Las Provincias
Pensar de  otra manera

Pensar de otra manera

  • Centenares de títulos explican la esencia de la Filosofía y recurren tanto a los Simpson, la mafia, como al ping-pong y los superhéroes

  • El 'boom' de los libros que se acercan al razonamiento desde ámbitos aparentemente muy ajenos no para de crecer

Si algún historietista actual tuviera que recrear 'La escuela de Atenas', de Rafael Sanzio, no sería descabellado pensar que junto a las figuras de Platón, con su dedo mirando al cielo, y Aristóteles, apuntando al suelo, pudiera dibujar a William Irwin señalando hacia un televisor o un montón de cómics. Al más puro estilo del Tío Sam de los carteles de reclutamiento.

Por supuesto que el filósofo estadounidense no tiene la talla de los pensadores griegos. Claro que sería una herejía el mero hecho de esbozarlo a su lado. Sin embargo, y dado el grandísimo éxito editorial de su serie de libros de filosofía pop -inspirados por series televisivas y superhéroes del tebeo- el homenaje de estos profesionales a su figura, al menos en una viñeta, no es alocado. Irwin (Nueva York, 1970) es el autor de 'Senfield y la filosofía' (Open Court, 2000). Una divertida colección de artículos en la que se abordan cuestiones filosóficas ilustradas por escenas de la conocida 'sitcom' de la NBC. Al año siguiente llegó 'Los Simpsons y la filosofía'. El primero de este tipo de libros en aterrizar en España (Blackie Books, 2010). Mismo esquema, misma excusa. Obras de incuestionable base y rigor académico, pero aderezadas de situaciones que a los jóvenes estadounidenses les pudieran atraer. Algo más cercano y conocido que una viejuna historia sobre algún mito de la antigua Grecia.

Fue un completo éxito de ventas (más de 200.000 libros vendidos en EE UU) y algunos profesores del país comenzaron a usarlo en sus clases. Springfield es mucho más conocido para sus alumnos que Atenas e ignorar su ubicación -nadie sabe exactamente dónde está el pueblo de Homer, ya que los guionistas se guardan de mantener el misterio- es mucho menos embarazoso que no acertar a colocar la polis clásica en un mapa.

De ahí surgió toda una colección de libros. 'Philosophy and popular culture' (Filosofía y cultura popular), que con diferentes autores (todos ellos profesores universitarios), acumula ya 120 títulos. No cambia la fórmula. Fulanito y la filosofía. Y no se cortan un pelo. 'Matrix', 'Los Soprano', Steve Jobs, 'Drácula', 'The Walking Dead', 'The good wife'... Solo les falta un 'Trump y la...' Aunque en ese caso igual no funciona.

Precedentes europeos

Pero por mucho que los americanos lleven la fama, la lana la venían cardando desde bastante antes otros autores europeos. Hace ahora precisamente 25 años, el noruego Jostein Gaarder lanzaba una pieza tan sencilla como profunda que ya ha sido traducida a 61 idiomas y ha superado los 50 millones de ejemplares vendidos. Sin artificios. Sin reclamos televisivos. Una niña que a punto de cumplir los 15 años recibe una carta con dos preguntas. ¿Quién eres? ¿De dónde vienes? Solo con eso -que no es poco- 'El mundo de Sofía' revolucionaba el mercado editorial de 1991. Hoy sigue saliendo a buen ritmo de las librerías. En España, millón y medio de personas han comprado algún ejemplar.

Así que no es raro que la filosofía siga sirviendo de motor a la creación literaria. Hace un par de meses que veía la luz en España 'La metafísica del ping-pong' (Duomo). La obra del italo-argentino Guido Mina di Sospiro es un recorrido por la filosofía que parte de una derrota al ping-pong con su hijo. Según explicaba el escritor, su afán por convertirse en un buen jugador de tenis de mesa le llevó a descubrir que «detrás del ping-pong hay una manera de pensar, relacionada con la filosofía oriental. Los asiáticos lo entienden como un arte marcial, una meditación sin palabras en la que hay que olvidarse de pensar». Al pasar esas reflexiones al papel, Mina ha logrado explicar conceptos como el yin y el yang, el psicoanálisis de Jung, la metafísica, la geometría, el pensamiento no lineal, los cuentos sufíes de Idries Shah y los mitos griegos de una manera sencilla y accesible.

