Las Provincias

La tierra se traga la Historia de Italia

La tierra se traga la Historia de Italia
  • Los terremotos han arrasado lugares como Amatrice, Norcia, Visso o Ussita, que simbolizan la grandeza cultural del país

«Reconstruiremos las casas, reconstruiremos las iglesias, reconstruiremos los lugares del espíritu y del alma porque no tiene sentido imaginar la reconstrucción sin la belleza de esto lugares». El primer ministro italiano, Matteo Renzi, se puso solemne al hablar el jueves de cómo su Gobierno piensa responder al desastre que han dejardo los últimos terremotos en la zona central del país. A diferencia del seísmo del 24 de agosto, que provocó la muerte de casi 300 personas (la mayoría en Amatrice), con los temblores de la pasada semana, el más grave de los cuales alcanzó una magnitud de 6,5 grados, no hubo que lamentar víctimas mortales, pues sólo dejaron unos pocos heridos leves. Su daño más grave fue material: afectaron a alrededor de 200.000 viviendas y se cebaron con las riquezas artísticas de la región. Se calcula que 15.000 personas no pueden aún volver a residir en sus casas.

«Nuestro patrimonio cultural es una parte importante de nuestra identidad. Estamos heridos por la pérdida de obras de inestimable valor y belleza en todo el territorio», lamenta Stefania Monteverde, asesora cultural de la provincia de Macerata, una de las zonas donde más destrozos han provocado los terremotos. El símbolo de la tragedia artística, sin embargo, se encuentra en la vecina Norcia, en la región de Umbria. Esta pequeña localidad, que aguantó sin apenas daños el seísmo de agosto pese a su cercanía a Amatrice, ha perdido su edificio más emblemático: la basílica de San Benito, el fundador de los benedictinos. Ahora sólo queda la fachada de este templo cuya construcción se inició en el siglo XIII y que era el gran reclamo cultural, turístico y religioso de la zona.

Para poder reconstruir el pueblo, Renzi parece haberse encomendado al santo local, patrón del Viejo Continente, como dicen los carteles que hay en la entrada de Norcia. El primer ministro se lo recordaba a Bruselas para que no tenga en cuenta el coste de la rehabilitación de la zona a la hora de contabilizar el déficit de las cuentas públicas italianas.

La situación en que han quedado la basílica de San Benito de Norcia, la parroquia de San Francisco, la de Santa Rita y la de Santa María Argentea, que cuenta con frescos del siglo XV, es común a cientos de iglesias, torres, palacios y edificios de interés artístico de otras localidades muy dañados por los temblores. Al menos, las autoridades parecen ser conscientes de que está en juego el salvamento de un patrimonio cultural de valor inestimable, tesoro de un país cargado de maravillas que tiene en sus pequeñas urbes algunos de sus rincones más hermosos. Lugares devastados estos últimos meses como Amatrice, Norcia, Castelluccio di Norcia, Castel Sant'Angelo sul Nera, Visso y Ussita simbolizan la grandeza cultural de Italia, acumulada a lo largo de los siglos. Habrá que ver si el país tiene capacidad para que vuelvan a lucir como antes. «Por ahora hay dinero, pero estamos dispuestos a aumentar el déficit si hace falta», promete Renzi. Se calcula que se necesitarán al menos 4.500 millones de euros para sufragar la reconstrucción.

«Hace falta una movilización para salvaguardar el patrimonio cultural del país», advierte el Consejo Nacional de los Arquitectos en un comunicado en el que denuncia que los daños en las iglesias y otros edificios de interés no se deben sólo a los movimientos telúricos. Renzi promete un ambicioso plan para conseguir que todos los edificios construidos en zonas de actividad sísmica aguanten los temblores.