Las Provincias

Don Felipe el mediador

Los Reyes y el resto de las autoridades aplauden a Mendoza tras recibir el Premio Cervantes. :: EFE
Los Reyes y el resto de las autoridades aplauden a Mendoza tras recibir el Premio Cervantes. :: EFE
  • El Rey, que sorprendió con un colorido chaleco, fue el testigo incómodo de los aspavientos entre Cifuentes y Creuheras

Es sabido que la actualidad es capaz de eclipsar cualquier fecha señalada con anterioridad en el calendario. Dijo Eduardo Mendoza que aún no acaba de creerse lo que le está sucediendo, que su firma quedará ligada por siempre a quien dio vida al Caballero de la Triste Figura. Arropado por su primera mujer y madre de sus dos hijos, Mendoza era ayer un hombre feliz.

No estuvo solo, es evidente. Hermanos, sobrinos y primos también recorrieron los kilómetros que hicieron falta para aplaudir y llorar con él, aunque las ausencias quizás fueron más sobresalientes que las presencias. Ningún otro premio Cervantes. Así que sí, el foco estuvo allí donde estaba el titular. Cristina Cifuentes, presidenta de una Comunidad de Madrid hoy con la mancha de la corrupción, era centro de miradas y, ciertamente, no se la veía cómoda. Protagonizó, sin buscarlo, la imagen del día. Lo curioso es que esa fotografía no existe de forma oficial. Normas de la Casa Real, se acaba el acto institucional, se apartan los focos y los flashes. Frente a frente con José Creuheras, presidente del grupo Planeta, que se ha visto directamente señalado en el 'caso Lezo'.

Ayer declaró como testigo ante el juez Velasco a petición de Anticorrupción. Y vio cómo se llevaban detenido a Edmundo Rodríguez Sobrino, consejero delegado de 'La Razón', y también cómo eran imputados el presidente y el director del diario, Mauricio Casals y Francisco Marhuenda por coacciones a Cifuentes. Nada se sabe de qué hablaron Creuheras y la presidenta. Lo anecdótico es que el cara a cara se produjo ante el Rey.

Acabado el acto, una vez que comenzaban a formarse los corrillos el Rey y Cifuentes iniciaron una breve conversación a la que, de inmediato, se unió Creuheras. No fue difícil adivinar el contexto por el rostro de circunstancias de Felipe VI que primero dio la impresión de tratar de mediar y más tarde, al ver que aquello iba a más, se zafó de allí. Tras la charla, de unos diez minutos, la presidenta madrileña salió escoltada del Paraninfo de la Universidad de Alcalá de Henares. Él, José Creuheras, aguantó unos minutos más en el cóctel que siguió a la entrega del Cervantes, un acto al que no acudió, por primera vez que se recuerde, el presidente del Gobierno. El momento estelar de la jornada no lo protagonizó la aparición de la Reina, no. Doña Letizia repitió el abrigo-vestido en tonos crudos y negro que estrenó en el desfile del Día de la Fiesta Nacional. Pero quien sorprendió esta vez fue el Rey. Felipe VI vistió un juvenil chaleco azul y una corbata de un color un tanto indefinido que no dejó de lanzar destellos con la luz del atril.

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