento americano se puso seria para decirles a los periodistas que «valoro a la prensa más que nunca, mientras navegamos estos tiempos complicados, lo que me lleva a esto: lo que sé es que decir tu verdad es la herramienta más poderosa que tenemos todos».

«El mundo del cine suele estar comprometido con los temas sociales»

No le citó ni una sola vez, pero en la mente de todos quedó flotando la campaña de Donald Trump contra los medios que le critican. El discurso de Winfrey enlaza con la advertencia que lanzó el último día de 2017 Peter Preston, el periodista que convirtió al británico 'The Guardian' en referencia europea de la gran prensa de denuncia. En su testamento profesional (murió el pasado sábado) dedicó su columna en 'The Observer' a advertir contra gente como Trump y su «obsesión por matar al mensajero».

Hollywood nunca había perdido el interés por las películas sobre periodismo. Siempre han sido un género en sí mismas. Lo llamativo en los últimos años es el prestigio, y los reconocimientos que estás ficciones sobre el papel de los medios están alcanzando.

Meryl Streep clamó el domingo por una candidata mujer y negra, mientras los espectadores americanos recibieron las últimas navidades con el estreno de su última cinta: 'Los papeles del Pentágono'. A las salas españolas llegará el viernes 19 de enero.

Dirigida por Steven Spielberg cuenta la filtración que permitió publicar a los diarios 'The Washington Post' y 'The New York Times' documentos secretos sobre la participación de Estados Unidos en la Guerra de Vietnam. La trama viaja a junio de 1971 y cuenta la determinación de la mujer más importante de la historia del periodismo mundial: la editora de 'The Washington Post', Katharine Graham, de luchar por lo que Oprah Winfrey definió como «la dedicación insaciable por descubrir la verdad absoluta».

Graham se enfrentó junto a su director, Benjamin Bradlee (Tom Hanks) a las presiones de la Casa Blanca para que no publicaran las filtraciones que les llegaban desde el cuartel general militar (el famoso Pentágono). Graham y Bradlee son los mismos protagonistas que, unos años después, apoyaron a dos jóvenes reporteros que tiraron del hilo de otra 'garganta profunda' (fuente desde el poder) y que dio lugar al escándalo del 'Watergate'. Su premio final: ser los primeros periodistas que provocan la dimisión de un presidente corrupto en EE UU (Richard Nixon, 1974).

Hollywood también llevó aquella historia al celuloide y convirtió a 'Todos los hombres del presidente' (Alan Pakula, 1976) en el mayor homenaje al rol de los medios de comunicación como contrapeso del poder. Los rostros juveniles de Dustin Hoffman y Robert Redford completaron un 'bombazo' que se llevó cuatro premios Oscar.

¿Por qué no en España?

«En Estados Unidos hay una épica que le define como el país de la libertad y la democracia. La cultura anglosajona sabe explotar como nadie relatos importantes pero con trasfondo social», reflexiona el guionista y creador de series como 'El ministerio del tiempo', Javier Olivares. El también historiador mira hacia el panorama español y echa en falta «algo así, que sería muy sano y necesario. Se nos da mejor viajar al siglo XVI que hablar de lo que nos pasa hoy».

La película de Pakula llenó las universidades de Periodismo (también las entonces incipientes españolas) de aspirantes a ser como aquella pareja de inasequibles reporteros. Con un similar éxito de premios (cuatro Oscar), su coetánea 'Network' (Sidney Lumet, 1976; traducida en España como 'Un mundo implacable') reflejó, desde el exceso satírico, la tiranía de las audiencias en los informativos de televisión.

La nómina de títulos es casi tan antigua como el cine, aunque bastantes análisis tienden a pulsar el botón de arranque con la mitificada 'Ciudadano Kane' (Orson Welles, 1941). El director de la Cátedra de Cine de la Universidad de Valladolid (UVA), Javier Castán, no se aventura a hacer diagnósticos sobre si el cine ha sido justo o injusto con el papel de la prensa en la sociedad. «Tal vez el balance no sea del todo positivo. Pero siempre ha tratado a los medios de forma muy poliédrica porque la sociedad también lo es», templa.

En esos vaivenes argumentales, Hollywood, temerosa de perder credibilidad, ha impulsado en los últimos veinte años una apuesta por títulos que reclaman un papel clave para la prensa. Y siempre conectadas con la realidad.

En 'Cortina de humo' ('Wag the dog', 1998), un productor se inventa un conflicto bélico para dar carnaza a la cadena CNN y desviar la atención sobre un escándalo sexual de un presidente. En aquella época, a Bill Clinton le perseguían sus 'escaramuzas' con Monica Lewinsky. Y, ese mismo año, 'Primay Colors' (Mike Nichols) se explayó en los trapos sucios de la campaña electoral que llevó al mismo presidente a la Casa Blanca.

Otras cintas fueron 'El desafío: Frost contra Nixon' (2008, Ron Howard), que narra la intrahistoria de los combates dialécticos entre el periodista David Frost y el luego execrado Nixon. O 'Buenas noches y buena suerte' (2005, George Clooney), que reclamó un periodismo como 'cuarto poder' y de denuncia de las cazas de brujas del poder.

Pero la última eclosión del 'género periodístico' ha llegado cuando se cumplen cuatro décadas de 'Todos los hombres del presidente'. En 2015, un director con alma de reportero, Tom McCarthy, ganó el Oscar a la mejor película con 'Spotlight' (se podría traducir como 'en primer plano'). Otra historia real de una redacción, la del 'Boston Globe', comprometida en no dejar ningún cabo suelto en los escándalos de pederastia de la diócesis católica de Boston.

McCarthy presenta a reporteros sin aires de heroicidad. Obreros de la noticia, gente corriente con sus problemas en casa, malcomiendo un sandwich en la mesa de trabajo. Zafándose de todas las presiones de dentro y de fuera. «Hay un desfase entre lo que la gente piensa sobre el periodismo y su verdadero valor, lo que estamos perdiendo como sociedad», dijo el director para reivindicar esa visión de asalariados de un 'servicio público' que se llama información. Igual que otros son bomberos o médicos.

McCarthy supo unir su miedo a que se pierda esa labor con algo que hace que el poder oficial, el Donald Trump de turno, tema siempre a lo que el cine tenga que contar de la realidad. «Una cosa son los guiones y otra es que el mundo del celuloide suele estar comprometido socialmente -reflexiona desde la Cátedra de Cine de la UVA, Javier Castán-. En España también nos pasa con los Premios Goya y esa visión de los cineastas como izquierdistas».

Este experto recuerda que «Hollywood es un gran altavoz y todos estamos pendientes de lo que dicen». Sobre todo si lo dice alguien como Oprah Winfrey.

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