Tampoco es el primero que usa la raqueta para trazar un un paralelo con nuestros pensamientos más profundos. 'El último set', de Jordi Serra i Fabra (SM, 1991), es un libro que ha dejado poso en miles de adolescentes españoles. No repasa ni escuelas ni pensadores. Se limita a mostrar las dudas y miedos de Virginia, una estrella del tenis, que con 17 años busca ser ella misma más allá de las obligaciones derivadas de su tremendo talento para el deporte. La soledad de la pista, el temor a defraudar a los que la siguen... Todo aquello común a los chicos de su edad.

Más mundano aún es el escritor francés Roger-Pol Droit. Un flósofo que reniega de los intelectuales, en ocasiones hasta se ríe de ellos, y que es el autor de títulos como 'La filosofía explicada a mi hija', '101 experiencias de filosofía cotidiana' o 'Si solo me quedara una hora de vida'. Él propone 'inofensivos' ejercicios que despierten en el lector un cuestionamiento de lo establecido. Pura subversión revolucionaria al alcance de cualquiera. Por ejemplo, recomienda Droit, salga a correr por un cementerio. Imagínelo. Fuerce el contraste. Dialéctica pura. Mejor aún es otro de los ejercicios de este 'fitness' filosófico. Beba agua mientras orina. ¿Absurdo? Hágalo y a ver qué pasa en su mente. Las '101 experiencias' de Droit las ha reeditado en España recientemente Blackie Books. «Ganamos con él el Premio Nacional al Libro Mejor Editado del Año», recuerdan. La casa catalana es una de las que más apuesta por el tema filosófico en el país. Y los resultados les dan la razón. «'Los Simpson y la filosofía' llegó a los 25.000 ejemplares vendidos. 'Los superhéroes y la filosofía' a unos 8.000». Es de esperar que sigan traduciendo al castellano textos como los de William Irwin o Roger-Pol Droit. El galo acumula 45 obras publicadas.

Humor filosófico

Aunque ningún repaso por la filosofía pop puede terminar sin pasar por el imaginario de Thomas Cathcart y Daniel Klein. Solo los títulos de los libros de estos dos americanos obligan a la lectura. 'Platón y un ornitorrinco entran en un bar' es seguramente el más celebrado de estos estudiantes del Harvard de los 60. Aunque no desmerecen 'Heidegger y un hipopótamo van al cielo' o 'Aristóteles y un armadillo visitan la capital'. Amigos desde hace más de 50 años, los dos filósofos demuestran que uno puede reírse hasta de la muerte y, negro sobre blanco, burlarse un poco de la filosofía y sus grandes autores. La apuesta es tan desternillante como efectiva. Si los cómics y la televisión sirven para vender pensamiento de calidad a los jóvenes, ¿cómo iban a fallar los chistes?

Ahora bien, ¿hay algo con sentido real detrás de esta filosofía pop o es solo puro marketing? Agustín Arrieta, profesor universitario, simpatiza con la fórmula «siempre dentro de ciertos límites», explica. «El peligro está en pretender sustituir los textos filosóficos, la argumentación clásica y la reflexión argumentativa por ficción. Si hablásemos de sustituir, mi respuesta es no. Otra cosa es valernos de las series o el cómic para ilustrar y exponer cuestiones, fundamentalmente éticas, y alimentar el debate. Eso está en la buena dirección», opina.

En ese sentido, pone un ejemplo extraído de uno de los libros de la colección Filosofía y Cultura popular. «'Los Soprano y la filosofía' sin ir más lejos es muy útil para abordar cómo es posible que nos caiga bien un personaje tan reprobable como Tony Soprano». El fenómeno de la serie de la HBO ha dado, de hecho, para varias y diversas reflexiones.

Superhéroes, ornitorrincos, jugadores de ping-pong, protagonistas de las series de la tele... Al final, aparecerá John Paul Young cantando 'Philosophy is in the air'. Y algún interesado resumiendo que todo es filosofía. Lo que parece claro, una vez se pronuncian los especialistas, es que ese cuadro con Platón, Aristóteles e Irwin señalando la tele no es más que una broma o un mito. La tele sirve para lo que sirve y si el hombre de la caverna hubiera tenido una delante de las sombras que se proyectaban en la pared de su cueva, jamás habría salido a ver lo que de verdad sucedía ahí fuera.

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