La Estación del Norte, 100 años como testigo de Valencia

El edificio pertenece al estilo modernista con influencias de la 'Sezesion Vienesa'. / manuel molines

La estación del Norte, que celebra su centenario, es una de las más singulares de Europa por su decoración | El arquitecto valenciano Demetrio Ribes diseñó el centro neurálgico del ferrocarril en la ciudad, por el que pasan a diario unas 40.000 personas

ISABEL DOMINGO

Situarse frente a la fachada de la estación del Norte de Valencia es abrir la puerta a los contrastes de imágenes y sensaciones. Está el viajero que entra con prisas porque el minutero del reloj se acerca a la salida de su tren; la pareja que arrastra una maleta cargada de ilusión hacia un destino por descubrir o hacia el reencuentro con la familia; el pasajero que apura un café mientras aguarda la llegada de su convoy o el que revisa los apuntes antes de partir hacia la universidad o una reunión de trabajo.

Idas y venidas a lo largo de cien años, ya que la estación del Norte -que hoy gestiona el Ministerio de Fomento a través de Adif- cuelga el cartel del centenario. Y lo hace como uno de los mejores edificios de la arquitectura civil valenciana y como una de las estaciones más singulares de Europa por su decoración exterior e interior. Adscrita al movimiento modernista, dentro de la corriente denominada 'Sezesion Vienesa', fue la primera terminal ferroviaria en recibir la catalogación de monumento histórico-artístico en el año 1983.

Son sólo algunas de las características que la han hecho merecedora del premio 'Valencianos para el siglo XXI' que concede anualmente LAS PROVINCIAS. Es también uno de los inmuebles más fotografiados del cap i casal y zona de encuentro de más de 40.000 personas al día entre viajeros (fueron un total de 11,5 millones el año pasado, según cifras de Adif), compradores y usuarios de paso.

De ahí que se la considere como la plaza abierta más grande de Valencia a pesar de que ahora ya no funcione las 24 horas del día. Como apunta el presidente del Colegio de Arquitectos de Valencia, Mariano Bolant, «la estación del Norte es uno de los grandes hitos de Valencia».

Testigo de la ciudad a lo largo de cien años, en realidad fue la segunda estación del cap i casal. Curiosamente ambas recibieron el nombre de 'Estación del Norte', en el caso de la actual porque su construcción estuvo a cargo de la Compañía de Caminos de Hierro del Norte de España. De hecho, las estrellas de cinco puntas -emblema de esta empresa- aún pueden observarse en algunas puertas y columnas.

Once años en obras

Su construcción, que se prolongó durante once años, no estuvo exenta de polémica por el debate sobre su ubicación, ya que existía la opinión generalizada de que debía situarse extramuros pues la primitiva estación (conocida también como de San Francisco, en la actual plaza del Ayuntamiento) estaba saturada por su espacio limitado y ahogaba el crecimiento de la ciudad.

Se barajaron varios emplazamientos, incluso podría haber acabado en la zona de la actual estación de Joaquín Sorolla, pero finalmente se optó por una solución intermedia propuesta por el ingeniero Javier Sanz: para evitar el paso de la calle Xàtiva la terminal ferroviaria quedaría ubicada en los extramuros de esta vía, dándole la fachada.

Las obras se iniciaron en agosto de 1906 aunque hubo modificaciones posteriores sobre el proyecto. No fue hasta junio de 1909 cuando se empezó el nuevo edificio de viajeros y, en 1916, se montaron los grandes arcos de la marquesina abovedada. Se puso en servicio el 8 de agosto de 1917, sin inauguración oficial por la coyuntura económica del momento, por lo que el servicio ferroviario terminó en la estación de San Francisco y, al día siguiente, arrancó en la terminal del Norte.

No obstante, mientras se ejecutaba su construcción, la vieja estación mantuvo el servicio ferroviario y, como la única salida de las vías estaba invadida por el cuerpo central del nuevo edificio, los trenes lo atravesaban por dos vanos que se habilitaron en la fachada.

Detrás de este proyecto de casi 17.000 metros cuadrados está la figura del joven arquitecto valenciano Demetrio Ribes, que había conseguido su primer contrato en la Compañía del Norte en 1902 y allí estuvo hasta su fallecimiento en 1921. Formado en Madrid con doble doctorado, Ciencias Físico-Matemáticas y Arquitectura, a él se debe también la estación del Norte de Barcelona y la de Príncipe Pío en Madrid.

A pesar de su corta trayectoria, pues murió a los 45 años, «tiene una evolución muy importante en pocos años», apunta Inmaculada Aguilar, directora honorífica de la Cátedra Demetrio Ribes, creada en 2003 por la Conselleria de Obras Públicas y la Universitat de València.

«Estuvo abierto a las nuevas tendencias arquitectónicas, desde el modernismo secesionista al racionalismo», destaca al tiempo que resalta su singularidad por la cercanía con la ingeniería. «Él mismo decía que era un arquitecto de su tiempo», recuerda la catedrática.

En la estación del Norte, consideraba actualmente la quinta en volumen de viajeros de España, Demetrio Ribes logró que quedara reflejada la imagen y cultura valencianas, como sucede en la antigua cafetería, hoy Sala de Mosaicos, que permite describir al viajero la ciuda en la que está. Y también la dotó de un carácter funcional que hace que, transcurridos cien años, los andenes sigan recibiendo viajeros. «Es una exaltación de los sentidos», resalta Inmaculada Aguilar.

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