ACOSO SEXUAL, EL CINE ROMPE EL SILENCIO

Las cineastas españolas se suman al tsunami desencadenado por las revelaciones del 'caso Weinstein'. «Las víctimas son una inmensa mayoría», dice Paula Ortiz

Aitana Sánchez.-Gijón./
Aitana Sánchez.-Gijón.
ANTONIO PANIAGUA

Las alcantarillas hieden y el cine no escapa al mal olor. El acoso sexual ha existido, existe y desgraciadamente existirá. Pero ahora representantes de la industria del celuloide, movidos por la caída de ese sátiro contumaz llamado Harvey Weinstein, están agrietando el muro de silencio que rodeaba al problema. La presidenta de la Academia de Cine, Ivonne Blake, ha tenido el coraje de confesar que fue violada por un productor estadounidense a los 24 años. Leticia Dolera, Aitana Sánchez Gijón, Maru Valdivielso, Ana Gracia y Paula Ortiz también han dado el paso y lo han denunciado públicamente, sin dar nombres.

«Fue una experiencia muy indeseada y horrible, Además, él era una persona famosa y yo tenía miedo», ha declarado Blake, ganadora de un Oscar y cuatro Goyas por su trabajo como diseñadora de vestuarios.

"Empezó a tocarme la cara y a colocarme el cuerpo. Me fui" Aitana Sánchez.-Gijón, concha de plata a la mejor actriz por su papel en 'Volaverunt'

"Tenía 24 años y me violó. Fue horrible, él era famoso y yo tenía miedo" Yvonne Blake, presidenta de la Academia de Cine. Tiene un Oscar y cuatro Goyas

El acoso sexual en el séptimo arte no se limita al coito forzado. Hay otras muchas modalidades, unas veces alambicadas y otras burdas, pero todas aberrantes. Manoseos, invitaciones a hoteles con intenciones libidinosas, supuestas pruebas de selección para participar en un rodaje que esconden en realidad el deseo de llevarse a la actriz a la cama, amenazas soterradas o explícitas. Si una actriz quiere un papel, en ocasiones es conminada a satisfacer los apetitos sexuales del mandamás de turno. Ya sea a las claras o por medios más ladinos, la mitad de las mujeres que trabajan en cualquier sector productivo tienen que soportar a un baboso. Algunas actrices españolas han decidido romper el tabú, pero otras muchas callan por temor a ser señaladas. Si son famosas se exponen a comentarios maledicentes, y si son desconocidas se las tacha de pretender cobrar notoriedad por medios espurios.

"Cerró su despacho con llave y sacó una botella. En el rodaje se me tiró encima" Ana Gracia, actriz en 'La Vaquilla', 'El pájaro de la felicidad' y 'Camino'

Ana Gracia, actriz de 58 años que ha participado en 'La vaquilla', 'El pájaro de la felicidad' y 'Camino', sufrió los apremios de un director rijoso cuando era muy joven y rodaba una serie de televisión. «Él cerró su despacho con llave y sacó una botella de vino. Yo me reí porque parecía una trampa del siglo XIX y el hombre empezó entonces a sentirse un poquito ridículo. Nos pasó a todas las actrices que interveníamos en la serie. Luego, ya en el rodaje se me tiró encima de una manera un poquito zafia. Le di un golpe porque soy una mujer de campo. Era bastante pesado con la actriz protagonista, a quien sometía a acoso. Pero esto me ha pasado en el metro y muchos otros sitios».

Recordando cómo eran las cosas hace unas décadas, Gracia piensa que se ha retrocedido en el respeto a la mujer. A juzgar por las opiniones de los aspirantes a actores, los jóvenes todavía no son conscientes de la violencia sexual. Es más, creen que es algo del pasado. Al menos así lo cree Nayim Temine, de 20 años y alumno de primer curso de Teatro Musical de la Real Escuela de Arte Dramático de Madrid (Resad). «Es cierto que existe esa parte oscura, pero si no quieres, no tienes por qué aceptar. He hecho algunas cosas en la ópera y el teatro y he aparecido desnudo como figurante en el escenario. No pasó nada ni me sentí incómodo. Es algo obsoleto». Su compañera Lidia González mantiene que las licencias que se toman los hombres son «algo de la televisión y el cine, no del teatro».

La actriz Aitana Sánchez-Gijón se ha sincerado y ya se está arrepintiendo del paso dado. Ahora la agobian con un sinfín de peticiones de entrevistas. A Sánchez-Gijón la citaron en un hotel para una prueba que distaba mucho de serlo. «Empezó a tocarme la cara, a colocarme el cuerpo y a aproximarse mucho. Me sentí fatal y me fui», ha revelado.

