La Biblioteca Nacional exhibe la obra de Rosario Weiss, la discípula de Goya

VÍCTOR NÚÑEZ MADRID.

De Rosario Weiss (1814-1843) se sabe que comenzó a dibujar a los siete años, que era hija del ama de llaves del pintor Francisco de Goya, su maestro, y que con el paso del tiempo se convirtió en una gran litógrafa y copista. También dicen -nadie asegura- que en realidad era hija del artista zaragozano y que por eso éste la llamaba «mi Rosario» y consentía que pasara mucho tiempo a su lado y que, incluso, viviera bajo su mismo techo. Rumores y anécdotas aparte, esta mujer «morena, menuda, atractiva y de fuerte carácter» logró reunir una obra muy apreciada por instituciones como el Museo del Prado o la Hispanic Society de Nueva York. Más de un centenar de sus dibujos se exponen hasta el 22 de abril en la Biblioteca Nacional de España.

La muestra, comisariada por Carlos Sánchez Díez y organizada en colaboración con el Museo Lázaro Galdiano y el Centro de Estudios Europa Hispánica, reúne dibujos, litografías, estampas y pinturas con la intención de trazar un recorrido por el trabajo de «una dibujante excepcional», conocida, sobre todo, por ser discípula de Goya.En las paredes de esta institución madrileña destacan ahora los retratos de Francisco de Goya, Ramón Mesonero Romanos, El marqués de Benalúa, o Los hermanos Velluti, además de numerosos paisajes. También se pueden ver una veintena de litografías, como 'Autorretrato', 'El Genio de la Libertad', 'Espronceda' o 'Larra', y algunas de sus pinturas, entre ellas 'Francisco de Goya', 'Los duques de San Fernando' o 'Ángel custodio'.

«Su primer maestro fue Goya, ya que cuando ella tenía siete años y aprendía a escribir, el pintor hacía dibujos para que ella los copiara o completara. Son obras muy interesantes por mostrar sus comienzos, por conservar composiciones, trazos e ideas de Goya y por ilustrarnos sobre una faceta poco conocida del pintor aragonés, profesor de dibujo en un ámbito familiar», cuenta Carlos Sánchez Díez, miembro del departamento de conservación del Museo Lázaro Galdiano. Fueron varios sus logros y en 1840 fue nombrada académica de mérito de la Académica de San Fernando.

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