Las Provincias

Desmontar el montaje

Desmontar el montaje
  • Varios análisis exhaustivos avidencian que ni el lugar, ni la cámara, ni el enfoque que el fotografo vendió son los reales

  • Un estudio del profesor José Manuel Susperregui ratifica que la icónica fotografía de Robert Capa 'Muerte de un miliciano' fue en realidad una escenificación

Madrid. Un soldado a punto de caer muerto tras recibir un disparo en una colina cubierta de hierba, los brazos extendidos hacia fuera y el arma todavía en la mano: 'Muerte de un miliciano' de Robert Capa, una de las fotos más icónicas de la Guerra Civil española, está en entredicho. Cada vez son más las voces que apuntan a una clara escenificación.

Análisis exhaustivos del lugar donde se tomó la instantánea y de la fotografía en sí misma revelan que se trata, con ínfimo margen de error posible, de un montaje. José Manuel Susperregui, profesor titular del Departamento de Comunicación Audiovisual y Publicidad de la Universidad del País Vasco, no tiene ninguna duda: la foto de Capa no fue tomada en Cerro Muriano, justo en el norte de Córdoba, sino a unos 50 kilómetros de distancia, en Espejo, y es más que evidente, desde un punto de vista técnico, que estamos ante una simple escenificación.

Efectivamente, estos datos se pueden cotejar con la historiografía de la Guerra Civil de esta localidad y, por tanto, corroborar la afirmación de que la imagen fue una puesta en escena, porque durante la estancia allí de Capa ni se produjo ningún combate, ni hubo ningún muerto. Sin embargo, en las fotos de esta serie se pueden contabilizar hasta cinco milicianos caídos en combate. En otras palabras, no sólo Espejo estaba lejos del campo de batalla cuando Capa estaba allí, sino que el análisis de la zona y de las fotografías evidencian que la serie de fotografías tomadas en ese lugar son una escenificación sin que haya lugar a ninguna duda. Los milicianos muertos nunca lo fueron.

Susperregui comenta que la propia agencia Magnum (fundada por Capa y por tanto controladora a nivel fotográfico y económico del material) había reconocido, ante la irrefutabilidad de la evidencia, que la fotografía había sido sacada en Espejo; pero jamás que no fuera una escena auténtica. Sin embargo, lo que a Susperregui le llamó muchísimo la atención fue que Magnum no proporcionaba nunca el 'copyright' para hacer documentales sobre la foto, quizá porque los negativos de las instantáneas fueron destruidos. Lo que Magnum parece querer ignorar es que que haya negativos o no, «es posible demostrar que la instantánea es una toma escenificada porque, sencillamente, tenemos la foto».

Muy pocos han hablado, además, de otra evidencia que señala el profesor vasco: la que aporta la novia de Capa, la fotógrafa Gerda Taro, en la catalogación de las fotos. A su juicio, «los criterios utilizados por Irme Schaber y Richard Whelan para la catalogación de los negativos en función del formato no se sustentan cuando queda demostrado que la foto 'Muerte de un miliciano' fue realizada con una Reflex Korelle y no con la cámara Leica. Este dato pone en entredicho la catalogación de las fotos de Gerda Taro correspondientes al primer viaje a la Guerra Civil española».

Revisemos lo ocurrido. Robert Capa llega a Barcelona a comienzos de agosto de 1936 como reportero gráfico de la revista francesa 'Vu' para informar sobre la Guerra Civil. Le acompañaba Gerda Taro, su novia. Después marchará a París, donde publica las fotografías de Espejo y Cerro Muriano en la edición del 23 de septiembre. Se trata de un reportaje a doble página donde aparecen por primera vez las fotos de los supuestos milicianos muertos.

Personaje inventado

Según el profesor Susperregui, «analizando ambas fotografías es evidente que coinciden en el encuadre y en el emplazamiento de los figurantes. La única diferencia entre las dos imágenes está en la inclinación hacia la derecha de la segunda fotografía y el cambio de posición de las nubes, que determina una diferencia temporal de escasos minutos entre las dos tomas».

La segunda edición conocida de la fotografía del miliciano corresponde al número de la revista 'Life' publicado el 12 de julio de 1937, que dedica un amplio reportaje al primer año de la Guerra Civil. En esta edición solamente se publica el primer miliciano, quedando el segundo en el olvido.

Pues bien, como comenta Susperregui, la diferencia entre ambas ediciones de la fotografía del miliciano está en el formato. «En la edición de 'Life' la fotografía es más cuadrangular que en la edición de la revista 'Vu' y, además, este formato coincide con el de la única copia existente que se conserva en el Museum of Modern Art de Nueva York. También existen otras copias pero tienen guillotinado parte del costado derecho de la fotografía, como la que se encuentra en los archivos del Centro Documental de la Memoria Histórica de Salamanca (Código de referencia: ES.37274.CDMH /12.66.11//FOTOGRAFÍAS-CAPA.FOTO65.»

Teniendo estos formatos en cuenta, la versión oficial del International Center of Photography, según la cual Robert Capa realizó esta fotografía con la cámara Leica, se pone en entredicho porque «si observamos la parte inferior de la fotografía en las dos versiones y nos fijamos en los detalles de las esquinas izquierda y derecha, comprobamos fácilmente que en las dos fotografías aparecen los mismos elementos visuales, es decir, que son iguales». De manera que la pregunta inmediata es: ¿cómo se puede pasar de una forma rectangular a una forma casi cuadrada, manteniendo la misma información visual de la parte inferior de las dos fotografías? La respuesta es negativa porque transformar un rectángulo en una forma casi cuadrada siempre se hace a costa de sacrificar uno de los costados. «Conclusión: 'Muerte de un miliciano' no fue realizada con la cámara Leica sino con la Reflex Korelle».

Susperregui proporciona más información en su artículo 'Controversias sobre el catálogo razonado de Gerda Taro'. Robert Capa era en realidad André Ernö Friedmann. Taro se inventó al personaje: un fotógrafo americano que hacía unas fotografías muy buenas y que cobraba el triple que sus colegas europeos con un planteamiento de negocio en el que se distribuía el trabajo entre Robert Capa como reportero y técnico de laboratorio, mientras que Taro se ocupaba de la representación, gestión y comercialización de las fotografías de su pareja.

Siempre se ha presentado como algo original el cambio de identidad de ambos reporteros, pero había bastantes precedentes entre los fotógrafos y artistas, sobre todo de origen húngaro, para facilitar la difícil pronunciación de sus nombres. El fotógrafo húngaro Brassaï en realidad se llamaba Gyula Halász, el editor también húngaro Stefan Lorant era Lóránt Istúan, el pintor y fotógrafo Lásló Mohol y-Nagy se llamaba László Weisz. «Pero la propuesta de Taro al inventarse el personaje Robert Capa fue algo más que un cambio de nombre, fue una suplantación de identidad, es decir, una falsificación con ánimo de lucro», afirma Susperregui.

Lo que la mayoría de los expertos califican como una fotografía «imperfectamente perfecta. Con fuerza, dinámica y, sobre todo, muy simbólica. Un icono del fotoperiodismo» parece desvelarse como un gran fraude.