Las Provincias

Manuel Vicent. :: efe
Manuel Vicent. :: efe

«La esencia de nuestra vida es la exhibición»

  • El valenciano presenta mañana en la ciudad 'La regata', una obra en la que vuelve a los veranos en el Mediterráneo

  • Manuel Vicent Novelista

Manuel Vicent (Castellón, 1936) ha regresado a la luz del Mediterráneo, a ese paraíso destruido por el que ahora navegan en velero personajes que se han enriquecido al calor de la ola de corrupción de los últimos años. 'La regata' (Ed. Alfaguara), que presentará mañana a las 12 horas en la Fira del Llibre, es una novela coral sobre una travesía de Valencia a Cerdeña que arranca cuando un financiero muere mientras está en la cama con una actriz de segunda fila, muy guapa y con edad de ser su hija.

¿Aquellos niños de 'No pongas tus sucias manos sobre Mozart' son los protagonistas maduros de la 'La regata'?

Son los niños destraumatizados de entonces. La novela muestra gente rica, simpática, maravillosa... en su barco. En verano reducen su ideología al nivel de tener a Snoopy en su camiseta y pronunciar frases budistas sobre el arco iris, pero en el despacho, acabadas las vacaciones, son muy peligrosos.

La historia ocurre en agosto de 2016 y aparecen muchos personajes que han hecho fortunas gracias a la corrupción.

Con alguna excepción, no son gente especialmente corrupta, aunque es verdad que han hecho su dinero al calor del fenómeno. Podríamos hablar de dos tipos de corrupción: una fallera y otra calvinista, con menos exhibición. Con esta última hablo por ejemplo de quienes causaron la crisis de 2008, que han vuelto todos a sus puestos. Es una corrupción igual o mayor que la otra.

Tras varias novelas ambientadas en Madrid, regresa al Mediterráneo. Pero ahora está todo construido, los plásticos flotan en el mar y está invadido por horteras. ¿Ha desaparecido el paraíso?

Es un paraíso destruido. Pero si eres limpio el mar termina por serlo, y si lo observas con una mirada inocente, también lo transformas. Para el prepotente siempre es una amenaza, pero al tímido y al humilde el mar les da la oportunidad de ser héroes. Navegar es una escuela moral que también sirve para el asfalto.

Los episodios de la novela parecen sacados de las páginas de los diarios. ¿Ha pretendido hacer una crónica de su tiempo?

La acción transcurre el verano pasado. Cuento una regata no competitiva que continúa en tierra para un personaje que sufre un infarto. Es como el viaje de Ulises al Hades.

En una escena, los ocupantes de un velero socorren a quienes van a la deriva en una patera, pero sobre todo luego lo cuentan en todas partes. ¿Hoy es mucho más importante contar que actuar?

Los ocupantes de la patera tropiezan con el barco más frívolo, donde van dos pijas que se permiten el lujo de compadecerse de ellos y luego comentarlo. Hoy el mundo está lleno de corresponsales de todo, siempre hay un testigo de lo que pasa, sea donde sea. Cualquier tragedia se filma en vídeo o se plasma en una foto y alguien lo envía de inmediato al Universo.

¿Somos voyeurs? Una de las escenas más divertidas del libro es un ejercicio de voyeurismo.

Somos mosquitos atrapados en una telaraña. Hoy todo el mundo cuelga en las redes cosas de su vida y los demás observamos. No nos damos cuenta de que son peligrosísimas. La red es una maraña tupida de conversaciones banales, rebuznos y pensamientos maravillosos. Se ha convertido en una forma de estar en el mundo.

En los ochenta escribió un cuento sobre una pareja que se filma en la cama y cuando lo ve pasa la señal al vídeo comunitario de todos sus vecinos. Ahora ese ejercicio de mostrarlo todo es voluntario.

Resultó premonitorio, sí. La esencia de nuestra vida hoy es la exhibición. Estamos siendo grabados en todo momento, y cuando lo sepamos todo de todos habrá una impunidad universal.

¿Por qué?

Porque ya nada tendrá sentido puesto que todos seremos culpables de todo.