Barreras arquitectónicas

Si los museos se valorasen por la facilidad de acceso a sus salas, los primeros puestos serían para Bombas Gens, el Almudín y las Atarazanas

Espacios. Hay muchos modos de ver las cosas. Aparte la calidad de sus colecciones o el mayor o menor atractivo de su presencia exterior, los museos también pueden ser definidos por su espacio interior. Si los edificios museísticos valencianos se valorasen principalmente por la facilidad de acceso a sus salas, los tres primeros puestos serían para Bombas Gens, el Almudín y las Atarazanas. Una sola planta en los tres casos, sin barreras arquitectónicas dignas de mención.

Laberintos. Por el contrario, los museos más laberínticos y con abundantes barreras arquitectónicas en su interior son el MuVIM (de ser el precioso e intrincado Rialto un museo, ganaría de calle esta competición), el Nacional de Cerámica y las 17 salas de L'Iber (Palacio de Malferit, en la calle Caballeros: es uno de los pocos museos privados de Valencia, aunque sus maravillosa colección de 95.000 piezas no son de arte clásico o moderno, sino de soldaditos de plomo). Por cierto, no se pierdan en el Museo de Cerámica la antológica 'Valencia de barro', de Vicente Espinosa, coordinada con maestría por su hermana Pilar Espinosa Carpio.

Escaleras. No quiero ser malinterpretado (aunque a veces conviene serlo). No pretendo hacer una apología dogmática de lo abierto y despejado. Sé que en bastantes casos el imán seductor de un museo o de una sala de arte se esconde precisamente en el encanto de su barreras arquitectónicas: su distribución en varias plantas, con empinadas escaleras (la más estrecha, arisca y misteriosa se encuentra en la galería Rosa Santos), extraños pasillos que conducen a puertas siempre cerradas (se diría que para todo el mundo, incluso para el propio personal del museo), ascensores tardones, rincones sensuales...

Sugerencia. Otros aspectos del arte. ¿No sería aconsejable poner un paso cebra en la puerta principal de Bombas Gens? Antes era un edificio abandonado y no resultaba necesaria esa medida. Pero ahora, restaurado por el estudio de Ramón Esteve con Eduardo de Miguel como arquitecto de rehabilitación, a menudo se congregan allí, en la avenida de Burjassot, numerosas personas que entran o salen del museo. He llegado a ver momentos de despistes y peligro.

Pregunta. ¿Por qué las obras de Inma Femenía (Pego, 1985) expuestas en Bombas Gens se parecen tanto a la estética, materiales y textura de las realizadas hace tiempo por Francisco Sebastián Nicolau (Valencia, 1956)?

Abstracción. Los fondos del IVAM son espléndidos. Se ha vuelto a demostrar con la colectiva 'La eclosión de la abstracción'. Comisariada por José Miguel G. Cortés, María Jesús Folch y Josep Salvador, se mantendrá en cartel 14 meses. En estas pinturas prodigiosas y en estas fábulas visuales hay lucha, dominio técnico y emociones.

Cacofonía. El título (con soberbias obras de Oteiza, Tàpies, Saura, Esteban Vicente, Fontana, Tony Smith y de los valencianos Alfaro, Soledad Sevilla, Yturralde, Teixidor, Ángeles Marco...) es adecuado, aunque con una pega: resulta cacofónico. Las dos palabras clave, eclosión y abstracción, terminan en 'ón'. Si a eso unimos que poco después llega con ímpetu la palabra 'colección' ('La eclosión de la abstracción. Línea y color en la colección del IVAM'), el enunciado de esta excelente iniciativa del IVAM tiene un parecido molesto con la poesía rimada de manera elemental.

Propuesta. El título quedaría menos cacofónico si la muestra se llamase 'La eclosión del arte abstracto'. Línea y color en la colección del IVAM'. En vez de tres 'ón', así sólo toparíamos con dos, lo que resulta más soportable. Estamos hablando de un titular que será repetido por doquier. Los detalles importan ('Cacofonía: repetición exagerada de un mismo sonido en una frase').

Musicalidad. En anteriores párrafos he intentado buscar una musicalidad más serena en el despliegue de palabras museísticas, evitando cuidadosamente el término 'exposición' para no tener que apechugar con un nuevo e incordiante 'ón', sustituyéndolo cuidadosamente una vez por ' colectiva' y otra por 'muestra'.

Lenguaje. Hay trabas arquitectónicas. También las hay lingüísticas. Y siempre es buena la ocasión (¡ón!) para tratar de aminorarlas.

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