"No se denuncia para evitar señalamientos, juicios morales y exposición" Paula Ortiz, directora de 'De tu ventana a la mía' y 'La novia'

«No se denuncia casi nunca para evitar señalamientos, juicios morales, la exposición pública y porque hay mucha precariedad laboral en el sector. Concurren factores emocionales, éticos y económicos», asegura Paula Ortiz, de 38 años, directora de 'De tu ventana a la mía' y 'La novia'. Profesora de Guión y Narrativa en la Universidad de Barcelona, dice sin ambages que ha sido víctima de acoso sexual. Rehúsa dar detalles, aunque habla con rotundidad. «Creo que casi todas las compañeras con las que he hablado también lo han sido. Y no se trata de una mayoría, lo doloroso es que es una inmensa mayoría. Me refiero a situaciones directamente asociadas a lo sexual y al abuso de poder y autoridad».

La repugnancia por las tropelías de Harvey Weinstein está socavando, por ahora sólo un poco, el férreo muro de silencio que se cernía sobre la cuestión. Está ocurriendo tanto en EE UU como en España. Leticia Dolera, de 36 años, actriz y directora de 'Requisitos para ser una persona normal', lo cuenta en una carta publicada en el 'eldiario.es'. A los 18 años se encontraba en una fiesta para celebrar que había culminado uno de sus primeros proyectos audiovisuales. «Me siento feliz y adulta. En la barra del bar charlo con el director, el subdirector y dos compañeros más. Todos adultos [...] A partir de ahí, la conversación se silencia en mi memoria, los gestos se ralentizan y las sensaciones físicas vuelven a mi piel. Siento una mano en el pecho, en MI pecho, juraría que en mi teta derecha». ¿Qué haces? (Le digo al director). Te toco la teta (me contesta). No puedes hacer eso. [...] Eres un cerdo (le contesto). Y me callo para dejar paso a los comentarios de mis compañeros adultos, pero... silencio otra vez. Están ocupados buscando su dignidad en el fondo de sus copas». O sea, nadie hizo ni dijo nada.

"¿Qué haces?, le digo al director. 'Te toco la teta', me contesta. Eres un cerdo" Leticia Dolera, Goya a la mejor directora novel de 2016.

Regresó a su casa llorando, su madre le aconsejo que lo denunciara, pero declinó la propuesta. Pensó que no era tan grave. Diez años después un actor francés le tocó el culo durante un rodaje en Francia. «Quise decirle algo, pero el idioma y la rabia no me permitían elaborar en mi cabeza un discurso que estuviera a la altura de la repulsa que quería expresar», escribe Dolera.

Frente a los que se preguntan por qué Dolera y otras intérpretes no hicieron pública su agresión cuando ocurrió, la Unión de Actores y Actrices ofrece una respuesta. «No tenemos ninguna denuncia de nuestros afiliados por acoso. En EE UU tampoco la había hasta ahora, cuando se ha destapado el acoso de actrices muy importantes. El miedo y la falta de pruebas no ayudan si se producen estos casos», alega Iñaki Guevara, secretario general de la organización. «El acosador se sirve del poder de dar y quitar el trabajo y de generar expectativas falsas», arguye.

Eurodiputados en el foco

Las estrellas del firmamento hollywoodiense a las que alude Guevara no son otras que Gwyneth Paltrow, Angelina Jolie, Cara Delevingne, Rosanna Arquette o Sophie Dix. Y a la larga nómina se suman más actrices, modelos, periodistas, productoras...

La podredumbre no se limita a casos aislados. El acoso sexual es un fenómeno internacional y que supera las barreras generacionales y de clase. Algo se cuece en el subsuelo cuando incluso el Parlamento Europeo se ha unido a los llamamientos para hacer trizas la omertá. Algunas de las eurodiputadas han descrito sus experiencias tras la oleada de confesiones que han aparecido desde que estalló el 'caso Weinstein'. La ecologista Terry Reintke ha admitido en la Cámara de Estrasburgo que cuando tenía 19 años un profesor universitario de 70 la hostigó. La institución tiene razones para hacer autocrítica. Varias mujeres que han trabajado como asistentas de eurodiputados aseguran que han sido víctimas de abusos sexuales. Estrasburgo apuesta por abrir una investigación urgente y crear un registro confidencial de los supuestos denunciados.

