Los alumnos toreros se graduan con nota en el cierre del certamen de escuelas

JOSÉ LUIS BENLLOCH VALENCIA.

La idea del Certamen de Escuelas Taurinas se remató ayer a un nivel muy alto. Hubo gran ambiente en la plaza, más de 4.000 espectadores, y de nuevo seis erales de La Palmosilla que permitieron el lucimiento de los chicos, que demostraron, en conjunto, que su ilusión por ser toreros no es capricho baladí. Hubo nota muy alta al conjunto, solamente rebajada por el regular uso de la tizona. Hay motivos para repetir la experiencia en la próxima feria.

El primer novillo de la tarde, un burraco precioso, embistió a Ramón Serrano, de Murcia, como no se puede embestir mejor. Le correspondió el torero, que lo toreó con excelencia por los dos pitones tanto de muleta como de capa. Lo mató al encuentro. Dos merecidas orejas.

Manuel Diosleguarde, de Salamanca, otro que apunta alto y otro buen novillo. Parece torero, que ya es mucho. Oreja.

Miguel Polope se topó con un novillo poco claro y la faena intercaló pasajes de poco ajuste con otros en los que se vislumbró su gran clase. Pareció pesarle en exceso la responsabilidad. Oreja.

De Albacete llegó Adrián Villalba. Se las vio con un novillo de entidad. Se mostró sereno y enterado. Apunta a torero importante. El clasicismo lo completó con un cierre de rodillas espectacular y una buena estocada. El mal uso del descabello le redujo el premio. Oreja.

Jordi Pérez, de Valencia, tutelado en un colegio de religiosas, preciosa su historia, se mostró como el más nuevo pero con gran disposición. Lo intentó todo, unas cosas le salieron fenomenal y otras era imposible que le saliesen. Sufrió volteretas de lo más variadas y siempre se levantó muy entero. Demostró que quiere ser torero. Y yo creo que puede. Falló con el descabello. Oreja.

Cerró la tarde Carlos Domínguez, de Badajoz, también puesto e interesante. Su arranque de rodillas fue el prólogo espectacular de un trasteo en el que hubo toreo al natural de alta escuela a otro excelente novillo. Lo pinchó en exceso. Aún así, oreja.

Al finalizar el festejo, Ramón Serrano salió a hombros por la puerta grande.

Así se despide un certamen donde, en la jornada del sábado, destacó el valenciano Borja Collado, al que le concedieron las orejas y el rabo, saliendo por la puerta grande con Francisco de Manuel, de la escuela de Colmenar y que se llevó dos orejas, las mismas que obtuvo el portugués Joao D'Alba, valiente y arrojado de principio a fin.

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