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Los trucos del mago Hitchcock

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Alfred Hitchcock en una fotografía de 1962, cuando rodó 'Los pájaros'. :: Philippe Halsman

  • 'Más allá del suspense' es una exposición con 'MacGuffin' que desvela secretos de un «creador total» y explora todas las facetas de su genio

Madrid. Lejos de envejecer, el cine de Alfred Hitchcock (1899-1980) gana vigor y atractivo. Su genio sigue vivo y sigue sorprendiendo generación tras generación. Fue mucho más que un mero director de cine: tenía un talento complejo que articuló nuevas fórmulas de entender y hacer películas. Él mismo fue su mejor creación, como trata de demostrar la exposición que lleva por título 'Hitchcock, más allá del suspense' que explora su obra y todas las facetas de su proteico genio. Es una exposición con 'MacGuffin' que desvela algunos secretos de este habilidoso y aterrador mago cuyos trucos funcionan e inquietan casi cuatro décadas después de su muerte.

De su partida de nacimiento al 'storyboard' de la mítica escena de la ducha de 'Psicosis', de los pioneros trucajes de 'Los pájaros' a los trajes de Kim Novak usados en 'Vértigo', el comisario Pablo Llorca reúne en Espacio Fundación Telefónica (Madrid) bocetos de decorados, vestuario y peluquería, carteles, fotografías, revistas y fragmentos de películas para explorar la carrera de Hitchcock y su poderoso influjo. Explica en cinco secciones como aquel joven obeso e inquieto, cuyo primer trabajó en la industria fue pintar carteles, renovó el cine y asaltó Hollywood para facturar títulos legendarios como 'Psicosis', 'Topaz', 'Cortina rasgada' o 'Con la muerte en los talones'.

La muestra lo retrata como un artista total, inventor del concepto de autor en el cine, minucioso controlador de cada aspecto de sus 55 películas: del diseño de decorados y sus eficaces trampantojos, al montaje, pasando por los regates a la censura, la producción y la distribución y la publicidad en algún caso. Revisa los iconos de Hitchcock, analiza su ideal femenino, su forma de retratar su época y los giros de guión alimentados por el 'MacGuffin', ese irrelevante elemento de suspense que mueve los hilos de los personajes y hace avanzar la trama sin dar al espectador pistas claras sobre lo que pasa.

Desvela trucos como las superposiciones que hacen terroríficas sus bandadas de pájaros o desmenuza los casi 80 planos de la mítica escena de la bañera de 'Psicosis', acaso la más estudiada de la historia del cine con la de la escalinata de 'El acorazado Potemkin'. Hitchcock necesitó una semana de los 33 días de rodaje para filmar las 70 tomas de una secuencia de 45 segundos. Apostó por montarla sin música, solo con el sonido de las cuchilladas, el agua que corre por el sumidero y la cortina desenganchada por el peso de la moribunda Janet Leigh. Pero Bernard Herrmann le convenció de que debía usar su partitura. Ahora es posible comparar el efecto las dos versiones y dar la razón al músico.

«Los directores de cine viven con sus películas mientras las están rodando. Son sus hijos. Y todo parece indicar que las películas más emocionantes son realmente artísticas cuando han sido creadas enteramente por un solo hombre», dejó escrito Alfred Hitchcock, el mago de la fábrica de sueños.

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