Lo peor es que sólo se ve la punta del iceberg. No hay datos objetivos sobre el asunto. El Observatorio contra la Violencia Doméstica y de Género, en el que está representado el Poder Judicial, carece de estadísticas sobre la cuestión, dado que «no se discrimina por el tipo de delito». El Instituto Nacional de Estadística (INE) dispone de pocas cifras, aunque sí tiene constancia de que en 2016 hubo 48 condenados en sentencia firme por acoso sexual. Dos años antes fueron 33.

Aunque es difícil que las denuncias salgan a la luz, los datos inducen a la alarma. Según las estimaciones de la Agencia Europea de Derechos Fundamentales, un 55% de las mujeres han sido víctima de acoso sexual. En uno de cada tres casos, el autor era jefe, compañero o cliente.

No todas las personas consultadas están de acuerdo con que los abusos sexuales formen parte de la idiosincrasia del cine español. Lo niega Chus Gutiérrez, que no es nada sospechosa porque fue vicepresidenta de la Asociación de Mujeres de Cine y Medios Audiovisuales (Cima). Gutiérrez subraya que no ha sido acosada ni tiene certeza de ningún supuesto. Le molesta además el tratamiento que dio la prensa a una jornada de debate de la Semana de Cine de Valladolid (Seminci) entre mujeres cineastas. Pese a que las representantes de Cima pidieron la creación de un foro para estudiar si en España se da el mismo problema que en Hollywood, Chus Gutiérrez estima que en «las conclusiones figuraban denuncias más importantes, pero quedaron marginadas por los medios». A su entender prima el escándalo. Entre otras muchas cosas, en esa jornada de debate se habló de la cosificación de las actrices, el paternalismo que albergan los hombres del cine hacia las mujeres, el tinte machista de algunos guiones o el escaso número de filmes firmados por realizadoras. A Gutiérrez, autora del documental 'Sexo oral' o de la cinta 'Ciudad delirio', le incomoda que se ponga en la mirilla siempre al cine. Y no le falta razón. Ejemplos de que en todos los sitios cuecen habas hay muchos. Acosadores hay en el mundo del deporte, la política, las finanzas, el periodismo, la gastronomía, y en cualquier área imaginable. De muestra un botón. George Bush padre, expresidente de EE UU, metió mano a la actriz Heather Lind. Bush ha pedido disculpas si ofendió a la intérprete, que atribuye al exmandatario tocarla «detrás». Y eso que el viejo Bush se encuentra postrado en una silla de ruedas.

Si el acoso sexual permea todo el entramado social, ¿por qué el foco se pone más en el mundo del cine y en un productor en celo permanente? «En el caso de las actrices, ellas trabajan con su cuerpo, su voz, su cara y sus emociones. Son un altavoz y un gran símbolo. Por eso están alzando su voz y hablando por muchísimas mujeres que sufren el mismo problema en otras áreas laborales», aduce Paula Ortiz.

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"Muchos abusadores adultos han sido abusados en la infancia" Puy Oria, presidenta de la Asociación Madrileña Audiovisual

En el gremio hay opiniones que advierten que no sólo hay que fijarse en las mujeres. Puy Oria produjo la aclamada 'No tengas miedo', dirigida por Montxo Armendariz y protagonizada por Michelle Jenner. La cinta trata sobre el abuso sexual infantil dentro de la familia. Oria y Armendariz investigaron a fondo la pederastia durante dos años y conocen las raíces de la violencia sexual. «Ojo, el abuso no se da sólo en mujeres. Entonces tuvimos la oportunidad de conocer bastantes víctimas de abusos sexuales infantiles que eran hombres. No me parece bien que el debate se limite al mundo femenino, donde, por supuesto la incidencia es más elevada. Pero la infancia es una etapa muy importante, porque muchos abusadores adultos han sido abusados de niños», observa Oria.

De hecho, José Coronado sintió las miradas salaces de dos hermanos. Sucedió hace muchos años, cuando Coronado ejercía de modelo y estaba invitado a una fiesta multitudinaria. Está convencido de que algo le echaron en la bebida. De pronto se vio solo, había perdido la noción del tiempo y los dueños de la casa donde se hallaba, en el lago Como (Italia), no le quitaban los ojos de encima.

En cualquier caso, Oria se felicita de que se abra un debate sobre un tema que anida en las cloacas de la sociedad. «Si esto sirve para qué la gente en general empiece a denunciar los abusos que sufre en su entorno, bienvenido sea. La gente se fija en el mundo del espectáculo porque resulta más morboso».

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