Las Provincias

La filósofa valenciana que lleva la ética al dinero

Adela Cortina, la filósofa que lleva la ética al dinero

  • La catedrática valenciana, que se convierte en la primera mujer doctora honoris causa de la Universidad de Deusto, defiende que la meta de la economía consiste en «crear buenas sociedades. Si no lo hace, es mala economía»

El padre del liberalismo, Adam Smith, fue filósofo, lo mismo que su oponente, Karl Marx, el autor de 'El capital'. Las mayores luminarias de la economía del siglo XX, como Keynes y Hayek, escribieron con un ojo mirando a la filosofía, si bien a esta dejó de interesarle las materias relacionadas con el 'vil metal' porque ya había mucha gente ocupándose de esos asuntos en otras disciplinas y en la vida diaria. Sólo una serie de escándalos mayúsculos, antes y después del Watergate, pudo restañar aquel divorcio. La evidencia de que la ética había desaparecido del mundo de los negocios y de la política obligó a plantearse si aquello era rentable y, si lo era, para quién y a quiénes perjudicaba.

En aquellos episodios sitúa Adela Cortina (Valencia, 1947) el inicio de un nueva época en la que resultaba pertinente preguntarse el qué y el cómo, lo que se puede hacer y lo que se debe hacer. En el caso de Cortina, su implicación tuvo que ver con la boda de un amigo. Allí conoció a un ejecutivo bancario y en aquel ambiente de entusiasmo se comprometieron ambos a organizar un seminario, que con el tiempo se convirtió en la Fundación ÉTNOR, dedicada a la ética de los negocios y de las organizaciones.

Fruto de ese recorrido en este campo, y de toda la obra de la filósofa a lo largo de más de treinta años, es su investidura como doctora honoris causa por la Deusto Business School. Es la primera mujer que reciba ese título en los 130 años de historia de la Universidad de Deusto. Pero tampoco es algo nuevo en la carrera de Cortina. Ya fue la primera mujer que entró en la Academia de Ciencias Morales y Políticas, también con más de cien años de andadura.

«La meta de la economía consiste en ayudar a crear buenas sociedades. Si no lo hace, es mala economía», sostiene la filósofa. «Todos queremos satisfacer nuestros intereses y deseos, pero es más difícil lograrlo si no sabemos ponernos en el lugar de otros, si no nos comprometemos, si no atendemos a la fuerza de las tradiciones y los hábitos. Como pensaba Smith, la riqueza de las naciones debe servir para construir una humanidad más libre y feliz».

Confianza y resultados

Cortina, quien obtuvo el Premio Nacional de Ensayo con '¿Para qué sirve realmente la ética?' en 2014, sabe por experiencia que hay empresarios con actitudes diversas ante la ética. «En el acto de presentación de un libro sobre consumo un empresario me dijo que trabajar con ética resulta rentable. A él le había ayudado a ganar mucho dinero y le parecía necesario reforzar ese aspecto en su negocio para estar bien preparado frente al futuro, cada vez más incierto».

También le viene a la cabeza otra persona de una encuesta de ÉTNOR de hace años: «Le parecía que la ética en la empresa era 'necesaria pero imposible'. Sin ella, las compañías funcionan mal. Pero sostenía que el mundo económico se rige por objetivos que no suelen tener en cuenta otros asuntos».

A pesar de que la crisis ha levantado una ola de indignación que ha puesto bajo sospecha buena parte de los negocios, Cortina insiste en que no hay que medir a todos por el mismo rasero. «Hicimos en la fundación una auditoría ética a una empresa valenciana muy potente porque nos la pidió. Y el resultado fue muy positivo».

«Lo que ocurre, a su juicio, es que cuando el bienestar funciona, apenas hay críticas y quejas. En cambio, cuando decaen los niveles de vida se empiezan a ver todos los rotos. Los bancos salen en las noticias de tribunales como acusados y buena parte de la ciudadanía les mira con malos ojos. Urge entonces restaurar la confianza, argumenta la pensadora, aunque esto no sale gratis. «El cliente de una entidad bancaria necesita fiarse de quien le gestiona su dinero. Ese vínculo es vital en el sector. Pero si el profesional piensa sólo en resultados, y no en la persona a la que atiende, está dañándole y antes o después le perderá y eso le perjudicará».

Destaca que sintió «una gran alegría» cuando le llamaron de la Deusto Business School para comunicarle que le iban a nombrar doctora honorífica. «La Comercial de Deusto se creó para formar empresarios competentes, dotados de valores éticos, y creo que cien años después esa tarea sigue siendo urgente para conseguir una humanidad sin pobreza y sin desigualdades, en el espíritu del padre Arrupe y a buen seguro del nuevo general de los jesuitas, Arturo Sosa».