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El artista valenciano Miquel Navarro. :: damián torres
El artista valenciano Miquel Navarro. :: damián torres

Miquel Navarro: «El espectador es el habitante de mis ciudades»

  • El creador valenciano inaugura el día 16 en San Sebastián la muestra 'Arqueologías imaginarias', que reúne cuatro grandes esculturas

El artista valenciano Miquel Navarro (Mislata, 1945) inaugura el día 16 en el Kursaal de San Sebastián su exposición 'Arqueologías imaginarias', una muestra que reúne cuatro grandes esculturas conformadas por otras tantas ciudades, así como algunos materiales -obras en pequeño formato, cuadernos de viaje y xerografías- que rara vez había mostrado antes al público. Polifacético creador galardonado con el Nacional de Artes Plásticas 1986 y con obra en algunos de los principales museos del mundo, considera que «el espectador es el habitante de mis ciudades» y reconoce que en su personalidad cohabitan «una conciencia individual y otra colectiva».

¿Qué supone esta exposición dentro de su trayectoria?

Si no es una antológica, que no lo es porque tengo mucha más obra, sí que tiene un toque en ese sentido. Además, tiene la peculiaridad de que es una de las primeras veces que muestro algunas cosas muy íntimas mías que hasta ahora no había enseñado. Queda como un laboratorio personal. Finalmente, 'Arqueologías imaginarias' incluye obras apenas expuestas, como 'Placón'.

El núcleo de la muestra lo constituyen cuatro ciudades. ¿De qué fecha datan?

No las recuerdo exactamente, la más antigua es de los años 1984-1985 y la más reciente de ahora.

¿Qué materiales ha utilizado?

Diversos. Está mezclado el zinc, la terracota y lo que los franceses llaman 'le objet trouvé' -el objeto encontrado'-, en este caso, ladrillos que encontré en un sumidero. 'Entre muros' y 'Placón' son de aluminio, mientras que en 'Ciudad roja' el material es el hierro.

¿Cuál es el tema central? Quizás estas ciudades son también una forma de autorretrato.

En ciertos momentos, sí, pero reflejan una manera de ser.

¿Y cómo es?

Soy al mismo tiempo individual y colectivo.

¿De dónde surge esa necesidad, no de reproducir o retratar ciudades, sino de imaginarlas?

Como todo, surge del propio deseo de una cierta aventura. Surge de la necesidad de mantener el interés durante todo el proceso creativo mediante el encuentro con determinados hallazgos.

¿Cuándo da por finalizada una 'arqueología'? Las posibilidades de continuar son infinitas, supongo.

Hay un momento en el que se ve claro en la obra que ya no puedes seguir. La única posibilidad es empezar otra distinta, que puede tener una continuidad con la anterior. Todas las obras de un artista están ligadas, una te lleva a la otra.

Las ha llamado 'arqueologías', pero podrían ser ciudades contemporáneas en estado de ruina.

Las he llamado 'arqueologías' pero por ponerle un título, pero efectivamente, podrían ser ciudades contemporáneas o incluso futuristas, de ciencia-ficción.

¿De dónde se nutre para crear esas imágenes? ¿Del cine, del cómic...?

Los referentes de mi obra son los propios de la historia del arte. Durante toda mi vida, leo libros de todas las épocas, los hojeo... La información viene de eso, de los juegos de infancia, del cine -por qué no-, de tu propia experiencia, de tu historia... En este caso, del pueblo en el que vivo desde pequeño, Mislata, y en el que confluye el elemento industrial por una parte, y el agrícola y comercial por otra. Viajo mucho, pero sigo viviendo ahí porque estoy a gusto.

¿Y esa fascinación por la ciudad?

Porque me parece una de las máquinas culturales más perfectas. Me gustan tanto el anonimato como el no anonimato, pero también el laberinto -un hecho al que están muy ligadas las ciudades- y el hecho de ser una cobija para el ser humano. Es el sitio en el que se reúne todo, un crisol de culturas. Tiene las fascinación de la belleza más humana.

¿Qué aporta la mirada del espectador a sus obras?

En ocasiones me dicen: «Tus ciudades no tienen personajes» porque tienen un toque entre surrealista y metafísico. Y contesto: «Sí tiene personajes. Uno de ellos es el espectador». Y otras pequeñas piezas que dejo por ahí también son individuos, más abstractos si se quiere, pero el espectador es el habitante de mi ciudad.

Frente a los pueblos, ¿cree que la ciudad se convierte en un símbolo de libertad?

En la ciudad tienes más libertad que en un pueblo para ser lo que tú elijas ser. Aunque vivo en un pueblo (Mislata), a mí me gustan las casas de campo, pero no los pueblos.

Quizás está fatigado de que su entorno le conozca como 'el artista'.

En el trato hay un componente de tipo familiar que es agradable, pero es que mi pueblo ya no es pueblo, sino ciudad. Por un lado, tiene 50.000 habitantes y por otro lado, está pegada a Valencia.

¿Encuentra que la ciudad tiene algo de sensual?

Claro, por eso del escondite que he comentado antes. Sin duda, lo tiene. A mí me gusta mucho sentarme en una terraza a tomarme algo y ver pasar a la gente.

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