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Carmen Posadas: «La duquesa de Alba perteneció a la única estirpe de mujeres libres hasta el siglo XX»

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Pablo Salazar, Carmen Velasco, Carmen Posadas y Ramón Palomar, ayer, durante la presentación en Aula LAS PROVINCIAS de la novela 'La hija de Cayetana'. :: jesús signes

  • La autora presenta su última novela, 'La hija de Cayetana', donde redescubre la España del XVIII y dedica un capítulo a las Fallas

VALENCIA. La escritora Carmen Posadas presentó ayer en Aula LAS PROVINCIAS su última novela 'La hija de Cayetana' (Planeta) donde descubre para los lectores a una niña negra adoptada por la duquesa de Alba, la que vivió en la España de finales del siglo XVIII y que, incluso, apareció en dos cuadros de Goya.

Ante un abarrotado salón de actos del Palacio de la Colomina de la Universidad Cardenal Herrera CEU, la autora compartió una conversación a cuatro con la redactora de Culturas de LAS PROVINCIAS Carmen Velasco; el escritor y columnista de este periódico Ramón Palomar; y el jefe de Opinión del diario, Pablo Salazar. Ante las más de 150 personas que ayer no quisieron perderse el coloquio, Posadas desveló algunos de los secretos de un personaje, Cayetana de Alba, de la que dijo que «perteneció a la única estirpe de mujeres libres que existió en España hasta el siglo XX». «Fue una mujer libre y actuó como tal. Fue dueña de su destino y pudo serlo porque heredó una gran fortuna», contó.

Salazar fue el primero en iniciar la presentación. Describió la historia como «desconocida» por el público. En ese momento, la redactora de Culturas de LAS PROVINCIAS Carmen Velasco, inauguró el turno de preguntas y pidió a Posadas que realizara el perfil de una Cayetana «con un carácter castizo, desinhibido y hedonista», dijo. La novelista confesó que, aunque existe poca documentación alrededor de la figura de esa niña, lo que sí pudo fue trazar la personalidad de Cayetana gracias a los testimonios de la época. Es más, contó que había podido acceder al archivo de la Casa de Alba, cuyo duque es ahora Carlos Fitz-Jamas Stuart, y que allí encontró el testamento en el que la duquesa dejaba una gran fortuna a la menor.

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Carmen Posadas en Aula LAS PROVINCIAS. / Jesús Signes

No obstante, la escritora aseveró que se toma algunas licencias. «Si en la portada de un libro pone novela, el escritor es libre de hacer lo que quiera», dijo. Y fue sincera al afirmar que no le gusta que le cuenten un cuento y que tras la escritura de este libro había un fuerte trabajo de documentación.

Posadas, además, quiso matizar entre risas unas declaraciones efectuadas por ella en las que aseguró que había necesitado «tomarse un gin tonic» para escribir las escenas de sexo del libro. «No me he dado al alcohol», bromeó ante la pregunta de Ramón Palomar sobre la que consideró la novela más sexual de la autora. «Es que en ese tipo de escenas es muy fácil caer en la cursilería o en la escatología», defendió.

Asimismo, también fue interrogada sobre el hecho de que la aristócrata acogiera como suya a una niña negra. De esta menor, María Luz, apenas se tiene constancia y no se conoce qué fue de ella. Aunque Posadas cree que volvió a Cuba tras la muerte de la duquesa. «En aquella época era muy habitual considerar a los esclavos negros como gentes de placer. Había una tendencia a 'comprar' a una de estas personitas como si fuera un cachorro. Muchas altas damas les hacían unas carantoñas y listo. Pero la duquesa de Alba se encariñó de aquella niña e, incluso, aparece en varios cuadros de Goya», aseveró. Esa fue la chispa que incendió su curiosidad para narrar una historia que también retrata la esclavitud en aquella España. Posadas hizo una defensa del trato a estos cautivos en un país que no fue tan duro como Reino Unido. «No hay que olvidar que los ingleses, no los españoles, fueron los encargados de gestionar el mercado de esclavos», manifestó antes de resaltar que aquel aspecto es el que ha logrado que en «España haya menos xenofobia y que aquí exista el mestizaje».

Velasco fue la encargada de resaltar que Posadas ha llevado las Fallas a un capítulo de su novela. «Cuando coronaron a Carlos IV y a María Luisa de Parma, la duquesa le pidió a Goya que creara un decorado para su palacete hecho con cartón. Un pabellón en el jardín repleto de estatuas. Ella había visitado las Fallas de Valencia y quiso imitar lo que se hacía aquí. Después organizó otra fiesta, en la que invitó al pueblo que es lo que a ella le gustaba, y quemó todo aquello que el pintor había creado. Era su forma de ridiculizar a la 'parmesana'», narró la novelista sobre la mala relación entre ambas mujeres -las dos compartían un amante y Cayetana mandaba copiar los vestidos de la reina para luego hacer que sus sirvientas llevaran la misma ropa que lucía la monarca-.

Hubo también tiempo para las anécdotas como la excelente relación de Cayetana con Goya; cómo la reina lució la primera dentadura postiza conocida como 'la castañeta' y cómo las mujeres eran capaces de peinarse con melaza para sostener unos tocados de más de un metro.

La conversación sirvió para que la autora retratara a la España de finales del siglo XVIII y principios del XIX. Aseguró que, para un novelista, es necesario no mirar con la mentalidad del siglo XXI lo ocurrido dos siglos antes. Al finalizar el acto, en el que hubo tiempo para hablar de política española e internacional, Carmen Posadas firmó ejemplares de su novela ante unos seguidores entregados que se quedaron sin saber si aquella Cayetana de Alba tuvo algo con Goya. «Habrá que leer el libro para averiguarlo», instó a sus lectores.