Las Provincias

La guarida de las viñetas

Manuel Molero. El propietario de Futurama, junto a la figura de Néstor,  el mayordomo de Tintín, en el bajo donde habitan  millones de viñetas.
Manuel Molero. El propietario de Futurama, junto a la figura de Néstor, el mayordomo de Tintín, en el bajo donde habitan millones de viñetas. / FOTOS: JUANJO MONZÓ
  • El almacén de la librería Futurama custodia cómics descatalogados y piezas codiciadas por coleccionistas

  • La tienda valenciana conserva tebeos de la década de los 30, el álbum donde Francisco Ibáñez comenzó a dibujar y etiquetas de naranjas de los años 50 con la imagen de Tintín

Néstor, el mayordomo del capitán Haddock, custodia el almacén. Su aspecto rígido e inmutable no incomoda a Corto Maltés, que con su gorra, sus patillas y su cigarro otea desde las alturas. Todos los héroes y los villanos del tebeo, el cómic y la novela gráfica conviven en un bajo de la zona de Arrancapins. Todos es todos, sin distinción de edad, sexo o nacionalidad: el capitán Trueno, los cuatro fantásticos, Goku, Mortadelo, Mafalda, Rorschach, Linterna Verde, Pulgarcito, Mazinger Z, Roberto Alcázar y Pedrín, Pablo Uriel... Ninguno se libra de pasar por las manos de Manuel Molero. El propietario de Futurama, tienda especializada en cómic que cumple 35 años en 2016, habita con ellos. Pasa horas y horas entre los pasillos de los estantes que conservan un patrimonio de millones de viñetas.

El almacén de Futurama huele a nostalgia, a infancias en blanco y negro, a editoriales desaparecidas (Valenciana, Maga, etcétera), a iconos de papel (Pumby, Guerrero del Antifaz, Superman, Batman y Tintín) y, sobre todo, a papel viejo. Molero abre a LAS PROVINCIAS las puertas de la madriguera del cómic, donde se custodian tebeos descatalogados, publicaciones codiciadas por coleccionistas y rarezas ilustradas. Se ausenta un minuto y vuelve con etiquetas para la exportación de naranjas de los años 50 con la imagen de Tintín; un ejemplar de 'Paseo infantil' de 1957 «donde Francisco Ibáñez, el autor de 'Mortadelo y Filemón', empezó a dibujar»; y un tebeo de 1936 que la mayoría, dice Molero, desconoce su existencia. Se trata del álbum de Walt Disney número 5 titulado 'El canguro de Mickey'. «Todo el mundo cree que la colección constaba de cuatro álbumes, pero aquí está este ejemplar con el que se comprueba que fueron cinco», detalla. Su precio en 1936 ascendía a tres pesetas. Molero no se desprende de él por menos de 100 euros.

El almacén es un auténtico refugio de la historia del tebeo, una guarida 'comiquera' y un templo de las viñetas. Molero desaparece un minuto y regresa con primeras creaciones de los valencianos Mique Beltrán, Micharmut y Sento Llobell. Se ausenta de nuevo tras los estantes y vuelve con reediciones de los primeros ejemplares de 'El Capitán Trueno'. El héroe de Víctor Mora y 'Mortadelo y Filemón' son los tebeos nacionales más reclamados: «No pasan de moda». De títulos extranjeros, el súperventas es el dueño de Milú, después 'Astérix y Obélix'.

Todo está en venta, todo tiene un precio. «Me he desprendido de piezas que ahora echo de menos, pero ya no me pertenecen», afirma. Hace referencia a los primeros años de Futurama, que nació en 1981 en la calle Escuelas Pías y se trasladó en 1986 a Guillem de Castro. «Yo quería dibujar, pero era malísimo. Abrí la tienda por afición, quería estar rodeado de tebeos y de dibujantes. Lo primero que vendí fue mi colección particular. ¿Quién me iba a decir que con Futurama íbamos a vivir cuatro familias y yo?», explica Molero, mientras recorre los pasillos de su particular cueva. Profesa adoración por los personajes de Hergé. «Fui gran lector de Tintín. Ahora leo menos. Lo mejor de los últimos años es la trilogía del doctor Uriel, de Sento Llobell», destaca.

Molero ejerció varios trabajos antes de subir la persiana de Futurama (administrativo en una constructora, modelo y fontanero) y ostentó negocios de ocio nocturno. «Al frente de la librería nunca he pensado en tirar la toalla», señala. Ha superado momentos malos. Las ventas de la librería se resintieron notablemente, según Molero, por las obras del metro («Levantaron la calle Guillem de Castro, alzaron una especie de trinchera y no se veía la tienda. Además, sufrí dos robos, algo que no me pasó en el barrio chino», recuerda) y luego vinieron los trabajos del túnel. Sufrió la crisis: «Antes tenía dos bajos, uno para almacenar cómic europeo y antiguo; y otro para manga y superhéroes. Ahora están toda la colección en el mismo local». También Futurama creció con un segundo local anexo que más tarde se vio obligado a cerrar en la resaca de la burbuja inmobiliaria.

Tras superar los contratiempos «apretándose el cinturón», Molero está orgulloso de ser la segunda tienda de tebeos más antigua de España después de Continuará, un veterano comercio en Barcelona. El próximo 21 de noviembre recibirá la distinción de la Conselleria de Cultura a la trayectoria de la librería en San Miguel de los Reyes. Es su segundo premio: «La Generalitat reconoció al establecimiento en 2006. Me ha sorprendido mucho el premio porque pensaba que ya no volvería a recibir otro galardón», se sincera.

Recuerda que la primera tienda especializada en tebeos que se abrió en Valencia fue «Metrópolis en los años 1972 o 73 en la calle Julio Antonio, pero cerró. Y ahora, 35 años después, los cómics se venden en los grandes almacenes», relata. Y bromea: «Ahora es cosa de modernos». Vuelve a desaparecer por los archivadores del almacén y regresa con publicaciones en japonés, italiano, francés e incluso un ejemplar de 'La Pantera Rosa' en alemán. También enseña una caja de cerillas de 1984 ilustrada por Sento en el reverso y por Mique Beltrán en el anverso.

Molero vende las «maravillas» en internet (todocoleccion.net). «Una edición completa y original de 'El capitán Trueno' estará por los 1.000 euros», apunta. Su cerebro es una auténtica enciclopedia 'comiquera' y el bajo donde conserva el patrimonio forjado por viñetas es un sorprendente santuario para los adictos al tebeo. Él trata de disculpar el desorden del almacén, donde convive un óleo de Godzilla con dos figuras de Betty Pop. Es la primera vez que abre las puertas de las entrañas de Futurama a la prensa. «A ver si voy a tener que cobrar entrada», bromea Molero. A buen seguro que 'freaks', amantes de tebeos, adictos al cómic y amantes de la cultura pop pagarían por perderse entre viñetas.