Las Provincias

Hipocresía y corrupción

Un momento de la representación de 'Hamlet canalla'. ::
Un momento de la representación de 'Hamlet canalla'. :: / LUCÍA SÁEZ
  • El Micalet inicia la temporada con la última obra de Manuel Molins

  • Su nueva creación, 'Hamlet canalla', continúa su línea de reflexión sobre el poder y la concepción del teatro como instrumento de análisis de la realidad sociopolítica

Manuel Molins (1946) es una de las figuras del teatro valenciano de autor. Su obra ha discurrido desde sus inicios en el teatro independiente de los años setenta, el 'Grup 49', por el teatro histórico, la comedia burguesa y a partir del fin de siglo por el compromiso político y los temas personales.

Su nueva creación, 'Hamlet canalla', continúa su línea de reflexión sobre el poder y su concepción del teatro como instrumento de análisis de la realidad sociopolítica. Es un texto sublime con una prosa envidiable. Atrapan su potencia literaria, su capacidad interrogativa, sus lúcidos planteamientos, sus razonamientos y la brillantez de sus aforismos como medio sintético de transmisión de las ideas.

Molins toma la historia de Shakespeare y deconstruye sus personajes para advertirnos de que las democracias actuales, sobre todo la española, están corroídas por la hipocresía, la corrupción y la violencia, sea machista o ejercida por el poder, más la sumisión de la política a la economía y a los poderes subterráneos. Los medios de comunicación actuales y las redes sociales contribuyen al vacío de conciencias y a la alienación. La conclusión es pesimista: sin darnos cuenta estamos entrando en nuevos sistemas dictatoriales y liderazgos mesiánicos y maquiavélicos.

Las secuencias son diálogos de Hamlet, atormentado por el espíritu que lo persigue y su carácter sátrapa, con otros personajes de la obra de Shakespeare: el espectro, Ofelia, Gertrudis, el actor, Claudio Laertes y Horacio. Como transición entre ellas, se proyectan fragmentos de un debate sobre nuestras democracias. Molins recrea el personaje shakespeareano para interactuar con el presente y el futuro previsible bajo un poder omnímodo. Hay escenas magistrales como la de Ofelia, denuncia del machismo, o la de Horacio sobre la autenticidad ética de la biografía y la imagen histórica. Aunque me quedo con el episodio de Hamlet y el actor como reflexión sobre el teatro actual, con velados reproches a los programadores y a otros profesionales, y la presencia de la prensa como medio de manipulación de ideas. Genial la esgrima con nuestros dos periódicos valencianos.

El discurso se vale de un duelo interpretativo de altura. Ximo Solano es un Hamlet enérgico, histrión en su sentido primitivo griego, aunque sobreactúe en algunos momentos contados. Casany interpreta con autoridad al resto de personajes y modifica registros con una facilidad asombrosa. Dos colosos.

La puesta en escena de Pilar Almería asume riesgos para dar personalidad al montaje. El público se encuentra con un escenario de arena, claro homenaje a la geometría circular del teatro isabelino inglés, y se ubica en los laterales de un tablado desnudo en el centro de la sala con los actores frente a frente. Con esta disposición y el apoyo de los excelentes matices de la iluminación de Toni Sancho se intenta provocar la atención del espectador.

Sin embargo, la gran riqueza literaria del texto ahoga la teatralidad dejándola en segundo plano. El conjunto distancia tanto en ocasiones que provoca frialdad al exigir estar pendiente de la palabra con plena atención y no tanto a lo visual y al movimiento. Ocurre sobre todo en los momentos de ritmo más moroso. Incluso las imágenes, aun siendo imprescindibles en el argumento, poco a poco se van percibiendo como lejanas.

Molins consigue una reflexión necesaria y nada complaciente sobre el presente. También será recomendable su lectura si se edita. De autor autor.