Las Provincias

Itinerario de un meteoro

  • La publicación es realmente exhaustiva al incluir desde trabajos escolares hasta los poemas satíricos

  • Atalanta fija en una edición ejemplar la 'Obra completa' de Arthur Rimbaud

A cualquier persona culta el nombre de Arthur Rimbaud le sugiere al instante algunas cosas. Una imagen icónica, por ejemplo. Ya sea la de la fotografía firmada por Carjat en 1871 (el jovencito de ojos claros, pelo rebelde y gesto decidido) o la del famoso cuadro de Fantin-Latour en el que Rimbaud, sentado en un rincón de la mesa de los poetas, apoya el mentón sobre su mano izquierda y presenta un aspecto irreal: se parece mucho a un electroduende.

Lo siguiente que sugiere el nombre de Rimbaud es quizá algún título ('El barco ebrio', 'Una temporada en el infierno') y, por encima de todo, una idea -rotunda e inconcreta- de rebeldía, genialidad y violencia. Esa idea llega acompañada del brillo legendario de dos episodios biográficos: la pelea en Bruselas que termina con un disparo de su amante Verlaine y los misteriosos años finales del poeta en África, dedicado al tráfico de armas.

El nombre de Rimbaud nos sugiere en resumen una aleación de prodigio y forajido: el «Shakespeare niño» del que habló Víctor Hugo vagabundeando por las calles del París de la Comuna. Lo que probablemente no consigue es traernos a la memoria un poema, un puñado de versos. Sucede porque la posteridad del francés habla antes de un caso, de un misterio, de un fenómeno, que de un poeta.

La buena noticia es que los lectores españoles disponemos por fin del expediente Rimbaud completo. Lo publica Atalanta con el gusto habitual, está al cuidado exigente de Mauro Armiño y ocupa mil quinientas (manejables) páginas. Esta 'Obra completa' agrupa en primer lugar una minuciosa ordenación de la poesía de Rimbaud. A diferencia de recopilaciones anteriores, es realmente exhaustiva. Incluye desde trabajos escolares hasta los poemas satíricos del llamado 'Álbum zutista': piezas irreverentes, llenas de jerga y groserías, escritas en los cafés del Barrio Latino, a veces a cuatro manos, para escarnio de los académicos parnasianos.

Brillante y furioso

Toda la obra de creación canónica de Rimbaud se presenta en el libro en versión bilingüe, en orden cronológico y anotada con precisión. Los poemas van desde uno aparecido en 1870 en 'La Revue pour tous', cuando el autor tenía dieciséis años, hasta piezas fechadas tres años más tarde, momento en que adoptó el silencio definitivo. Entre ellos, clásicos como 'El barco ebrio' o 'Un corazón bajo una sotana', extenso poema que Mauro Armiño sitúa como «el más complejo de Rimbaud», descartando su ligereza paródica y detectando en él numerosas claves de la obra posterior del autor.

Tras los poemas, llega el único libro publicado por Rimbaud en vida, 'Una temporada en el infierno', y 'Las iluminaciones', que, editadas a partir de unos papeles entregados en 1875 a Verlaine, tienen mucho de puzle y bastante de enigma. Sin embargo, es en estos dos libros de prosas poéticas donde encontramos al Rimbaud más reconocible. En parte, porque en ellos la brillantez furiosa deja paso a uno de los rasgos esenciales de la posteridad del autor: la fulguración visionaria. Pero también porque estos textos contienen pasajes de una llamativa modernidad, fragmentos de naturaleza íntima en los que se desdibuja la propia biografía y parecen anticipar los géneros híbridos del futuro.

Rimbaud escribió toda su obra en tres años, entre 1870 y 1873, y apenas vivió la mitad de ese tiempo en París, ciudad a la que llegó en 1871, con la intención de abolir la estética del Parnasianismo. Su paso por la capital fue el de un meteoro. Escribió contra la iglesia, la familia, el trabajo y el poder. Vivió como un pequeño salvaje, ofendiendo incluso a los artistas malditos. No había cumplido veinte años cuando dejó de escribir.

La razón de ese silencio constituye uno de los grandes misterios de la historia de la literatura occidental. Es probable que nunca se le encuentre una respuesta, pero resulta inevitable salir en su busca y no queda otro remedio que hacerlo más allá de la obra de Rimbaud, en su biografía. A ese respecto, estas 'Obras completas' resultan de gran utilidad. Tras las 'Iluminaciones' nos encontramos con la correspondencia íntegra del autor que, convenientemente anotada, va completando un dibujo de la personalidad de Rimbaud y también de la peculiar relación que mantuvo con su familia y especialmente con Verlaine.

Un disparo en Bruselas

Es probable que no haya como una correspondencia privada, con su avalancha de ruegos, intimidades, excusas y menudencias, para poner en entredicho cualquier mitología. Mauro Armiño deja fuera del cuerpo general de la correspondencia de Rimbaud las cartas que se conservan de las que cruzó con Verlaine e incluye las respuestas de éste. A continuación, agrupa en un apartado titulado 'El affaire de Bruselas', el dosier policial sobre el incidente de 1873 que terminó con Rimbaud recibiendo un tiro en el antebrazo, las declaraciones de los implicados y cartas sobre el asunto escritas por Verlaine y la madre de Rimbaud.

A partir de esos testimonios, el episodio es tristísimo: una trifulca de borrachos que se chantajean y recurren al auxilio de sus mujeres y sus madres. Verlaine pasaría dos años en la cárcel; Rimbaud, unos días en el hospital. Mauro Armiño escribe que a partir del suceso «la suerte estaba echada para ambos». Los amantes solo se vieron una vez más, en 1875, en Stuttgart, cuando Rimbaud le dio a Verlaine el manuscrito de las 'Iluminaciones'. Aquel encuentro terminó con otra pelea alcohólica. Esta vez perdió Verlaine, que quedó inconsciente en una cuneta.

El silencio poético de Rimbaud dejó paso a una vida aventurera. Viajó por Europa, se enroló en el ejército colonial holandés, viajó al Sudeste asiático, desertó y regresó con frecuencia a casa de su madre. En su correspondencia encontramos un rastro de esa deriva, que está impulsada por el motivo escasamente poético de encontrar «una buena colocación». Sin embargo, en las cartas hay también algo muy curioso: huellas repentinas del extraordinario prosista que Rimbaud podría haber llegado a ser. En 1879 viajó por primera vez a África, instalándose en Alejandría, donde comenzó una carrera de comerciante (marfil, pieles, armas) que le llevó a instalarse durante sus últimos años en Etiopía.

Rimbaud tuvo dos vidas. Ambas fueron increíbles. Todo terminó en un hospital de Marsella, en el otoño de 1891, cuando tenía solo 37 años, a causa de un cáncer de rodilla que había obligado a amputarle una pierna. «Yo, inválido, desdichado», se describe Rimbaud en su última carta. Al leerlo, entendemos cómo estas ejemplares 'Obras completas' ahuyentan la mitificación. En su lecho de muerte, Rimbaud negó dramáticamente aquel «Yo es otro» que había escrito mucho tiempo atrás, en una carta famosa, y que la posteridad aún le festeja, confundiendo como suele leyenda y realidad.