Las Provincias

El maravilloso mundo de Les Luthiers

Un momento de la representación de '¡Chist!'. ::
Un momento de la representación de '¡Chist!'. :: / LP
  • En la obra, destacan el ingenio de sus juegos de palabras y dobles significados, lo cual la convierte en una lección de recursos retóricos y de metáforas mordaces

  • La compañía argentina regresó a Valencia con su antología '¡Chist!'

El conocido y veterano grupo argentino Les Luthiers, uno de los más populares en los países de habla hispana desde el inicio de su carrera en 1967, actuó durante tres días en Valencia poniendo el cartel de 'no hay localidades' en todas las sesiones.

Su primer regreso a la ciudad desde el fallecimiento el año pasado de uno de sus miembros originales, Daniel Rabinovich, fue con su trigésimo cuarto espectáculo, '¡Chist!'; una antología de sketchs de sus obras estrenada en 2011 en la localidad argentina de Rosario. Y no defraudó a la expectación despertada, ni a sus seguidores expectantes ni a quienes no los habían visto nunca en directo: Les Luthiers está en plena forma y parece que no le afecte el paso de los años.

El espectáculo es una antología pero tiene entidad propia. No es una simple acumulación de diez sketchs exitosos: todos están engarzados con la introducción entre cada uno de ellos de una parte de 'La Comisión', uno de los más geniales de su trayectoria. Así, el episodio de la creación de una comisión que actualice el himno nacional permite crear una estructura a modo de montaje cinematográfico en paralelo con suspense incluido.

Durante dos horas, desfiló un conjunto diverso dentro de la unidad de estilo: las historias de Manuel Darío -el horrible cantante-, del conocido Juan Sebastian Mastropiero y su madrigal de la moza, la canción ecológica de 'Solo necesitamos', el fragmento de ópera 'La hija de Escipión', el 'Bolero de los celos', el cántico de los monjes de 'Educación sexual moderna', la 'hematopeya' 'La redención del vampiro', la rapsodia gastronómica de 'Encuentro en el restaurante' y el rap de los 'Jóvenes de hoy en día'. La propina fue una rúbrica brillante, un genial blues al piano compitiendo con un peculiar nuevo instrumento musical artesanal que convierte la melodía imposible en posible.

Les Luthiers hace gala de un humor corrosivo y barroco pero señorial y nada chabacano. Su sátira desmitifica ideas de la colectividad con respeto al público y a lo caricaturizado. La ridiculización de los absurdos no hiere: cuestiona ideas con sutileza ética y sensibilidad estética. Ejemplos de ello son 'La Comisión', con sus políticos que son mediocres analfabetos a los que sólo les interesan sus corruptelas a costa del erario público, sin soflamas políticas facilonas, y los testimonios contrarios a las creencias del cantante Manuel Darío. Destaca el ingenio de sus juegos de palabras y dobles significados, lo cual convierte al espectáculo en una lección de recursos retóricos y de metáforas mordaces. Nada nuevo que el veterano seguidor del grupo no haya gozado: magníficos números musicales, delicadeza, humor tranquilo, burla sosegada, estupendas interpretaciones, naturalidad y espontaneidad. Más un gramo de iconoclastia cultural.

Los conocedores del grupo estaban atentos al sustituto del fallecido Rabinovich. Y se sorprendieron porque Martín O'Connor superó las expectativas con su extraordinaria y versátil voz y su solvencia interpretativa en 'Manuel Darío', 'La hija de Escipión' y 'La Comisión'. No diremos que el cambio haya sido beneficioso, pero sí que mantiene su calidad, su personalidad de siempre y el futuro.

Les Luthiers no baja el pistón, pase lo que pase. La calidad de estos emperadores del humor musicalizado no envejece, aunque ellos sí y de ello también se ríen con elegancia y ternura. Quedamos a la espera de su siguiente espectáculo ya estrenado, 'Viejos hazmerreíres', porque siempre es una experiencia única asistir a las creaciones de estos clásicos de la escena cómica.