Las Provincias

Ponce da la vuelta al ruedo en Zaragoza. ::
Ponce da la vuelta al ruedo en Zaragoza. :: / APLAUSOS

Ponce, mago en Zaragoza

  • Redondeó su gran temporada con la mejor faena de la feria del Pilar

Enrique Ponce acaba de cerrar la temporada haciendo magia en Zaragoza, así calificaron diversos medios la faena que el valenciano le hizo a un toro de Juan Pedro Domecq reconocida por los jurados como la mejor de una gran feria de El Pilar. Fue el broche de oro a una temporada, la veintisiete de su carrera nada menos, que el propio torero ha calificado desde el punto de vista artístico como una de las grandes campañas de su vida.

«No quiero que suene petulante pero si me preguntas y quieres que sea sincero te tengo que decir que sí, que ha sido una de las temporadas más grandes de mi carrera, muy completa, con una alta frecuencia de faenas grandes», asegura el matador que los últimos años está recibiendo adhesiones y muestras de admiración desde todos los frentes, desde los considerados tradicionalmente poncistas y de aquellos otros que se resistieron sistemáticamente a reconocer su hegemonía en favor de los distintos diestros que le fueron oponiendo -y claudicando- sucesivamente en su larga carrera.

No asegura que la faena de Zaragoza haya sido la mejor de su temporada. «Quizás las de Gijón y Santander hayan sido del mismo nivel o mejores pero no han tenido la repercusión de esta por no ser en una plaza de primera. Y si rebuscamos en plazas menores las habrá mejores aún. La de Zaragoza tuvo la importancia que da el toro de una plaza de primera categoría, a más toro mayor mérito». Valora especialmente la comunión que alcanzó con el toro y con el público. «Estaba tan metido que perdí el sentido de la ubicación. Creí que estaba enfrente de donde realmente estaba. Cuando me di cuenta de la confusión me sorprendí, fue una sensación que nunca había sentido. Reduje el espacio al toro y a mi, sin más referencias». Asegura que no ha querido ver la faena en vídeo. «Quizás lo haga más adelante, por ahora prefiero conservar las sensaciones que tuve en la plaza. En otras ocasiones lo he hecho así. He dejado pasar el tiempo y me he quedado con los sentimientos más personales, los más íntimos».

La temporada del valenciano más allá de los apreciaciones personales tiene el respaldo argumental de unos números imponentes: es la veintisiete de su carrera, longevidad jamás alcanzada de manera ininterrumpida por ningún torero sin apearse de los puestos cimeros; ha toreado cuarenta y cuatro corridas, cifra importante, en unos tiempos en los que las figuras no quieren sumar muchos festejos; ha quedado el quinto del escalafón pese a la triunfal irrupción de muchos jóvenes ansiosos de contratos; ha pisado prácticamente todas las plazas de primera categoría de España y Francia como demostración de no querer eludir, a diferencia de otros compañeros, los compromisos más duros; ha cortado setenta y cinco orejas y cuatro rabos; y como los clásicos comenzó en Olivenza y acabó en Zaragoza.

Ponce sitúa los fundamentos de su gran temporada en Madrid y Sevilla. «Mi paso por San Isidro marcó mucho. Fue una buena faena a un toro nada fácil. Sevilla también fue una tarde muy bonita, también tuvo su influencia»-.

-Valencia quedó al margen de esa galería de triunfos.

-No tuve suerte. Fue la corrida de Cuvillo más floja de toda la temporada. Hubo momentos buenos pero no alcanzaron la magnitud que aspiraba. La gran faena está por llegar. Estoy a la espera del toro que me permita cuajar la obra que represente lo que yo siento por Valencia.

Una manera de sentir

Ponce, que asegura estar sumido en una evolución continua de su toreo, señala la manera de sentirlo como elemento diferenciador y cuando le inquieres si el toreo de este nuevo Ponce es más bonito, matiza. «Mi evolución va más allá de que me surja más o menos bonito. Es difícil de explicar. Es un sentimiento. Si ves los vídeos de los años noventa, los conceptos y las faenas son las mismas, la diferencia la encuentro en una forma de sentir más profunda. Es algo difícil de explicar pero es la realidad. Ahora lo enfoco de una forma muy espiritual. No se trata solo de pegar pases». Y sitúa como objetivo lograr que tanto el público como él olviden el peligro del toro. «Hay que abstraerse de la posibilidad de que el toro te puede matar. Este año lo he conseguido en varias ocasiones».

-¿Descartas el toreo bonito como virtud?

-¡Nooo!. La belleza siempre me atrajo, siempre me gustó. El toreo debe ser bello. Y la belleza forma parte de mi concepto. Pero quiero ir más allá.

Para la temporada próxima «como siempre» parte sin planes previos, sólo dejar que fluya, comenzar en Olivenza, Castellón, Valencia y hasta donde haya que llegar. «Mi intención es estar en todas las ferias», y asegura que no quisiera pasar de las cuarenta corridas por motivos familiares. «El cuerpo me pide torear y yo soy torero, pero también soy padre y marido y no me quiero perder el disfrute de ver crecer a mis hijas, así que me contendré en esas cuarenta corridas que me permiten estar en las principales ferias y gozar de la familia».

Donde si estará este invierno es en Lima, Manizales, México y Querétaro además de las plazas ecuatorianas de Belmonte y Lacatunga porque «tras la prohibición de las corridas con muerte en Quito, no ir a esas plazas sería la muerte taurina del país».