El bestiario de Okuda por el mundo

Okuda, frente a una de sus obras en China. /OKUDA SAN MIGUEL
Okuda, frente a una de sus obras en China. / OKUDA SAN MIGUEL

El artista de la Falla Municipal ha inundado importantes ciudades con sus obras, en las que mezcla figuras geométricas y elementos orgánicos

Álvaro G. Devís
ÁLVARO G. DEVÍS

Okuda San Miguel es nuevo por tierras valencianas. Eso sí, ha entrado por la puerta grande firmando la arriesgada Falla Municipal de este año e inaugurando una retrospectiva suya en el Centre del Carme.

Pero esta explosión de visibilidad en Valencia viene acreditada por una carrera que empezó a finales de la década de los 90 y que cuenta con proyección internacional desde hace más de 10 años.

A Okuda no se le resiste ningún formato y en los últimos tiempos ha cobrado protagonismo la combinación entre las formas geométricas y elementos orgánicos como personas y animales.

Reconoce que a un artista le acaba pesando que le pregunten todo el rato por el significado de todo lo que va haciendo, pero más tarde se anima a contar por qué construye este bestiario en su obra: «Cuando empecé a hacer surrealismo colocaba personajes perdidos sin identidad, más tarde cambié y perspectiva y empecé a geometrizar todo lo que veía, incluído esos animales y humanos. Lo más importante ahí son los ojos que reflejan el universo interior de cada ser e intento poner en ese sentido humanos y animales en el mismo nivel. Por eso en la falla están todos juntos sujetando el mundo».

Arriba, el ninot de la cabeza del oso en la Cabalgata del Ninot. Abajo, a la izquierda, 'Oso', una escultura instalada en Reinosa (Cantabria) en 2017. A la derecha, Smiling King Bear, instalado en el hotel Wynn en Las Vegas (EEUU). / EFE/OKUDA SAN MIGUEL/JEFF GREEN

Uno de sus elementos más repetidos es el oso, aunque según declara, de forma inconsciente. Sus últimos trabajos de gran formato así lo certifican. En 2017 instaló el primer animal, una figura completa a cuatro patas, en Reinosa (Cantabria). La escultura pesa mil kilos y está formada por más de 200 piezas triangulares. La obra estuvo financiada por el ayuntamiento de la localidad y por el gobierno autonómico con el objetivo de que, colocado a pocos metros del río Ebro, se convirtiera en toda una atracción turística.

Más tarde colocó otro en el marco del festival de arte urbano Life is Beautiful, en Las Vegas (EE.UU), en el que también participaba el valenciano Pantone. En esta ocasión, el ejemplar de cinco metros de alto (era tan pesado que solo se pudo trasladar a la ciudad en barco durante seis semanas) estaba acompañado de una pelota. El trabajo gustó y mucho, y se quedó en el hotel Wynn de la ciudad, propiedad del coleccionista Stephen Allan Wynn.

La última intervención es visitable en Valencia hasta la noche de la cremà en la Plaza del Ayuntamiento. Los artesanos valencianos Latorre y Sanz le llamaron para hacer una falla que transgrediera no solo en la estética sino también el técnica y los materiales utilizados. Ya en el desfile del Ninot, hace unos días, desfilaron decenas de personas con máscaras y un gran busto recorrió algunas calles de Valencia. El mundo fallero no es unánime ni al elogiarla ni al rechazarla, pero el artista dice que «a pesar de este lenguaje nuevo y digital, la composición es muy fallera y que no se aleja tanto de la tradición valenciana» y por eso invita a que vivan «el positivismo y el canto a la multiculturalidad» que quiere transmitir con su obra.

Entrevista a Okuda San Miguel

Pero el bestiario empezó mucho antes, allá por 2009 se encuentra el primer oso documentado. Además, la obra de Okuda abarca formatos tan dispares como la pintura, la escultura o el mural, además de fotografía y vídeo.

Así, sobre todo a través del arte urbano y los murales, ha colocado a estos animales en paredes de medio mundo como China, Italia, Ucrania o Marruecos.

Intervenciones en una iglesia de Youssoufia, Marruecos (11 Mirages of Freedom, 2016), Arcognano, Italia (Sperical Eyes, 2016) y Kiev, Ucrania (The World-Love is ours, 2015) / OKUDA SAN MIGUEL

En la muestra del Centre del Carme, la mayor retrospectiva del artista hasta la fecha, se encuentran incluso sus primeras letras, que aunque no se adscribían a las tendencias de entonces, tenían mucho que ver con el mundo del graffiti. Casi veinte años después de que se trasladase a Madrid para estudiar Bellas Artes, el lenguaje del autor ha sufrido una más que notable evolución.

Desde que introduce la línea de lo que Okuda denomina surrealismo pop, la estética se dispersa, y pasa de ser una combinación de colores y geometrías a fundirse con elementos orgánicos y con él una crítica al individualismo, el existencialismo y hasta una crítica a lo que él denomina «la falsa libertad del capitalismo».

Más obras del artista. Arriba parte de su intervención en una iglesia desacralizada en Llaneras (Asturias). A la izquierda, otro que realizó con el artista Serzo en Santander. A la derecha una muestra de su trabajo en formatos menos populares en su carrera, como la pintura. / OKUDA SAN MIGUEL

Sus coloridos murales le han llevado por medio mundo pero su gran hito fue transformar una iglesia desacralizada en Asturias en una pista de skate, una experiencia que también repitió en otro templo en Youssouf (Marruecos), aunque en esta ocasión solo pintando los exteriores.

Desde entonces su carrera ha sido meteórica hasta llegar a las Fallas, ocasión que ha aprovechado para rodar un documental. Sus próximos trabajos le seguirán llevando a los grandes formatos, siguiendo en su tarea por fundir la arquitectura con la escultura, intentando hacer de esta un formato habitable.

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