Las Provincias

Las grietas de la gestión cultural

Las grietas  de la gestión cultural
  • El cierre de La Gallera, la desaparición del Ballet de la Generalitat y el desalojo en las Naves marcan la política artística donde el teatro encabeza las críticas contra la Administración valenciana

  • Entidades artísticas y colectivos profesionales hablan de «falta de proyecto» y cuestionan algunas medidas

Sucede cuando se inicia una relación sentimental, cuando se cambia de trabajo, cuando se empieza la reforma de la casa, cuando se realiza un viaje de vacaciones... En todas estas situaciones, a veces, se cumplen las expectativas e incluso se superan, y en otras ocasiones surgen decepciones. La realidad siempre modela el camino y pone obstáculos. Lo mismo sucede en la gestión cultural en la Comunitat. Entidades artísticas, asociaciones profesionales o colectivos culturales valencianos han visto cómo los actuales gestores han trazado actuaciones que no les satisfacen al 100%, e incluso, han visto cómo los poderes políticos han tomado decisiones que han empequeñecido el panorama artístico valenciano con el cierre de espacios, tanto para el arte contemporáneo (La Gallera) como para las artes escénicas (El Escalante).

El próximo mayo se cumplirán dos años del vuelco electoral. Es ahora cuando se puede echar la vista atrás respecto a las políticas practicadas y valorar los resultados, más allá de planes estratégicos, hojas de ruta y programas a largo plazo. Durante todo este tiempo, han surgido grietas en las relaciones entre la Administración y los agentes culturales. Roces que empiezan a ser más profundos que las primeras críticas que reprochaban a los actuales gestores la lentitud de Cultura para acometer cambios.

En estos meses, el departamento que dirige el conseller Vicent Marzà ha nombrado a través de concurso público dos responsables culturales que cumplirán en abril un año al frente de sus instituciones: José Luis Pérez Pont, responsable del Consorcio de Museos, y Abel Guarinos, director del Institut Valencià de Cultura.

Bajo la gestión del primero Valencia ha perdido una sala de exposición dedicada al arte contemporáneo. Los números de La Gallera (alrededor de 145.000 euros al año entre el precio del alquiler y el coste del mantenimiento del inmueble), inasumibles para el actual presupuesto de la institución, condenaron al espacio artístico a su cierre. Pérez Pont se esforzó por buscar patrocinadores para salvar la sala de la calle Aluders, pero finalmente no surgieron. La Gallera, edificio singular, se inauguró en 1996 y durante dos décadas albergó decenas de exposiciones.

Un caso similar ocurrió hace años con la sala Parpalló. En este caso fue la Diputación de Valencia quien decidió rescindir el contrato de la sala, ubicada en el antiguo refectorio del Convento de la Trinidad y cercana al Museo de Bellas Artes. Los 70.000 euros de alquiler fueron motivo para clausurar la Parpalló en 2010 y trasladar la oferta a un espacio del MuVIM. El cierre de la Parpalló se realizó bajo el mandato del PP, el de La Gallera durante el actual gobierno de PSPV-Compromís.

Durante la anterior legislatura, el sector teatral valenciano fue muy crítico con la gestión cultural en manos del PP. Desde las artes escénicas de la Comunitat, criticaron los recortes, cuestionaron el funcionamiento de CulturArts y pidieron reiteradamente la dimisión de la entonces responsable de Teatro y Danza, Inmaculada Gil-Lázaro, cuyo contrato la Administración rescindió en febrero de 2016.

Dos asociaciones, la Asociación Valenciana de Empresas de Teatro y Circ (Avetid) y la Associació d'Actors i Actrius Professionals Valencians (AAPV), fueron especialmente combatientes en el pasado. Ahora tampoco han guardado silencio. La primera emitió un comunicado a final de enero en el que «reclama una revisión de las políticas culturales de la Administración para poder llevar a cabo una labor cultural digna y profesional».

Las empresas privadas de teatro denuncian la competencia desleal que se articula en dos ejes: las salas públicas ofrecen precios populares y cachés más elevados. Desde Avetid no pueden afrontar los presupuestos que maneja la Administración, tanto el Ayuntamiento como la Generalitat. Además, reclaman «estructuras y fórmulas de programación entre espacios escénicos públicos y privados para no incurrir constantemente» en rivalidades de oferta, porque, a juicio de Avetid, los teatros públicos acogen «producciones escénicas de factura media y pequeña que bien podrían representarse en las salas privadas».

