Carmen Machi: «Llevo una vida absolutamente normal; si no, me suicidaría»

Carmen Machi en el papel de 'La autora de Las Meninas'. / h. martín
Carmen Machi en el papel de 'La autora de Las Meninas'. / h. martín

La actriz madrileña se mete en la piel de una monja copista en 'La autora de Las Meninas', que recala hoy y mañana en el teatro Olympia

RUTH QUEVEDOVALENCIA.

Carmen Machi (Madrid, 1963), ganadora de tres premios Max, entre otros galardones, recala con 'La autora de Las Meninas' en Valencia. La cita es hoy y mañana en el Olympia.

- La obra narra un escenario de crisis donde España se plantea deshacerse de buena parte de su patrimonio artístico. ¿Imagina algo así?

- (Risas) Bueno, el teatro está para ver la realidad más cerca si cabe. En este caso, es un futurible a veinte años para asustarse lo justo, pero no me lo imagino porque es ficción. De hecho, la función cuenta una propuesta del nuevo partido que gobierna. Así, ante la crisis tan acuciante que existe, decide vender el patrimonio y quiere empezar por 'Las Meninas', lo que no se sabe es si finalmente lo hará o no. Yo, igual que todos, me puedo imaginar cualquier cosa cuando estamos en manos de los políticos que, teóricamente, representan al pueblo en una democracia y tienen que hacer lo mejor. En este caso, se plantea vender 'Las Meninas' para que la gente pueda comer, pagar la luz y el agua. Habrá quien piense que es una locura, pero a otro le importará un pimiento el cuadro y dirá: «A mí que me den de comer». Aunque, luego, la función deriva por otros derroteros.

- Pero, ¿no hemos visto ya algo de esto con la venta de inmuebles valiosos y empresas públicas?

- Es diferente. La cultura, el arte, es lo que identifica a un pueblo. Hablamos del patrimonio, el sello de identidad de un país, algo tremendamente importante como 'Las Meninas', probablemente el mayor valor pictórico, la obra cumbre de la historia del arte. Tener 'Las Meninas' es muy fuerte para cualquier pinacoteca, pero la pregunta que se plantea está bien. No es algo tan alejado de la realidad, pero que esto se le ocurra a alguien a la ligera es para echarse las manos a la cabeza.

- ¿Y qué hay de su personaje?

- El personaje es una monja, no es nada político. Es una copista oficial de El Prado, la ingenuidad más absoluta, que recibe el encargo de copiar el cuadro y no sabe por qué, pero está encantada de la vida. De hecho, esta es una de las cuatro obras del museo de las que no se puede hacer copia y, a partir de ahí, le empieza a poseer el demonio de la vanidad. La función tiene una enjundia tremendamente poderosa. Es una lección sociológica y política con un recorrido pictórico espectacular por el arte moderno y un texto escrito con un lenguaje muy claro y cercano por Ernesto Caballero.

- Siendo tan conocida, ¿puede comprar tranquilamente el pan?

- Sí, claro, como cualquier ser humano (risas). No pasa nada. Llevo una vida absolutamente normal, como la de cualquier mortal, si no me suicidaría. Hay que sobrellevar la popularidad y normalizar todo.

-¿Cuál ha sido el mejor momento de su carrera?

- ¡Uy! Yo me considero muy afortunada. Me gusta estar al 100% en todos los proyectos porque realmente es mi vida. Mi trabajo me apasiona y le dedico muchas ganas y muchas horas al día. Mi vida laboral es riquísima y está llena de momentos importantes. Para mí es importante el primer día de un ensayo, el último día de la función, los personajes que he elegido, cómo me han dirigido... No lo puedo traducir en momentos concretos. Hay muchos. Imagino que el más importante siempre está por llegar, pero sí ha habido puntos de inflexión. Uno pudo ser 'La tortuga de Darwin', una obra que estuvo años en cartel, con el personaje más fascinante que he hecho, con el que gané el primer Max. También lo fue '7 vidas' por el placer que me producía trabajar en la serie, aunque yo nunca he dejado de hacer teatro y eso que he hecho mucho cine.

- Con '8 apellidos vascos' ganó un 'cabezón'. ¿Dónde lo guarda?

- Está en una estantería con libros, fotos y otros premios, creo recordar. No le tengo puesto un marco ni mucho menos. Está cuidado, pero no lo tengo en un altar. No hace falta.

- ¿Se plantearía venderlo?

- ¿Vender el Goya? ¡Quién lo iba a querer!

- Pues Eduardo Bajo Ulloa intentó vender el suyo (Mejor Guión Original por la película 'Alas de Mariposa') en una tienda de segunda mano...

- Ni se me pasa por la cabeza. Antes vendería ropa que tengo estupenda, otras cosas más valiosas.

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