Las Provincias

Un pintor escondido entre naranjos

Juan Vicente Titos Corma trabaja en uno de sus cuadros.
Juan Vicente Titos Corma trabaja en uno de sus cuadros. / LP
  • El castellonense Juan Vicente Titos Corma sueña con convertir su afición creativa en profesión

  • El último ganador del Premio Salón Otoño del Ateneo, que trabaja en la recolecta de la fruta, intenta abrirse camino en el mundo del arte gracias a los concursos

Nunca se imaginó ganando un concurso de pintura. «No están hechos para mí», pensaba. Pero la vida da muchas vueltas. En plena recolecta de la naranja, su actual profesión que poco tiene que ver con el mundo del arte, su talento más oculto e intimista fue galardonado con el premio Salón Otoño de Pintura del Ateneo Mercantil.

Esta es la historia de Juan Vicente Titos Corma, castellonense de la Vall d'Uixó, que a sus 38 años cada día ve más cerca la posibilidad de vivir de sus obras. Desde pequeño dibujar fue lo suyo, estudió diseño gráfico en la escuela de Artes y Oficios, años más tarde se atrevió también con las Bellas Artes y ese fue su punto de partida en el universo de la pintura. En el 2012 con ambas carreras terminadas comenzó a experimentar con texturas, lijados, materiales y gráficos por ordenador que acabaron definiendo su estilo modernista. Tras «muchos intentos, ensayos y frustraciones», Titos se retó a sí mismo frente a un lienzo en blanco y consiguió alcanzar su meta, expresar en una obra de «extracciones geométricas sensaciones como la tranquilidad, la violencia o la paz».

Este desafío en el que se sumerge «horas y horas» es lo que más le gusta de la pintura. El cómo llegar y no el resultado. De hecho su cochera se ha convertido en «un cementerio de cuadros». En su casa sólo tiene uno expuesto, el resto los guarda «amontonados» o incluso los vuelve a pintar de blanco para reconvertirlo en uno nuevo.

Su otro gran «depósito de pinturas» es el ordenador. Allí guarda alrededor de treinta versiones de cada cuadro que pinta. Es la herramienta con la que juega, cambia y diseña. En ella da los últimos retoques y luego plasma la composición que más le gusta en el lienzo.

Su esposa, decidida y convencida del talento de Titos, una vez más, seleccionó uno de esos cuadros abandonados desde hacía seis meses y lo presentó al concurso del Ateneo Mercantil, el último día y en el último momento. Fue cuestión de un minuto que su destino empezase a cambiar.

Esa obra, 'Espacios en procesos de descomposición', se alzó con el premio y estará expuesta durante toda la temporada en el salón noble. Este ha sido el 'modus operandi' que su mujer ha llevado a cabo desde hace tres años: «presentar las obras a cualquier concurso». Últimamente sus pinturas siempre se llevaban el accésit y por fin ha dejado de ser el «eterno seleccionado para ser el premiado». De esta oportunidad espera que le sirva para adentrarse «de verdad» en el mundo del arte. «Confío en que alguien se fije en mi obra y me den la oportunidad de exponer en alguna galería». No sabe cual será su siguiente paso hacia el futuro, de momento sigue inverso en la recolecta de naranjas, y cuando finalice, desea opositar para ser docente. En su tiempo libre seguirá creando.

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