'La cantante calva', la obra culmen del teatro del absurdo, recala en el Olympia

C. VELASCO VALENCIA.

Del patio de butacas se sale a menudo con preguntas y pocas veces con respuestas. El espectador de 'La cantante calva' abandona la sala con la mente en turbulencias. No hay más explicación. Es el teatro del absurdo, tan incomprensible como el ser humano.

Sesenta y ocho años después de su estreno en París, la primera pieza dramática de Eugène Ionesco (Slatina, 1909- París, 1994) y obra culmen del teatro del absurdo llega al teatro Olympia, en un montaje dirigido por Luis Luque. La obra, en la versión de Natalia Menéndez, estará en cartel hasta el 4 de febrero. «Dos semanas como el teatro de antes», agradeció el actor Joaquín Climent, tan acostumbrado a que las obras estén un fin de semana en cartel.

El actor valenciano se rodeó ayer en la presentación de Fernando Tejero, Carmen Ruiz, Javier Pereira y Helena Lanza. Adriana Ozores completa esta historia circular, mezcla de comedia y amargura, que cuenta con Jesús Cimarro de produc- tor.

No es teatro fácil, matizó Climent. La pieza aborda la soledad, la incomunicación, el desencanto y lo absurdo del ser humano y del propio mundo, donde cohabita la risa y el drama. «Al principo desconcierta, pero poco a poco el público va entrando en la obra a través del humor». 'La cantante calva' es «lo más complejo» que ha hecho hasta la fecha, según Fernando Tejero, quien anima al público valenciano a adentrarse en el espectáculo para «embarcarse en su propio viaje personal y reflexionar en casa sobre qué ha visto y qué querían contarle».

El texto de Ionesco, que se estrenó en 1950 en la ciudad parisina, está vigente. La incomunicación de las familias burguesas de mediados del siglo XX se puede extrapolar a otros contextos actuales. «Hoy en día es más importante subir a las redes una foto de la cena a la que asistes que disfrutar del propio encuentro. La obra crítica la falta de comunicación a pesar de que estamos muy conectados», explicó Carmen Ruiz.

Sobre los espectadores que asisten a las salas de teatro, Helena Lanza echa en falta a los jóvenes en el teatro», y reclamó la bajada del IVA cultural, que «puede ayudar a modificar esta tendencia». Sobre esta cuestión, Tejero setenció el futuro de las artes escéncias es «la gente joven».

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