Desde el Institut Valencià de Cultura (IVC) destacan que la relación con las asociaciones profesionales es fluida y mantienen la colaboración con los colectivos de las artes escénicas. Aún así, los actores echan en falta «un proyecto cultural» y los dramaturgos consideran que apenas se les tiene en cuenta en las programaciones. Con motivo de la Mostra de Teatre Amateur celebrada el pasado enero en el teatro Rialto, la AAPV, que preside Ximo Solano, lamentó «la falta de dirección, de proyecto y de rigor en la gestión cultural», como publicó LAS PROVINCIAS. Los dramaturgos, representados por la Associació Valenciana d' Escriptores i Escriptors Teatrals (AVEET), solicitan mayor presencia en las tablas públicas y más apoyo institucional para subir a los escenarios.

Desde IVC calman los ánimos emplazando al nombramiento de la persona que ocupe la dirección adjunta de Artes Escénicas y recuerdan que el último año se han programado nueve obras de autores valencianos vivos y ha aumentado el montante de las ayudas a la dramaturgia (de 9.000 euros en 2015 a 24.000 en 2016).

Ballet y diseño

Durante esta legislatura el Ballet de la Generalitat ha dejado de existir como unidad artística. Tras concluir el contrato de los bailarines el pasado 31 de diciembre, los profesionales no fueron renovados. Esta situación fue considerada por los propios afectados como «un ERE encubierto», pero según el IVC, la fórmula de que la Generalitat contara con un cuerpo propio de baile era «inasumible» para las arcas públicas. Sin embargo, Cultura sí necesita a profesionales de la danza para sus producciones y apuesta por la danza contemporánea en su programación. Por eso, el IVC ha convocado el 25 de febrero un casting para buscar a seis bailarines, a quienes que se les realizará un contrato de varios meses (posiblemente de marzo a julio»), y dos 'covers'. Cultura quiere renovar y rejuvenecer el elenco, que si fuera necesario se ampliaría a más bailarines, al que recurra el IVC. Las personas seleccionadas participarán en dos producciones. Una de ellas es 'El cant del cos', que vuelve a programarse y el segundo título de Cultura, una coproducción, se prevé para verano.

Antes del estío está previsto que se reabra el Espai Mutant. El teatro de las Naves quedó inutilizado el pasado diciembre tras una filtración de agua. El escenario del contendor cultural no está reparado, una circunstancia que ha obligado a los programadores a trasladar espectáculos a otras fechas del calendario y a ofrecer títulos en pequeño formato para desarrollarlos en la biblioteca, patio y sala de exposiciones. Las artes escénicas sobreviven en las Naves gracias al ciclo 'Out of the box' que propone 'Party' (17 y 18 de febrero), 'Inventario', de Bárbara Buñuelos (25 de febrero), 'Molar', de Quim Bigas (3 de marzo) y 'Who is me, Passolini', de Álex Rigola (3 al 5 de marzo).

Al margen del Espai Mutant, las Naves ha virado de rumbo. Nació en 2011 y abrió sus puertas a distintos colectivos vinculados con el diseño y el arte para que fijaran en la antigua fábrica portuaria sus sedes sociales. Así sucedió con la Asociación de Diseñadores de la Comunitat, la Associació Artistes Visuals de València, Alacant i Castelló, el Colegio de Diseñadores de Interior de la Comunitat, el Colegio Oficial de Publicitarios y Relaciones Públicas de la Comunitat y, desde principios de 2015, al Grup Instrumental de València.

La dirección de las Naves, en manos de Rafa Monterde, acaba con este modelo y pretende vincular el uso del espacio al desarrollo de programas específicos y ceñidos a un periodo temporal. Este cambio de modelo ha generado críticas entre los colectivos afectados.

La formación musical abandonó el pasado 28 de enero el contendor cultural. Ha trasladado su archivo sonoro, fruto de 25 años de trayectoria, a un local privado. El Grup Instrumental presentó proyectos para poder continuar pero no logró, según la entidad musical, la respuesta positiva del gerente.