Las Provincias

Valencianas en el ruedo

La presencia de mujeres torero siempre ha sido muy controvertida en un mundillo que parecía destinado en sus papeles principales, sólo a los hombres. Durante el franquismo estuvo tácitamente prohibida su actuación como toreros de a pie, por mucho que la peruana Conchita Cintrón, rejoneadora que en América alternaba sin cortapisas las dos especialidades, a caballo y a pie, llegase a torear a puerta cerrada en Las Ventas, en una fiesta organizada por altos jerarcas del régimen o que en su despedida como rejoneadora en Jaén se bajase del caballo y torease con la muleta.

La Comunitat también tuvo sus pioneras. La alicantina Ángela que comenzó su lucha allá por años 60, fue la que más riesgos sociales asumió, llegando a pleitear con las instituciones españolas para que la dejasen torear y la que mayores cuotas artísticas alcanzó, llegando a tomar la alternativa en Méjico. Se convirtió por aquel entonces en una de las pocas referencias públicas de la lucha de las mujeres en busca de la igualdad. Anteriormente había sido Milagros Peris, perteneciente a la conocida familia ganadera de El Puig, quien había intentado la aventura del toreo en tiempos de la República, llegando a torear en la plaza de Valencia. En la especialidad de toreo a caballo, el máximo exponente de la tierra es Paquita Rocamora, que alcanzó gran cartel en los años 50 y 60 en las principales ferias de España.

Recientemente fueron varias las novilleras que salieron de la Escuela Taurina sin mucho recorrido. Maite Alcalá, que toreó con picadores e hizo varias temporadas, fue la más destacada, llegando a estar anunciada en Valencia. También María Morillas alcanzó el grado de novillero con picadores.